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Talavante y Roca Rey se imponen a los descastados y ásperos "zalduendos"

Roca Rey

Talavante y Roca Rey se imponen a los descastados y ásperos "zalduendos"

15 Agosto 2016

San Sebastián. Seis toros de Zalduendo, de desigual trapío, varios con seriedad y cuajo y otros más terciados pero con aparato en las cabezas. Salvo el manejable primero, resultaron descastados y se defendieron con mayor o menor aspereza y sin apenas entrega en los engaños.  Tercer festejo de abono de la Semana Grande, con el "no hay billetes en las taquillas" en tarde de calor.

Sebastián Castella, de negro y oro: tres pinchazos y descabello (ovación); dos pinchazos y estocada baja trasera (silencio).
Alejandro Talavante, de grana y oro: estocada (oreja con fuerte petición de la segunda); tres pinchazos y descabello (ovación tras aviso).
Roca Rey, de azul noche y oro: estocada (oreja con petición de la segunda); estocada delantera (oreja).

Entre las cuadrillas, Juan José Domínguez y Paquito Algaba saludaron por un discreto tercio de banderillas en el sexto.
 



Asistió a la corrida, desde un palco de callejón, la Infanta Elena, acompañada de sus hijos Felipe Juan Froilán y Victoria Federica. Castella y Roca Rey les brindaron la muerte de uno de sus toros.

Los diestros Alejandro Talavante y Roca Rey, que cortaron una y dos orejas, respectivamente, se impusieron con valor y entrega al descastado y áspero juego de los toros de Zalduendo lidiados hoy en la tercera corrida de la Semana Grande de San Sebastián.

FACILIDAD Y ENTREGA

Sólo un toro, el primero de los seis de Zalduendo lidiado hoy en Donosti, ofreció facilidades para el toreo. Pero el resto conformaron un conjunto desaborido y áspero que, en cuanto se les acababa su escaso fondo de casta y la inercia de las primeras embestidas, se defendieron con mal estilo y sin ninguna clase ante las muletas de los toreros.

No era fácil encontrar los recursos necesarios para sacar un partido medianamente lucido de un comportamiento tan negativo, pero los dos triunfadores de la tarde acabaron por dar con ellos aplicando la misma fórmula que les está señalando como unos de los toreros en mejor momento de la temporada.


Es cierto que Alejandro Talavante sólo cortó una oreja, pero su actuación fue, por resultados y brillantez, la más notable de la tarde. Básicamente porque se desenvolvió ante las dificultades con una magistral soltura y un toreo suave y sutil.

Ya al primero, que sacó un temperamento rabioso al inicio de la lidia, lo acabó atemperando por llevarlo siempre templado en los vuelos del engaño, consintiéndole dudas con esa natural facilidad que sólo saben aplicar quienes están sobrados de valor.

Así fue como consiguió el extremeño sacar muletazos largos a un toro renuente y al que se impuso con total autoridad hasta desplantarse desarmado entre sus pitones en señal de absoluta victoria.

Le cortó Talavante a este "zalduendo" esa solitaria oreja, que debieron ser dos salvo en opinión del presidente, y aún pudo cortarle otra más al quinto de no haber pinchado varias veces tras un trasteo de enorme mérito, ya que estuvo igual de resolutivo, inteligente y sutil con este otro ejemplar desclasado.

Numéricamente, el triunfador de la tarde fue el peruano Roca Rey, que centró su actuación en la variedad y en variadísimos lances y muletazos de atípica geometría, casi siempre resueltos o planteados por la espalda para buscar la conexión efectista con el tendido.


No parecía esa precisamente la mejor estrategia para lidiar con ortodoxia y lógica a su descastado lote, pero fue así como el peruano quiso demostrar su entrega a un público donostiarra que agradeció su frescura.

Con su primero, algo más manejable, el toreo fundamental no tuvo tanto calado como el accesorio, hasta que una estocada de lenta y magistral ejecución, cobrada en todo lo alto y que dio con el toro en tierra en escasos segundos, bastó por sín sola para el corte de la primera oreja.

La segunda se la llevó el suramericano del sexto por otro trasteo de similar corte, solo que esta vez ante un toro que se quedó corto y que no dejó de soltar secos tornillazos, dos de los cuales hicieron presa en la chaquetilla y el chaleco, que no en las carnes, de Roca Rey antes de que el joven espada lo tumbara de otro espectacular espadazo.

En cambio, el toro bueno de la tarde, ese manejable y dulce ejemplar que abrió la corrida, no llegó a ser aprovechado como merecía por Sebastián Castella, que le hizo una faena aséptica y despegada, mientras que nunca se llegó a acoplar con un cuarto que embistió rebrincado y sin el ritmo que tampoco tuvieron los muletazos del francés. EFE
 



 






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