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Mucho público, toros destacados y pocas faenas estimables en la Maestranza

Mucho público, toros destacados y pocas faenas estimables en la Maestranza

23 Abril 2018

Sevilla, - La edición 2018 de la feria taurina de Abril en Sevilla concluyó ayer dejando un más que satisfactorio balance en cuanto a la masiva asistencia de público y al juego destacado de una larga lista de ejemplares, pero con la preocupación del bajo nivel artístico mostrado por los toreros.



El aforo de la Maestranza se llenó por completo en la mitad de las tardes del abono, siete de catorce, y sólo en cuatro, coincidiendo con los días laborables de la preferia, no llegó a cubrirse al menos en su mitad, lo que sirve de particular indicador de la recuperación de la afición y, probablemente, del nivel económico de locales y foráneos.

A esa gran afluencia de público se sumó también otra gran noticia, la recuperación, que viene observándose en las últimas temporadas, del nivel de bravura y juego del global de la cabaña de bravo, con el añadido de producirse en una plaza de primera categoría, y por tanto más exigente, como es la de Sevilla.

En un recuento a vuela pluma, llegan a la treintena los toros con verdaderas posibilidades de triunfo que han salido por los chiqueros del coso maestrante, entre ellos una decena de ejemplares excepcionales que forman un cuadro de honor encabezado por el enrazado "Orgullito", de Garcigrande, que fue indultado en la tarde del lunes 16 de abril.

En ese sentido, las corridas de La Palmosilla, Garcigrande/Domingo Hernández, Núñez del Cuvillo, El Pilar y Fuente Ymbro, citadas en orden de aparición, fueron las más completas -con hasta cuatro toros destacados cada una- de un ciclo en el que el fracaso más sonado en lo ganadero lo protagonizó la divisa de Victorino Martín.

Pero la mayor inquietud que queda tras el cierre de la feria sevillana es la que viene de la otra de las tres patas del clásico banco de la tauromaquia -toro, torero y público-, pues el nivel artístico, pese a tantos astados propicios y pese al amable tono de los espectadores que llenaron tantas tardes la plaza, ha sido acusada y especialmente bajo, más allá de las 18 orejas que se cortaron en los festejos de a pie.

Exceptuando a El Juli, que tuvo una actuación rotunda más que memorable con dos toros de bandera de Garcigrande -entre ellos el indultado- y consiguió así, con cuatro orejas, la única salida a hombros por la Puerta del Príncipe, el resto de matadores apenas han logrado faenas realmente reseñables y a la altura de tantos toros buenos como han pisado este año el albero de la Maestranza.

José María Manzanares, por ejemplo, no llegó a redondear con contundencia ninguna de las dos estéticas faenas que se le premiaron -una de ellas con las dos orejas de un soberbio toro de Núñez del Cuvillo- mientras que Alejandro Talavante paseó sendos trofeos tras sendas faenas a medio gas, con momentos brillantes pero que supieron a poco a tenor de lo que tuvo delante.

Por todo ello las corridas de Sevilla de este año han dejado la evidencia, más allá de miradas complacientes, que el grueso de toreros de la primera fila no atraviesa por su mejor momento o se muestra demasiado conformista, al tiempo que muchos de los espadas que han rellenado los carteles, especialmente los veteranos, están ya demasiado gastados o en franca decadencia profesional.

Ha sido precisamente esa larga lista de unos treinta toros de triunfo la que ha marcado mejor que cualquier otro barómetro la preocupante situación por la que atraviesan los toreros con mayor presencia en las ferias de un escalafón que está pidiendo a voces una radical y urgente renovación.

Aunque el más avanzado de este nueva generación, el peruano Roca Rey, ha obtenido un resultado discreto, jóvenes como Pepe Moral, que cortó tres orejas -dos de ellas a los "miuras", José Garrido y Ginés Marín, con o sin trofeos, han dejado incluso mejor sabor de boca que los más experimentados.

Pero de todos ellos el que logró dejar una más profundo recuerdo entre los aficionados y los buenos catadores fue el sevillano Pablo Aguado, quien, más allá de su escueto balance estadístico de una oreja, logró, con su clásico y puro toreo, marcar la feria con su nombre en la que era solo su segunda corrida tras la alternativa.

Solo Juli, y a ratos Manzanares y Talavante, lograron que en las tertulias del resto del ciclo -Aguado toreó el 11 de abril el encierro de Torrestrella- se dejara de hablar únicamente del joven espada sevillano como autor de los mejores momentos artísticos de la feria.
EFE
 



 






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