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 Gran tarde de Ponce y Morenito en el homenaje a Víctor Barrio en Teruel

Gran tarde de Ponce y Morenito en el homenaje a Víctor Barrio en Teruel

08 Julio 2017

Teruel. Toros de Adolfo Martín, de desiguales hechuras, remates y arboladuras, y de variado comportamiento. Con clase pero justo de recorrido, el primero; sin entrega ni celo, el segundo; noble y bajo de raza, el tercero; muy manejable, el cuarto; flojo y descastado, el quinto; y el sexto simplemente sirvió. La plaza rozó el lleno en los tendidos

 



Enrique Ponce, de grana y oro: casi entera (oreja con petición de la segunda); y pinchazo hondo y dos descabellos (oreja tras aviso).
Curro Díaz, de azul marino y oro: bajonazo (ovación); y estocada desprendida (ovación).
Jesús Martínez "Morenito de Aranda", de frambuesa y oro: estocada caída (oreja); y pinchazo y estocada caída (oreja).

En cuadrillas, Andrés Revuelta y Pascual Mellinas saludaron tras banderillear al tercero.

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en recuerdo de Víctor Barrio.

Los diestros Enrique Ponce y Morenito de Aranda cortaron dos orejas cada uno en el festejo celebrado hoy en Teruel, tercero y último de su Feria del Ángel, y que sirvió para homenajear al malogrado torero Víctor Barrio, fallecido en la arena de esta plaza hace ahora un año.

UN GRAN HOMENAJE

Una tarde de mucha emotividad. Se cumplía un año de la muerte de Víctor Barrio en esta misma plaza. El mundo del toro, que no vivía un suceso así desde el fallecimiento del banderillero Curro Valencia en 1996, aún no se ha repuesto de tan fatal pérdida.

Una tragedia que perdurará siempre en el recuerdo, avivado ahora más que nunca con la reciente pérdida de otro compañero, Iván Fandiño. Dos héroes caídos en pos de un mismo sueño: llegar a figuras del toreo.

Uno de ellos, Enrique Ponce, volcado con la familia desde su muerte, quiso volver a rendirte tributo, esta vez, enfrentándose por primera vez en su dilatada carrera a los "albaserradas" de Adolfo Martín. Una gesta vendida por la empresa como histórica, aunque jamás debió ser así, pero ese es otro debate.

Junto al maestro valenciano actuaron también los dos toreros que compartieron cartel con Barrio aquella infausta tarde: Curro Díaz y Morenito de Aranda, recibidos por la afición turolense con una gran ovación nada más romperse el paseíllo y después también de un emocionante y sentido minuto de silencio, acompañado únicamente por la voz de la cantaora Imma Vilchez.

No cabía más emoción. Las lágrimas en los tendidos se unieron a la de los toreros, como Morenito, que no pudo contener el llanto antes de que asomara el primero de la tarde, toro bueno y con calidad, aunque le faltó un tranco en sus humilladas embestidas.

Ponce, que brindó al cielo, lo fue ahormando en las probaturas, con mucha suavidad, acompasando las medias arrancadas del "adolfo", sin violentarlo, y así, a base de técnica, acabó respondiendo en la muleta del de Chiva, que cuajó una faena de mucho gusto, relajo, despaciosidad y tremendo magisterio.

La gente disfrutó de lo lindo, más todavía cuando de la casi entera que agarró salió el toro sin puntilla. Le pidieron las dos orejas, mas el usía, incomprensiblemente, dejó el premio en singular. El enfado del torero y del público, para qué decir...

El cuarto adoleció de pocas fuerzas, pero así y todo fue suficiente para que Ponce volviera a deleitar al respetable con una faena elegante y muy templada, tirando con mucha seguridad del astado para llevarle hasta donde no quería llegar. Qué mérito y qué bien volvió a estar el torero con él y cómo hizo nuevamente disfrutar a la gente con su excelso toreo.

Un arrebatador final de hinojos, desplante incluido, puso la plaza en pie. Faltó contundencia con los aceros, pero no fue óbice para lograr otra oreja.

Curro Díaz brindó a Morenito su primera faena. El linarense se las vio con un toro poco agradecido por su falta de entrega y su tendencia a desentenderse pronto de los engaños, al que instrumentó una faena voluntariosa, pero de poco contenido artístico.

Al cielo fue el brindis del quinto, toro justito de fuerzas, bajo también de raza y sin humillar. Díaz, al que hoy no le acompañó la suerte, volvió a estar por encima de las circunstancias.

Con un ramillete de encajadas verónicas recibió Morenito a su primero, al que le faltó raza que acompañara la calidad que apuntaba. El de Aranda de Duero, que también alzó su montera al cielo, anduvo capaz y muy resuelto e, incluso, logró pasajes de muy buena firma y mucho sentimiento sobre todo al natural, donde bordó el toreo.

Faena de altura, de mucho ritmo y trufada con algunas exquisiteces como unos cambios de mano, auténticas "delicatessen". Entró la espada a la primera y cayó una oreja de ley.

A los dos compañeros brindó Morenito la muerte del sexto, que también se dejaría sin ser un dechado de cualidades. Entrega total del burgalés, que volvió a rayar a gran altura y acabó logrando otra oreja más. EFE
 



 






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