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Morante y Manzanares firman dos obras antológicas en Illescas (Toledo)

Morante y Manzanares firman dos obras antológicas en Illescas (Toledo)

11 Marzo 2017

Illescas (Toledo)  Toros de José Vázquez, el quinto como sobrero, bien presentados y de variado comportamiento. Destacó el segundo, de nombre "Africano", número 68, premiado con la vuelta al ruedo, y, sobre todo, "Fusilero", 98, que fue indultado. Noble y manejable, el primero; mansito pero dejándose, el tercero; deslucido el cuarto; y el quinto fue un manso imposible. La plaza registró lleno de "no hay billetes" en los tendidos. 
 

Pepe Luis Vázquez, de grosella y azabache: estocada desprendida (vuelta al ruedo); y casi entera muy defectuosa (ovación).

José Antonio "Morante de la Puebla", de catafalco y oro: pinchazo y estocada desprendida (dos orejas); y tres pinchazos, otro hondo, media muy atravesada y descabello (pitos tras aviso).

José María Manzanares, de azul noche y oro: pinchazo hondo recibiendo y bajonazo (oreja); y simuló la suerte de matar tras el indulto (dos orejas y rabo simbólicas)

 

 



El diestro José Antonio "Morante de la Puebla" firmó hoy en Illescas (Toledo) una obra antológica ante su primer toro, al que cortó las dos orejas, en una tarde en la que triunfó también José María Manzanares tras indultar al sexto de corrida.

BORRACHERA DE TOREO CARO

La localidad toledana de Illescas volvió a acoger un año más un cartel de altos vuelos para abrir su temporada taurina. En esta ocasión, para dar a la luz a su primera Feria del Milagro, nombre con el que el empresario Maximino Pérez ha bautizado un ciclo que, con el éxito cosechado, sentará un antes y un después de campañas venideras.

Hubo triunfo en taquilla -con el cartel de "no hay billetes" puesto desde varias horas antes del festejo- y, sobre todo, en el ruedo, con un Morante espléndido en todos los órdenes en su primero y un Manzanares perfecto también en el sexto, al que acabó indultando entre el clamor del gentío, premio,no obstante, a todas luces excesivo.

Completaba el cartel el veterano Pepe Luis Vázquez, hijo de una de las más grandes figuras que ha habido en la historia de toreo, que regresaba tras cinco años sin enfundarse el terno de luces, y que simplemente cumplió el trámite.

Morante paró el reloj del tiempo con el farol y las cinco verónicas con las que recibió a su primero. Qué manera de acunar al toro en los vuelos del percal, como si le susurrara una nana al oído para lograr una comunión perfecta entre hombre y animal. De maravilla. Y qué decir del quite posterior de igual guisa. Sublime.

Qué belleza también en el inicio con la muleta. Qué despacio lo hizo todo. Toreo a cámara lenta, casi de salón, con un gusto, un abandono y una torería inenarrable.

Qué manera de torear, y de emocionar. Morante en estado puro. Y a todo esto el toro también colaboró lo suyo. El ideal para su toreo. Dos orejas sin discusión, y vuelta al ruedo para el astado en el arrastre.

En el quinto bis, sin embargo, no pudo ser. Fue éste un toro manso, huidizo, sin apenas fuerzas, de los incómodos de verdad. El típico al que Morante no suele querer ni ver. Como así fue.

El primero de Manzanares, mansito y a la defensiva, sin embargo, fue suficiente para que el alicantino, a base de temple y paciencia, consiguiera sacarle todo el jugo, y construir así una faena de altas cotas de elegancia y plasticidad en la interpretación, aunque, como no podía ser de otra forma, faltara unidad y ajuste.

En el sexto salió a por todas Manzanares. Precioso toreo de capa tanto en las verónicas de recibo como en un posterior quite por chicuelinas. Muleta en mano llevó a cabo el alicantino una faena de lo más exquisita por lo bonito y lo templado que lo hizo todo, recreándose el torero tanto en lo fundamental como en lo accesorio, y, lo más importante, haciendo disfrutar también al personal.

Obra compacta y rotunda, tanto por el derecho como por el izquierdo, y siempre a más, a mucho más. Sin duda, la mejor versión de Manzanares, la misma que prendió Madrid el año pasado por San Isidro. Borrachera de toreo caro.

El fin de fiesta acabó en indulto, quede dicho que premio desmedido, pero fue el mejor corolario a una gran tarde de toros.

A Pepe Luis Vázquez le pesaron los años de inactividad. Se le vio sin confianza tanto con el primero como con el cuarto, a los que, dicho sea de paso, mandó masacrar en varas. Y si con el que abrió plaza dejó algún fogonazo suelto de su clásico concepto del toreo, con el otro, en cambio, no pudo.

Javier López - EFE



 






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