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Esfuerzo baldío de la terna ante una pésima corrida de Victorino Martín

Alberto Aguilar

Esfuerzo baldío de la terna ante una pésima corrida de Victorino Martín

05 Octubre 2014

Zaragoza. Seis toros de Victorino Martín, muy dispares de cuajo, volúmenes y hechuras, y todos, sin excepción, muy bajos de casta, sin emplearse en las embestidas y desarrollando en su mayoría sentido y complicaciones. La plaza se cubrió en algo menos de la mitad de su aforo, en el primer festejo de la feria del Pilar.



Rafaelillo: dos pinchazos, estocada y dos descabellos (ovación tras aviso); estocada y descabello (silencio).
Paulita: estocada honda y descabello (ovación); pinchazo hondo y tres descabellos (ovación).
Alberto Aguilar: pinchazo hondo y estocada (palmas); pinchazo, pinchazo hondo y cinco descabellos (silencio tras dos avisos).



Buena actuación en general de las cuadrillas. Los picadores José Manuel Sangüesa y El Patillas y los banderilleros José Mora, José Luis Neiro y Manuel de los Reyes fueron los más ovacionados.

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por el que fuera empresario de esta plaza Arturo Beltrán y varios empleados del coso, todos recientemente fallecidos.

- La terna de matadores que abrió hoy la feria del Pilar de Zaragoza estrelló todos sus esfuerzos ante una seria corrida de Victorino Martín que dio un pésimo juego, por su falta de raza y entrega y, en varios casos, por su acusado peligro.

UNA AGRIA "VICTORINADA"

Apenas tuvieron los toreros por donde meterle mano a la agria corrida de toros con que la ganadería de Victorino Martín cerró hoy su temporada en Zaragoza.

Aunque dispar de volúmenes y hechuras, fue en su conjunto una corrida muy seria, con toros aparatosos y muy ofensivos de pitones, que dio por eso más importancia a los esfuerzos, baldíos, que hicieron los de luces por sacarles partido.

Pero no hubo manera. La falta de verdadera casta del sexteto, por mucho que se movieran y mantuvieran el morboso interés que siempre aporta el peligro más o evidente, les llevó a no responder nunca en positivo a la buena lidia que se les dio en casi todas las ocasiones.

Una lidia inteligente, ordenada y adecuada a su falta de entrega, que empezaba ya por las cuadrillas, tanto en la suerte de varas como en la brega o los tercios de banderillas, y continuaba con la valiente disposición de los matadores por sacarles unos más que improbables momentos de lucimiento.

Pero es difícil hacer un toreo expresivo y redondo a animales que no tienen ninguna intención de embestir por derecho, que no se emplean en las embestidas, que no toman los engaños con franqueza o, incluso, van desarrollando peligro y aviesas reticencias a medida que se les exige un mínimo esfuerzo.

Ya el primero marcó el que iba a ser el guión ganadero de la tarde, pues, después de saltar al callejón, empezó a orientarse y a acortar sus arrancadas frente a un esforzado Rafaelillo.

El segundo del lote del torero murciano se quedó aún más corto, respondiendo apenas con medias arrancadas y la cara por las nubes a los intentos del matador, que abrevió el empeño con una muy buena estocada.

Dentro de ese esfuerzo general de la terna, el aragonés Paulita añadió un punto más de gallardía que marcó ciertas diferencias, ya desde el mismo momento en que se embraguetó muy decidido para saludar por verónicas al segundo de la tarde.

Esa misma decisión, buscando siempre con valor un toreo que aunara mando y estética, se la echó también con la muleta a un "victorino" de nula entrega y creciente guasa, ante el que nunca volvió la cara.

Aunque no fuera, por absoluta imposibilidad, una faena redonda, el alarde de Paulita sí que mereció mayor reconocimiento que una tibia ovación.

El quinto, que por su basto y aparatoso volumen convirtió en paradoja su nombre de "Bosquimano", no pasó nunca un centímetro más allá de las piernas del torero aragonés, que le robó apenas medios muletazos con tanta habilidad como exposición.

A Alberto Aguilar le correspondieron dos toros de distinto carácter pero ambos con el común denominador de "dejarse" algo más que sus hermanos por el pitón izquierdo.

El torero madrileño les sacó así algunas tandas de naturales de cierta entidad, más cortas al muy serio tercero, que se vencía al tercer muletazo, y de mayor trazo las del sexto, un "victorino" mansón al que tuvo el acierto de no forzarle nunca la trayectoria de su simplona y lacia acometida, pero al que no mató con eficacia.

Paco Aguado EFE



 






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