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José Tomás cierra su temporada con una faena de entrega absoluta

José Tomás cierra su temporada con una faena de entrega absoluta

09 Septiembre 2016

Valladolid. Dos toros, despuntados para rejones, de Luis Terrón, de fea presencia y muy descastados; y cuatro, de lidia ordinaria (el segundo, en sustitución de un titular devuelto por flojo), de Núñez del Cuvillo, de desigual trapío, sin clase y de muy escaso fondo de raza, salvo el tercero, de muy buen juego en el último tercio. Tercera de la feria de Valladolid, con el carel de "no hay billetes en las taquillas"

EL rejoneador Leonardo Hernández: rejonazo trasero contrario (ovación); rejonazo trasero, seis pinchazos y rejonazo trasero (ovación).
José Tomás, de verde musgo y oro: estocada trasera (oreja); estocada chalequera que asoma y estocada trasera desprendida (dos orejas).
José María Manzanares, de grana y oro: estocada tendida desprendida (dos orejas); estocada desprendida (oreja).

Entre las cuadrillas, saludaron en banderillas los tres peones de Manzanares y Chocolate destacó picando al manso sexto.
 



El diestro José Tomás cerró hoy en Valladolid su breve temporada española cuajando a su último toro una faena de entrega absoluta y saliendo a hombros junto a José María Manzanares, que, como el madrileño, también cortó tres orejas.

VALOR Y PASIÓN

Cerraba José Tomás su escueta temporada española de 2016, que ha constado sólo de seis paseíllos, y en el último no quiso dejarse nada en el tintero, porque su actuación de hoy en Valladolid estuvo marcada por un derroche de apasionada entrega con sus dos toros.

Lució menos en su faena a su primero, un sobrero de Núñez del Cuvillo de mínima raza y nula clase, que probó y se reservó antes de tomar a regañadientes y protestando constantemente la templada y sutil muleta del diestro de Galapagar.

Pero, con su reconocido y seco valor, sin una sola concesión que no fuera al toreo más sincero, José Tomás consiguió meter al toro en vereda en una faena de más mérito que brillo por la poca colaboración del enemigo, antes de volcarse en la estocada y salir peligrosamente trompicado.

Le dieron así una oreja pedida sin excesivo entusiasmo, pero las tornas cambiaron con el quinto cuando, poniendo de nuevo toda la carne en el asador, José Tomás hizo que la plaza entera se desbordarse en ovaciones, a pesar de que este otro toro tampoco ofreció facilidades.

Se movió a su aire y sin raza alguna en los primeros tercios el de Cuvillo, sólo que de nuevo la serenidad y el aguante del famoso espada consiguieron lo que parecía imposible, ya desde un ajustado quite por faroles y caleserinas.

Y desde entonces no bajó la intensidad de la faena, porque José Tomás abrió el trasteo de muleta con media docena de asfixiantes estatuarios en los medios, marcando ya la mínima distancia a la que estaba dispuesto a que le pasaran los pitones de un toro que no dejó de protestar y de negarse a la embestida.

Aun así, a pura plomada, clavado en la arena y poniendo en el empeño más que el alma, José Tomás le obligó a seguir su muleta, lo que con la mano izquierda sucedió en una serie de más de doce muletazos apabullantes.

Y aún hubo un variadísimo remate de surtidos adornos de gran clasicismo, y otra serie más toreando con la derecha sin ayudarse con la espada. Y varios estatuarios dejando que los pitones le rozaran el pecho, y circulares y alardes en los mismos hocicos del animal...

Con la plaza rota, falló el madrileño al entrar a matar, dejando una fea estocada chalequera, pero para remediarlo se dio otro breve e intenso arrimón antes de la estocada definitiva y de la concesión de dos orejas, quizá excesivas por ese fallo con el acero, pero que quizá sean lo de menos ante la pasión desatada en los tendidos.

Otras tres orejas cortó José María Manzanares, que le hizo una redonda, templada y elegante faena al mejor toro de la corrida, el que salió en tercer lugar, que, gracias a la buena técnica que desarrolló su matador, fue tan a más como el propio trasteo, rematado con una contundente estocada en la suerte de recibir.

El sexto, en cambio, tuvo tan poca clase y tan poca raza como el lote de José Tomás, y Manzanares faenó con él con suficiencia pero sin el ajuste y el temple que desplegó en el turno anterior.

Por su parte, la actuación del rejoneador Leonardo Hernández no dejó de ser un prólogo y un intermedio de escasa trascendencia para el toreo a pie.

Y más teniendo en cuenta que el jinete hubo que pechar, no si esfuerzo y mérito, con dos toros absolutamente negados a perseguir sus cabalgaduras, sobre todo el segundo, que siempre quiso irse a las tablas.

Paco Aguado - EFE



 






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