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Triunfos de distinto valor de Ureña y Román con excelentes toros de Algarra

Triunfos de distinto valor de Ureña y Román con excelentes toros de Algarra

28 Julio 2018

Valencia. Seis toros de Luis Algarra, desiguales de volumen pero de buena y seria presentación en general. Salvo el cuarto, de escaso fondo aunque noble, la corrida dio muy buen juego en su conjunto, bien por su calidad y nobleza o por su exigente casta, como el quinto, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre, y el sexto.



Paco Ureña, de carmín y oro: estocada trasera (oreja); estocada trasera (vuelta al ruedo tras petición de oreja); y estocada algo desprendida (dos orejas).

Román, de aguamarina y plata: estocada trasera (oreja); estocada caída (silencio); pinchazo y estocada (oreja).

Los dos toreros salieron a hombros al final de un festejo de 170 minutos de duración.

Entre las cuadrillas, Pedro Iturralde destacó en una buena vara al quinto y Raúl Martí y El Sirio saludaron tras banderillear al cuarto.

Antes del paseíllo, el presidente de la Diputación de Valencia, Antonio Gaspar, hizo entrega al ganadero Álvaro Domecq de una placa conmemorativa del 25 aniversario del indulto de su toro "Gitanito" en esta misma plaza.

Tercer festejo de abono de la feria de Julio de Valencia, con medio aforo cubierto (unas 5.500 personas), en tarde ventosa.

Los diestros Paco Ureña y Román salieron a hombros al final del mano a mano que les enfrentó hoy en la plaza de Valencia, después de que ambos consiguieran trofeos de muy distinto valor ante una excelente y variada corrida de Luis Algarra.

De hecho, los toros de la ganadería sevillana pusieron un porcentaje muy alto de colaboración para el resultado triunfal del festejo, hasta el punto de dar opciones a la pareja de matadores a que cortaran alguna más de las cinco orejas que finalmente pasearon.

Por eso cabe destacar como se merecen las dos que le cortó Paco Ureña al quinto, un toro de encastada exigencia al que por entrega y mando -esa exacta respuesta que necesitaba el ejemplar para sacar su mejor fondo de bravura- hizo la mejor y más meritoria faena de la tarde.

Hasta entonces, el torero murciano había destacado especialmente con el capote, ya fuera en sus dos toros como en los quites en los que alternó con Román. Todo lo que hizo Ureña con la tela rosa estuvo marcado por su empeño en torear despacio y embraguetado, como fueron sus verónicas al primero y, sobre todo, las que le cuajó al cuarto tras el segundo puyazo, especialmente arrebatadas.

En cambio, con la muleta, el torero de Lorca no acabó de macizar ninguna de esas dos faenas, ni la desigual al noble y claro primero ni tampoco la del cuarto, un toro con clase con el que, entre imprecisiones técnicas, tardó demasiado en acoplarse. Por mucho que se enfadara cuando le negaron la oreja de éste, su trasteo, con apenas media docena de buenos naturales, no fue de premio.

Así que para poder salir a hombros Ureña tuvo que echar el resto con el quinto, que, por enrazado, no fue fácil de someter. Pero aquí se vio al torero con una actitud muy distinta a la que puso con los toros anteriores, basado todo en una entrega absoluta para hacer un toreo de mayor mando sobre las embestidas. O toreo, simple y llanamente.

Fue así, y solo así, como Ureña atemperó la encastada brusquedad inicial del toro que, sobre todo por el pitón izquierdo, sacó su absoluto fondo de bravura que el murciano aprovechó para cuajarle tres inmensas y soberbias tandas de naturales, llevándole prendido en los vuelos de una muleta que surcó la arena con despaciosidad y hondura.

Fue el momento más intenso de la corrida, el que provocó los más fuertes y sentidos olés en el tendido y también el que avaló y disipó todas las dudas sobre el triunfo de Ureña, que compartió honores con "Malospelos", premiado por su parte con la vuelta al ruedo en el arrastre.

También acabó siendo compartida su salida a hombros, pues Román les cortó sendas orejas a los toros segundo y sexto, otros dos animales tan destacados como distintos, casi opuestos de condición.

El primero del lote del valenciano fue un astado también noble pero de atemperada acometida, que necesitaba ser esperado en los cites, mientras que el sexto tuvo también una bravura exigente y, en muchos momentos, desbordante.

Tanto con uno como con otro, igual que con el más apagado cuarto, el de menos fondo de la excelente corrida de Algarra, se vio a Román intentarlo todo, en un derroche de voluntad y de ganas de agradar, pero también tomando erráticas decisiones técnicas y lidiadoras, a veces incomprensibles, que le hicieron pasar más apuros de los necesarios.

Arropado por el público de su tierra, el valenciano fue a remolque de ambos astados, lo que con el sexto, desde que lo recibió con una fallida larga a portagayola, le supuso hacer un sobreesfuerzo de arrojo frente a un animal que, sin el gobierno de la muleta, se creció y se remontó progresivamente hasta ponerle en serios aprietos de los que salió milagrosamente ileso y discretamente triunfante. EFE
 



 






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