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Los "miuras" cierran San Fermín con tensión y el percance de Rafaelillo

Los "miuras" cierran San Fermín con tensión y el percance de Rafaelillo

14 Julio 2019

Pamplona. Seis toros de Miura, en el tipo de la casa: voluminosos (sobre todos el gigantesco 1º), sueltos de carnes y, salvo el quinto, muy aparatosos de pitones, con un 6º especialmente destartalado. Sin gran entrega y de escasa raza, se movieron y dieron un juego dispar, desde el 3º, muy manejable, al complejo y orientado 4º.

 



Rafaelillo, de nazareno y oro: pinchazo y estocada (ovación), en el único que mató.

 

Octavio Chacón, de blanco y plata: tres pinchazos, estocada trasera tendida y cinco descabellos (silencio tras aviso); pinchazo, estocada enhebrada, estocada y dos descabellos (silencio tras aviso) en el que mató por Rafaelillo; y tres pinchazos y estocada delantera desprendida (silencio).

 

Juan Leal, de grana y oro: bajonazo y dos descabellos (vuelta al ruedo tras aviso); dos pinchazos y metisaca en los bajos (silencio tras aviso).

 

Entre las cuadrillas, destacaron picando Santiago Pérez, Vicente González y Daniel López, mientras que Marco Leal saludó tras banderillear al tercero.

 

Décimo y ultimo festejo de la feria de San Fermín, con lleno en los tendidos (unos 19.000 espectadores), en tarde agradable, con algunas rachas de viento.

Los legendarios toros de Miura cerraron este sábado la feria taurina de San Fermín poniendo una tensa emoción a su lidia y provocando el único percance sufrido en el ruedo durante los diez días de toros de Pamplona, la violenta lesión sufrida por el murciano Rafaelillo.

 

La corrida de la histórica divisa sevillana estuvo presentada muy en el tipo de la casa, o lo que es lo mismo: tuvo volumen, a pesar de su poco cuajo, y esos pitones aparatosos que los definen como toros "antiguos", aunque en su juego, mayoritariamente desrazado, hubo de todo.

 

Porque al menos tres de ellos se dejaron hacer por los toreros, sin mucha entrega pero tampoco con el sentido de otros productos típicos de la finca de Zahariche, en tanto que pasaron tras las telas sin gran celo pero sin molestar demasiado a quienes los lidiaban.

Fue el caso, por ejemplo, del tercero, quizá el más claro de la terna de toros con opciones y al que Juan Leal le hizo un trasteo en el que quiso hacer patente a todos su decisión y su nervio desde que lo saludó a portagayola con una larga de rodillas incompleta.

 

La intervención en quites y el inicio de la faena de muleta con pases cambiados y varios de rodillas fueron los momentos más evidentes y lucidos de la obra, así como una serie con la derecha, en la que, a media altura, mejor entendió el francés la condición del de Miura.

Luego Leal se alargó entre altibajos técnicos, pero sin dejar de mantener en vilo a un público que, de no haberlo matado de un feo sartenazo en los bajos, seguro que le hubiera premiado con algo más que esa única vuelta al ruedo de la tarde.

 

Rafaelillo se enfrentó en primer lugar al gigantesco toro colorado que había dado trabajo a los médicos en el encierro. Pero ese tremendo volumen apenas contenía una mínima proporción de casta, en su comportamiento mansote y defensivo. El cuarto, que, para compensar el lote, era el menos cuajado de la corrida, fue en cambio el más peligroso durante los primeros tercios.

 

Claro que esa violencia, que luego se quedó en topetazos desrazados, le duró lo suficiente como para irse directamente en busca de Rafaelillo cuando éste le llamó con las dos rodillas en tierras en la apertura del trasteo.

 

Y fue así como le lanzó y le estrelló violentamente contra las tablas, donde aun le zarandeó a placer aunque aparentemente sin meterle el pitón. Con todo, casi dos horas después aún seguía siendo atendido en la enfermería de la plaza.

 

Se llevaron al torero de Murcia visiblemente dolorido a la enfermería, y Octavio Chacón salió del callejón a hacerse cargo de la árdua situación de tener que matar tres de Miura nada menos que en Pamplona.

 

El torero gaditano resolvió la papeleta con idéntica actitud, la de un sobrado oficio y también con una cierta cautela que no fue lo más aconsejable para apurar las diez o doce embestidas potables que tuvo el segundo antes de rajarse o las que le facilitó el sexto por el pitón izquierdo.

 

Y aún tuvo suerte Chacón de salir ileso del percance que sufrió con su primero, ya orientado a esas alturas, que le derribó de un pitonazo en el primer intento de entrarle a matar, aunque no se salvó de ser pisoteado en el ruedo. Debió ser el capotillo de San Fermín, que tanto trabajo ha tenido por aquí, dentro y fuera de la plaza, en los últimos diez días.

 

Paco Aguado EFE

 



 






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