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Puerta grande para Ponce en Málaga

Puerta grande para Ponce en Málaga

22 Agosto 2009

Málaga. 10ª de Feria. Casi lleno. Toros de Juan Pedro Domecq, correcto de presentación y desigual juego. Enrique Ponce, oreja con petición de la segunda y dos orejas. Salvador Vega, saludos y ovación. José María Manzanares, saludos y palmas. Se desmonteraron Antonio y José María Tejero en el primero.


FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de Torrestrella (Álvaro Domecq Romero). Corrida bien armada, llamativamente descolgada de carnes. De buen cuajo los cuatro últimos. El tercero, castigado en varas, fue el de mejor son. El sexto, que blandeó en el caballo, el de más viveza. Manejables los demás: un primero llorón y de justo fuelle; un segundo mugidor; un cuarto aplomado: y un quinto que gateó de salida y protestó en la corta distancia.

ESPADAS:

Matías Tejela, de perla y plata, ovación y silencio.
Daniel Luque, de verde manzana y oro, ovación y silencio.
Rubén Pinar, que sustituyó a Luis Bolívar, de salmón y oro, ovación y silencio tras dos avisos.

INCIDENCIAS:

8ª de las Corridas Generales. Veraniego. Más de media plaza. Interesante debut del joven torero de Albacete en Bilbao. El cartel joven de la Semana Grande con una corrida atípica de Torrestrella. Inapetente Tejela, oscuro Daniel Luque Vibrantes banderillas de Curro Robles en el quinto toro.



 

CRÓNICA DEL FESTEJO

Rubén Pinar, buen muletero

El toro que rompió plaza parecía más la raspa de la sardina que la sardina entera. Parecía. Porque tenía sus dos palas y sus dos temibles puntas. Como colmillos de tiburón. Negro listón, muy vareado. Como les pasa a tantos toros movidos en el campo para perder grasas antes de embarque y viaje, dio la impresión de toro mal comido. Y era probablemente todo lo contrario. Sólo que, después de pelear en el caballo con sólo un pitón, y con el cuello más que con los riñones, se quedó sin gasolina.

Fue muy llorón. De mugir. Pero de suave son. Corto el viaje, pero seguro, fijo. No terminó de animarse ni de ponerse ni de apostar Matías Tejela. Ni tomó precauciones tampoco. Encajado pero al hilo del pitón, donde no se sintió provocado el toro. Sí pegó Tejela voces, y se oyeron. Una faena machacona. Uno de pecho obligado –es decir, improvisado para librar un ataque no gobernado- fue el gran detalle. La resolución y el dibujo de ese pase obligado se adivinó ese privilegiado sentido para componer que tiene Tejela. Media estocada trasera y tendida. Defectuosa, por tanto. Pero bastó.

El segundo, cinqueño, bizarro cuervito de amplio balcón, se empleó en el caballo sin romperse, galopó en banderillas y se estuvo en la muleta. Fue también toro llorón. Sólo en una distancia, muy justita, probó fortuna Daniel Luque. Un casi brillante arranque por banderas. Una firme tanda en redondo. Y casi más nada. De uno en uno los muletazos de prueba con la zurda. Fuera de cacho los intentos siguientes ya a toro parado. Un par de circulares. Y una estocada baja.

Retinto, o albardado, el tercero, sacó desde el principio mejor son que los dos primeros. Más alegría, claridad, hasta un galope. Una bonita pelea en el caballo, pero el caballo se columpió más de la cuenta y no pudo soltarse el toro. Fue el toro del debut en Bilbao de Rubén Pinar. Un debut accidental: la sustitución de Luis Bolívar. Airoso y fácil Rubén con el capote. En el saludo y en un quite por chicuelinas. Airosa también una seria faena de mucha seguridad. De mano baja aunque con muleta de tan poco vuelo que el toro estaba ya molido a la segunda tanda. Rendido a la tercera. Las ideas se fueron apagando al mismo tiempo que el toro. Un bonito desplante como rúbrica. Un pinchazo y, a paso de banderillas, una estocada tendida.

En común tuvieron las tres primeras faenas una armadura convencional: la puesta en práctica del torear sin pensarlo del todo. Pinar fue el más cerebral de los tres. El de más encaje. Y lo iba a demostrar con el sexto de la corrida, al que metió en los engaños con interesante gobierno. La gente esperaba de Daniel Luque algo más que muletazos sueltos de buen trazo. Tejela, aunque de natural irregular, es torero más sabido. Casi de otra generación anterior. Este fue el cartel de jóvenes de la Semana Grande.

También de la corrida de Torrestrella se esperaba mayor motor y bastante más presencia, motor, fondo y carácter. Los tres últimos se avinieron en cuajo a las expectativas. No apareció, sin embargo, ese toro de Bilbao tan de toda la vida que el difunto don Álvaro Domecq se guardaba por medias docenas en la recámara para esta larga semana de agosto.

Largo y ensillado, el cuarto fue toro serio pero excesivamente sacudido. Descolgó enseguida, pero no tuvo ni ritmo ni viaje. Sí apagada nobleza. Muchas líneas tiró Tejela con él. Faena de era trillada. Se cansó el torero de Alcalá enseguida. Una estocada desprendida.

El quinto, el clásico burraco tan propio de la ganadería, fue el más serio de los seis. Por carnes y pechos. Por alzada. Porque fue corto de manos. Y muy llorón. Su gateo de salida, casi un trote, fue inquietante. Señal de fondo fiero. Crujieron al toro en tres varas. Curro Robles prendió dos pares de banderillas muy rapidillos pero muy valientes, y bien reunidos, y la gente se sacudió lo que, a esas alturas del combate, empezaba a ser un notable tostón. Porque parecía que no querían pelear las partes. Luque no se dio ninguna coba con ese quinto toro. Muy encima de él se sintió más tranquilo. Y al hilo del pitón, también. La cosa ni rompió ni llegó a ponerse en marcha siquiera. Algún muletazo con sacacorchos. Dos pinchazos y una estocada.

Moñudo, astifino, la cuerna en tubular como algunos de esos toros que en tiempo brotaban donde Samuel Flores, el sexto fue toro con plaza. Y con pies. Con genio. Zurció a cornadas el primer burladero donde lo llamaron. Y la emprendió a porrazos con el peto de uno de los caballos de pica. Se dolió de blando: protestó al castigo sin crecerse. Trallazos, la cara arriba. Pero de pronto estaba despabilado el toro. Y se movió, pegando al principio muchos taponazos, rompiendo con brusquedad, incluso buscando de manso el menor hueco en cuanto se lo abrió Pinar. Pero pudo con el toro Rubén. Muy paciente, lo fue sometiendo. Y de pronto había dejado el toro de arrear. Detalle de torero poderoso. Pero no contó. Porque es manera de dominar no fue para la galería. Y porque, después de una estocada defectuosa, y al cabo de largo trasteo, se encogió el toro sin descubrirse. Siete descabellos, dos avisos. Esfuerzo sin recompensa.

Colpisa - Barquerito



 






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