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Borja Jiménez, Juan Carlos Cubas y Luis M. Encabo a hombros en Chota (Perú)

Borja Jiménez, Juan Carlos Cubas y Luis M. Encabo en Chota (Perú)

Borja Jiménez, Juan Carlos Cubas y Luis M. Encabo a hombros en Chota (Perú)

28 Junio 2015

Chota (Perú) Viernes día 26 de junio de 2015. Segunda corrida de toros de la feria San Juan Bautista. Tarde soleada con tres cuartos de entrada. Reses de San Pedro, Paiján y San Esteban de Ovejas, estas últimas sin hierro.

Luis Encabo (Lila y oro) Dos pinchazos y estocada delantera y desprendida, silencio. Estocada entera traserilla, dos orejas.
Juan Carlos Cubas (Lila y oro) Estocada entera, dos orejas. Estocada trasera, oreja.
Antonio Nazaré (Blanco y oro) Pinchazo, estocada delantera, pinchazo y descabello, palmas y pitos. Estocada contraria y desprendida, oreja.
Borja Jiménez (Verde hoja y oro)Pinchazo, estocada caída, dos orejas. Estocada caída, dos orejas.
 



La excesiva alegría y el triunfalismo volvieron al Vizcaíno, truncando nuestro sueño de ver esta plaza convertida en auténtico santuario del toreo; con un juez, otra vez, prevaricador y sin autoridad y criterio para presidir una corrida y disponer con equidad el otorgamiento de trofeos según la valía de las actuaciones de los protagonistas.

El ganado, 1° Y 2° San Pedro; 4° Paiján, y 3°, 5°, 6°, 7° y 8° anunciados como de San Esteban de Ovejas pero sin hierro y algunos con señas de haber sido manipulados para ocultar su verdadera procedencia, saltó disparejo de presentación; con más romana los nacionales y terciados y feos de tipo los anunciados como de San Esteban. El de Paiján, bonito de hechuras, fue de más a menos y de los sampedros cumplió el 2°; el 5°, de procedencia colombiana, arreó encastado y con un gran pitón derecho. Fue el mejor toro de los lidiados hasta hoy en la feria junina.

El que abrió plaza de San Pedro tuvo mala condición. Apenas pasaba doliéndose sin repetir y desinteresado por lo que se le ponía delante. Encabo, que es depositario de lo clásico, tuvo que auparse al repertorio efectista para lograr algún rédito de los tendidos. El 5° sí que tuvo casta y fue a más luego del encontrón con el varilarguero. El torero, sin estar muy a gusto porque el toro apretaba y embestía con nervio, dibujó series con la derecha de buena factura; el final no fue de florituras porque sus manoletinas emborronaron la seriedad de sus derechazos y las dos orejas que paseó resultaron largas y benevolentes.

Otra fue la historia de nuestro compatriota Juan Carlos Cubas, cuya actuación recién fue confirmada por la mañana del mismo día de la corrida, seguro para resarcirle de la injusta separación de los carteles, donde desde el inicio fue el único espada nacional anunciado aunque sólo de palabra. El bonito castaño que hizo 3° no fue un toro que definió su comportamiento, pero el huancaíno tuvo disposición desde el capote, meciéndose con gusto y despaciosidad y apretándose en los fenomenales quites por chicuelinas que fueron de kilates por ajustadísimas y de manos muy bajas. Con la muleta, como es habitual en él, se puso en el sitio y exponiendo enceló al reticente que nunca se entregó pero tuvo la virtud de acudir a los toques del torero. Cubas mandó siempre y buscó ligar y arrematar con el de pecho. Las manoletinas también fueron de verdad y para coronar la obra mató de estocada entera que le valieron las dos orejas del cumplidor sampedrano. Esta historia de honestidad se repitió con el colombiano que hizo 6°, que en el capote buscaba las zapatillas y en la muleta miraba y se vencía para los adentros. El torero tampoco renunció y lo intentó reiteradamente por ambos pitones con recursos, oficio y al final puso de acuerdo a todos.

Nazaré, el gran torero español, no lo vio claro con el 3°, que tuvo un buen pitón izquierdo; pero con el 7°, uno desclasado, dio lección de gracia, mando y poderío. Sus muletazos sobre ambas manos, muchos de ellos en redondo, más los soberbios naturales, fueron los más templados y mandones de la tarde. El toro adoleció de clase pero tuvo arrestos para soportar larga lidia y por allí el torero vio la luz que lo llevó a ejecutar una de las faenas más interesantes vistas en el albero del Vizcaíno.

Lo de Borja Jiménez es anecdótico. Ayer su actuación fue un fiasco y hoy salió a hombros aupado por el cariño de la gente. Sus faenas no tuvieron fondo porque carecieron de claridad y reiteradamente enganchadas. Sus toros acabaron en tablas, más el 4°, que punteó y topóle mucho la muleta. El 6°, un manso entablerado que arreaba con cierta clase, le dio alegrías, conectando una vez más con un público predispuesto a los efectos, en denuedo del conocimiento y la despaciosidad, cimientos angulares de la verdadera grandeza del toreo.

perutoros.com



 






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