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La pandemia congela 73 años de historia de la feria de San Isidro

La pandemia congela 73 años de historia de la feria de San Isidro

15 Mayo 2020

Madrid, Las medidas del estado de alarma ante la pandemia del coronavirus han obligado a que la feria de San Isidro, la cita más importante y decisiva de la tauromaquia mundial, sufra el primer parón de su historia tras 73 ediciones ininterrumpidas.

 



Desde el 15 de mayo de 1947, cuando se celebró en Las Ventas la primera corrida de la que entonces era una novedosa experiencia empresarial, el abono isidril se ha venido desarrollando durante décadas sin alteración alguna, marcando la cotización de los toreros en la bolsa de valores de la tauromaquia de cada época.

 

Esa primera edición se compuso solo de cuatro corridas de toros y una novillada, sin la presencia en los carteles de la gran figura de entonces, Manuel Rodríguez "Manolete", que, recién llegado de México, aún no había abierto la campaña que le llevaría hasta la fatídica cita de Linares.

 

En realidad aquellos cuatro festejos del San Isidro inaugural se organizaron casi de modo experimental por la iniciativa de Livinio Stuyck, gerente por entones de la empresa Nueva Plaza de Toros de Madrid, que intentaba introducir el concepto de "feria" habitual en otras ciudades en una plaza donde las temporadas se dividían en largos abonos de primavera y otoño, con festejos sueltos.

 

Aunque no tuvo buenos principios -el primer toro de la historia de la feria volvió a los corrales después de que Rafael Ortega "Gallito" escuchara los tres avisos- el concepto fue calando año tras año y creciendo progresivamente en número de corridas, hasta llegar a las 34 de la pasada edición, la más larga de su historia.

 

Ya en el siglo XXI el éxito de la marca "San Isidro", así como su interés mediático, ha sido tal que ha ido restando importancia a los festejos del resto del año en Las Ventas, e incluso ha absorbido en su cartelería corridas tan señaladas en la temporada madrileña como la de la Beneficencia y la de la Asociación de la Prensa.

 

No en vano, los cálculos de los últimos años cifran en unos 70 millones de euros (unos 75,5 millones de dólares) el impacto económico que, entre mayo y junio, la feria tiene en la capital de España, donde llega a generar más de 600 empleos diarios, a pesar de que, tras la crisis de 2008, el número de abonados se ha recudido a un 65 por ciento del total del aforo de la plaza.

 

Taurinamente hablando, los mejores "sanisidros" de la historia fueron los de la década de los sesenta, cuando se celebraban una media de quince festejos y rara era la tarde en que no se abría la Puerta Grande, a veces incluso para dar paso a los tres matadores, entre los que destacaban El Cordobés, El Viti, Paco Camino, Diego Puerta y otros muchos buenos toreros de una gran generación.

 

Los peores, en cambio, fueron los de los años setenta, a caballo entre el final de la dictadura y la transición política, con un clima enrarecido también en los tendidos y con una clara reducción en la asistencia de un público que volvió de nuevo en masa durante los ochenta, con la gestión de Manolo Chopera.

 

Gracias a un buen trabajo de marketing y a la calidad de los carteles, con un gran nivel de toros y toreros, el empresario vasco consolidó definitivamente en esos años la gran dimensión económica de la feria al conseguir que se abonaran 18.000 de las 23.000 localidades del recinto, quedando el resto de entradas a la venta por obligación legal.

 

De la inercia de ese gran trabajo se alimentó el ciclo las dos décadas siguientes, con las empresas Toresma y Taurodelta al frente, aunque la brillantez artística fue mermando hasta hacer que el triunfo de los toreros fuera prácticamene una excepción.

 

Pero no por ello bajó la cantidad de público a los tendidos madrileños, a pesar de que, incluso, en 1991 y hasta ahora la feria pasó a emitirse íntegramente por canales de televisión de pago que, con los derechos de imagen, incrementaron aún más los altos beneficios empresariales.

 

En esos 73 años de historia, y desde que El Andaluz cortara la primera oreja en 1948, la gran cita taurina de la primavera ha superado con creces la cifra de los 1.500 festejos celebrados, únicamente interumpidos de manera puntual por las lógicas suspensiones por lluvia o por el hecho de que, en algunas ocasiones, los tres matadores se encontraran heridos en la enfermería.

 

Solo una vez, el 31 de mayo del 78, se suspendió una corrida de San Isidro por otro tipo de causas, como fue la huelga declarada por los picadores cuando la autoridad impidió el uso de manguitos protectores para los caballos durante la suerte de varas.

 

Con todo ese bagaje, con toda esa historia que ha marcado la vida diaria de miles de madrileños a lo largo de siete décadas, la pandemia del COVID-19 ha conseguido lo que nadie pudo antes: que durante el mes de mayo dejen de sonar los clarines en el epicentro mundial del toreo.

 

Paco Aguado EFE

 

 

 



 






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