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Oreja para Pinar y a Talavante se la deniega el palco en Zaragoza

Oreja para Pinar y a Talavante se la deniega el palco en Zaragoza

14 Octubre 2009

Zaragoza. Séptimo festejo de la Feria de El Pilar. Casi lleno. Toros de Montalvo, muy bien presentados pero faltos de raza. El Fandi, silencio en ambos. Alejandro Talavante, ovación tras fuerte petición y silencio. Rubén Pinar, silencio y oreja. Video de la 7ª de feria - Canal +


FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

6 toros de Montalvo, bien presentados –excepto el segundo-, mansos y descastados. Segundo y último tuvieron algo más juego pero poca clase

ESPADAS:

David Fandila, el Fandi, silencio en ambos.

Alejandro Talavante, ovación tras petición y silencio.

Rubén Pinar, silencio y oreja.

INCIDENCIAS:

Dos tercios de entrada. 7º festejo de la Feria del Pilar

Video resumen del festejo
 

CRÓNICA DEL FESTEJO

Cuando escasea la casta

Lo que es la falta de casta, la carencia de acometividad, de pujanza, de arrancada, de codicia, de fiereza… Hoy la mayor parte de la corrida de Montalvo ha carecido de la más necesaria de las cualidades en el toro de lidia y se ha parado. Hay descastes que hacen que el toro huya como de su sombra, que se raje buscando parajes donde no se le moleste, que se defienda en un terreno a base de cabezadas y derrotes. Y lo hay también, como hoy lo hemos contemplado en La Misericordia, que hace que el bicho se pare y no embista. Y venga uno y otra cite con el toro en plan marmolillo, o mármol de Carrara, como quieran. No se paraban por falta de fuerzas en su mayoría, pese a que ha habido blandura de manos y patas en varios de los lidiados, sino por falta de casta. Muchos se inmovilizaron y ahí quedaron con la boca bien cerrada, la respiración acompasada aunque rápida, y la cara a su altura. No, fue por escasez de temperamento, de coraje, de aquella característica que les separa y distingue del morucho, del avileño o de alguna otra raza próxima en características fenotípicas. Y aun se permitieron, cuando creían coger al espada desprevenido pegar algún que otro arreón, entrando a veces al paso y con desgana, cuales bueyes cerriles.

El primero duró, exactamente una serie y se paró, acortando su viaje, entrando paso a pasito, e imitando a la estatua salina de la mujer de Lot. El segundo tuvo algo más, y aunque soso, y quedándose en los remates desde el principio, Talavante pudo sacarle seis tandas, cada vez más complicadas por lo corto que iba y lo mucho que se le paró al entrar o salir de la suerte. El tercero duró dos series y media, antes de decir que nones al tercer muletazo o entrar cortito y rebrincado, al paso y a media altura, parándose también a medio viaje o al entrar cuando finalizó su lid. El cuarto daría algunos arreones cuando quiso, con genio, sin continuidad, tardeando a veces. El quinto fue la mula Francis, tardeando no a veces, sino siempre, desde la segunda serie, sin entrega ni humillación alguna, parándose en la tercera y haciendo la estatua en la cuarta. Y apenas el sexto, dentro de la poca clase mostrada embistió algo más a la muleta de Pinar, lo suficiente para que este pudiese ligar alguna serie, llegase a los tendidos y aguantase algunas paradas de la reticente bestia al entrar o a medio lance por falta de… casta. Boyada de Montalvo que habrá que agradecer a la empresa. Esto no sirve ni para sobreros de pueblo.

