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Oreja para Juan Bautista en Bayona

Oreja para Juan Bautista en Bayona

06 Septiembre 2009

Bayona (Francia). 2ª Feria. Lleno. Toros de Valdefresno, bien presentados pero mansos y desrazados salvo el 2º, manejable. Enrique Ponce, silencio y vuelta al ruedo. Juan Bautista, oreja y saludos. Sebastián Castella, saludos y silencio tras aviso.


FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Seis toros de Nicolás Fraile. Todos con el hierro de Valdefresno, salvo cuarto y quinto que llevaban el de Fraile Mazas. Corrida de serio remate y pobre juego. Noble el segundo. Llamativamente distraídos, rajados o cobardones todos los demás. Pitados en el arrastre primero, tercero, quinto y sexto.

ESPADAS:

Enrique Ponce, de carmín y oro, silencio y vuelta tras un aviso.
Juan Bautista, de blanco y oro, una oreja y silencio.
Sebastián Castella, de coral y oro, saludos y silencio tras un aviso.

INCIDENCIAS:

2ª de la Feria del Atlántico El torero de Arles, riguroso con capote, muleta y espada, bien librado en la corrida de cierre de temporada de Bayona. Seria pero decepcionante corrida de Valdefresno. Notables Saavedra y Doblado a caballo y, en brega y banderillas, Curro Molina.



 

CRÓNICA DEL FESTEJO

Juan Bautista y un noble Valdefresno

La corrida de Nicolás Fraile salió impropia. Bien armada, con trapío, en tipo y en peso. Todo eso, que no es poco. Pero el cuerpo no es el alma de un toro y a la hora de echar cuentas salieron números rojos. Un primero descaradote, que, abanto y trotón, empezó a distraerse con todo y terminó por huirse a las tablas. Llegó a recular en gesto de aflicción. Ponce gastó con él sólo cuatro minutos.

El segundo, de nombre Liria, y de reata buena, iba a ser el toro de mejor condición y el más cumplidamente toreado de los seis. Las dos cosas. Noble, un punto mirón, descolgó, no terminó de humillar ni de rematar viaje. Embistió muy despacito. Se fue asentando. Lo trató con caligráfico mimo Juan Bautista en una faena muy de su firma: pulcra, sencilla, armónica, ligada con rigor. De lindo trazo en la media altura, que era la de aguantarse mejor el toro.

Mejor el ritmo por la mano diestra, pero más emocionante el toreo con la zurda porque, de tan venirse tan despacio, el toro casi parecía hacerlo al paso. Lo lidió Juan Bautista con decisión y finura. Lo fijó con lances de buenos brazos y se adornó en un quite por delantales rematado con media. Lo mató de una estocada excelente. Cobrada por derecho, cruzando y vaciando. La gente estuvo con el torero de Arles distante y fría. Se fue calentando poquito a poco. Pero no llegó a entrar en calor de verdad. Ni a romper el toro. Como adormecido su noble fondo. La estocada se celebró como merecía.

La única oreja de un festejo que se prometía feliz. Para los tres de terna, con rivalidad a dos bandas. Y ácida la de los dos toreros franceses. Castella tiene muchos clientes en Bayona. Juan Bautista no tantos. Felices se las prometía la familia Fraile, que siempre echa en Bayona y en septiembre corridas de categoría. O de Valdefresno o del Puerto. Se rompió la racha. Sólo ese segundo toro sacó la cara por los demás. Fue, por cierto, toro de amplia cara, abierto, cornialto. De la simiente primitiva de la ganadería. El viernes pasado, mientras se desembarcaba la corrida, Nicolás Fraile fue abuelo de su primer nieto varón, que llevará su mismo nombre y será el cuarto Nicolás Fraile ganadero de la dinastía. No vino el nuevo nieto al mundo con pan debajo del brazo. Salvo ese toro que tan bien trató Juan Bautista.

Porque a partir de entonces tomó el negocio escorada deriva. El tercero, acucharado y remangado, chato, asomó con tranco bueno, pero se salió suelto de capotes e hizo fu al caballo con sólo verlo. Curro Molina le bajó las manos con el capote en lances de mucho poder. Buena la apuesta. Castella apostó también por el toro: una bella apertura en madejas y una soberbia trinchera de broche. Eso fue casi todo lo que quiso en serio el toro, que de pronto hizo amago de irse. Y se acabó yendo. Y hasta pegó dos coces. En tablas se remangó Castella para una especie de toreo en la querencia que no fue tal. Unos circulares de postre. Media y dos descabellos. Pitaron en el arrastre al toro, que había sangrado mucho en el caballo y murió escarbando.

Al cuarto, acodado pero con menos cara que los demás, de alta cruz, le pegaron de salida tres estrellones terribles. Fortuitos o no. Saavedra lo picó con su proverbial sabiduría. El toro se le vino corrido y suelto, Saavedra le echó el caballo encima recostándolo y pareció que no dolía ni el puyazo, que fue duro. Juan Bautista dibujó en un quite dos templados lances y media muy elegante. En banderillas el toro persiguió a los hermanos Tejero. Ponce brindó al novillero Patrick Oliver, convaleciente todavía de una gravísima cornada en la tráquea. Durante el brindis ya estaba escarbando el toro, que tuvo sus diez muletazos, como casi todos, y después de esos diez, casi otros tantos. Y ya no más.

Pues fue de los de frenarse después de todo eso. Y de irse. Hasta la puerta de chiqueros. Ponce recorrió mucha plaza. En tablas, pero en tres terrenos diferentes, en los medios. Tapó al toro mucho, y tanto que no lo soltaba; se abrió exageradamente en los remates, buscó el toreo de abajo arriba; se celebraron los dos molinetes de entrada, se festejó una notable tanda con la mano derecha. De muchos paseos la faena, que tuvo un final casi dramático. Ponce cobró un metisaca en los bajos y el toro se le arrancó desde la querencia como una fiera, hizo hilo con él y estuvo a punto de arrollarlo. Ponce corrió por delante del toro, nadie podía cortar y Ponce tuvo que arrojar las armas. Pese a tan desairado final, Ponce se dio por su cuenta una de esas vueltas al ruedo tan estudiadas y empalagosas que son parte de su repertorio: golpes de pecho con la montera, el capote arrastrado como bata de cola y un saludo reverenciado desde los medios como si hubiera pasado algo.

Lo más rotundo de la corrida lo hizo Juan Bautista en el recibo del quinto. De rodillas, de pie y cargando la suerte, chicuelinas y media de rodillas a lo Robles en el mismo platillo. Se empleó el toro en la primera vara y punto. Bruscote, se apoyó en las manos, tropezó telas, topó en corto y, distraidísimo, de pronto se rajó, y se acabó la partida. Otra vez mató con acierto, ciencia y valor Juan Bautista. El sexto, terciado, con las fuerzas muy justitas, cambió en banderillas tras un brillante tercio con Curro Molina de estrella. Incierto, todavía más distraído que el quinto, andarín y errante, incapaz de fijarse, se quitaba el engaño de delante. Castella estuvo arrojado y tesonero. Y tragón. Pero no había nada que hacer. Un aviso después de una estocada defectuosa. Cuatro descabellos. Cayó el telón de la temporada en Lachepaillet. Un espléndido lugar para ver toros.

Colpisa Barquerito



 






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