El primero fue Lirito, de 549 kilos, negro listón, delantero, manso, flojo y descastado. El Fandi perdería el capote en el recibo y quitó por chicuelinas del montón. Pareó a toro pasado, quizá con algo de exposición –por destacar un aspecto positivo- en el último por los adentros, parando el toro a la carrera al final. Con la muleta lo mejor que podemos decir es que estuvo breve; visto que el buey no iba, tras intentarlo desde fuera, fue a por el estoque para dejárselo de dos pinchazos –el primero hondo y trasero- y una buena estocada entera, un poco desprendida. El mulo se fue a tablas donde lo descabellaría a la primera. El cuarto se llamó Acusador –para acusaciones estaba, cuando era convicto y confeso de mansedumbre, con arreones de bravucón y yendo a menos por la escasa casta que tenía-, pesó 607 kilos, capa tostada chorreada y tocadas las armas. Dio el de Granada una buena verónica entre varias más sin historia, tras de una larga afarolada genuflexa. Volvió a banderillear oyendo pitos en el primer par, muy pasado y en un riñón del toro, y apenas en uno final por los adentros acertó a clavar sobre un pitón. Lo tanteó por alto con el trapo, mostrando el bicho poco gas, pero no falta de fuerzas sino de… casta. Un arreón de tres muletazos seguidos vino a demostrar que no era por escasez de energía por lo que no iba más que cuando quería, sin clase siempre. Desde fuera siempre, con pico que molestó a los aficionados, para fuera y retorcido hubo varias tandas de pases sin demasiada ligazón y a media altura, antes de que el toro se parara. Media tendida, desprendida y atravesada, un aviso -¡Dios mío, y que además se prolongue esta agonía!- y dos descabellos lo dejaron a punto para las mulas.

El segundo pasaba por Garboso, de 521 kilos, el de menos culata de la corrida, negro, tocado y de condición mansa, floja, sosa y a menos. Repetiría de entrada, parándolo Talavante con alguna verónica aceptable, repitiendo en su quite por manoletinas capoteras, para que me entiendan. Unos estatuarios iniciales sin historia, una trinchera y un desprecio, y cogió la zurda, en los medios, para muletearlo al hilo, en redondo, aguantando el que se le quedase a veces al terminar el lance. Y así se sucedieron dos ¡o tres tandas interesantes, siempre al hilo, para cambiar a la derecha, colocarse mejor y con firmeza y aguantando paradas y miradas, mandar sus embestidas cortas y sin remate, con un buen cambiado por la espalda al final. Medios pases finales, con la zurda, con el bicho muy quedado, precedieron a una estocada entera, caída de posición, y a una petición que a punto estuvo de ser suficiente. Bien el usía al no concederla. Tendría que haber dado una vuelta pero el diestro se conformó con una ovación saludada desde los medios. El quinto, por mote Hablador, lo demostró mugiendo lo suyo desde que apareció; manso, mular, descastado, pesó 501 kilos bien llevados, lució capa colorada ojo de perdiz y defensas delanteras. Con decirles que tras unos pases por alto en el tanteo, al siguiente ya tardeó, está dicho todo. Alejandro naad pudo hacer, porque cuando se arrancaba –no era falta de fuerzas-, iba brusco y tiraba el gañafón siempre, enganchando la muleta. Ni una vez le vimos humillar o entregarse, y visto que ni de uno en uno le sacaba algo, tras tres tandas decidió pasaportarlo de una buena estocada por los rubios, a cámara lenta, apenas un pelín atravesada, y tres descabellos.

A Pinar le tocó un primer bicho llamado Audaz – yo me río -, de 533 kilos, colorado ojinegro, tocado de puntas, manso, soso y de embestida corta y pobre en la muleta. Lo recibió con variedad –verónicas, chicuelinas y media- alegre y pinturero. En la franela pareció, por un momento, que el toro podía valer, metió bien la cara en el tanteo y quizá en la siguiente; puro espejismo: con poca vitalidad entró luego casi al paso, con escaso gas, a media altura y acortando el viaje. El albaceteño anduvo por allí, fuerita más bien, pasándolo con suavidad, sin decir gran cosa, para terminar con el trapo muy retrasado y a pesar de ello, aguantando el que el toro no lo siguiese; pitos para abreviar. Dos pinchazos por lo alto, precederían a una entera desprendida y un descabello. Al sexto le puso Diablillo el conocedor, un bicho negro de 602 en la báscula, tocado de cuerna, manso y a menos; pero al menos el único que embistió algo. Pinar hizo una faena desde fuera, pero consiguiendo ligar por momentos, con suavidad y temple y aguantando el que el toro se le quedara en más de una ocasión –en una de ellas se le revolvió y le dio un golpe con el cuello, claro-. Tiró bien en algunos muletazos del animal, a veces en redondo aunque despegado y como la gente no había visto nada en los cinco previos, se metió en la faena, sonó la banda, y la gente jaleó al diestro. Un final populista, con agarre del lomo incluido, un pinchazo por arriba, un aviso y una entera desprendida le darían el único trofeo vespertino, casi con la misma petición que había tenido Talavante.

Cope.es



 






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