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 El Rey de los toreros: Joselito en la poesía (y VII)

Miguel Hernádez y Jose M. de Cossio

El Rey de los toreros: Joselito en la poesía (y VII)

24 Mayo 2020

El Rey de los toreros: Joselito en la poesía (y VII)

 



El poeta cántabro Gerardo Diego fue de los primeros de la Generación del 27 en escribir sobre la tauromaquia, dedicando gran parte de su obra a la fiesta en sí, toreros, plazas, suertes, etc. En 1926 escribió “Elegía a Joselito”, la que no pudo ser estrenada en la velada homenaje de Sevilla por ausencia del autor. El poema fue enviado a José María de Cossio para ser incluido en El Cancionero, manuscritos poéticos recopilados por él que se encuentran en su Casona de Tudanca (Cantabria) y que también fue publicado por el propio autor en el poemario taurino La suerte o la muerte en 1963. Gerardo Diego en sus versos nos describe físicamente al toreo, a su toreo, a su lado humano y al dolor por su pérdida:

 

Lenta la sombra ha ido eclipsando el ruedo./ Ya grada a grada va a colmar la plaza./ vino triste de sombra, vino acedo/ El torero./ tiñe ya casi el borde de la taza.

 

Fragilidad, silencio y abandono./ Cobra el gentío un alma de paisaje/ mientras siente el torero hundirse el trono/ y apagarse las luces de su traje.

¿Y para qué seguir? La gloria toda/ no redime un azar de aburrimiento./ Lo mejor es dormir –ancha es la boda-/ Largo y horizontal a par del viento.

Un lienzo vuelto, una última voz –toro-,/ un gesto esquivo, un golpe seco, un grito,/ y un arroyo de sangre –arenas de oro-/ que se lleva –ay, espuma- a Joselito.

 

José, José, ¿por qué te abandonaste/ roto, vencido, en medio a tu victoria?/ ¿Por qué en mármol aún tibio modelaste/ tu muerte azul ceñida de tu gloria?

 

Cinta ya fugitiva, nada vive/de tus claros millares de faenas./Y resbalan memorias en declive/igual que de las manos las arenas.

 

Los quince años, espigado tallo/juego y donaire y esbeltez gitana./Un nuevo Faraón –cresta de gallo-,/ágil la línea y fresca la mañana.

Y una tarde –heredada prensa, el ángel-/aquel beso en la frente decisiva/sellando –era la feria del Arcángel-/la ceremonia de la alternativa.

Y después, cuantos largos esplendores/Sobre efímeras llamas de toreros./Ojos, bocas. Los palcos tentadores./Sur de Mantillas, norte de sombreros.

 

La verónica comba, el abanico,/la larga caligrafía y precisa,/El galleo –a los hombros el hocico-/y el arrancar –trofeo- la divisa.

 

El quiebro repetido, el par al sesgo/o en diametral oposición forjado,/dibujando en la arena, a la flor del riego,/un radiante teorema entrecruzado.

 

Y la embriaguez, tú con el bruto a solas,/olvidado de Dios y de la vida,/hasta triunfar sobre las ciegas olas/del corvo instinto la invisible brida.

 

Y las órbitas rojas de los pases/ceñidas siembre en torno a tu cintura,/y el fulminar tu espada en tres compases/una vida burlada en escultura.

La lídia toda, atada y previsora,/sabio ajedrez contra el funesto hado./Gesto de capitán, cómo te lora/la cofradía del aficionado.

Y todo cesó, al fín porque tú quisiste/Te entregaste tú mismo; estoy seguro./ Bien lo decía en tu sonrisa triste/ tu desdén hecho flor, tu desdén puro».

 

Entre la Generación del 27 y del 36 otro taurino, Miguel Hernández, poeta de Orihuela, quien fue secretario de José María de Cossio y autor de algunas de las biografías incluidas en el tomo III de la enciclopedia taurina. En 1986 fue descubierta una obra de teatro inédita hasta la fecha de su firma por título “El torero más valiente”, tragedia escrita en verso cuyo argumento trata de la rivalidad de dos toreros, José y Flores. La competencia entre ambos lleva a Flores a morir en la plaza el mismo día que iba a contraer matrimonia con una hermana de José. Uno de los personajes de la obra, llamado el Ciego recita el romance ¡Adiós, Joselito el Gallo!:

 

Bello, moro y español/como la Torre del Oro,/catedral de luz cristiana/con el bulto transitorio/iba Joselito el Gallo/de punto en punto redondo./Como Dios, por todas partes/estaba: por los periódicos,/por los muros, por las bocas,/por las almas, por los cosos…,/todo lo multiplicaba/y lo enaltecían todos.

 

Estaba el lugar de España/tan enamorado, loco,/la mitad de su valor/y la mitad de su rostro./¡Talavera de la Reina!/Calavera yo te pongo/por mal nombre, mala sombra,/mala tarde y malos toros./Calavera, Calavera,/sitio del drama más hondo.

 

Allí salió a Joselito/un toro de malos modos,/malintencionados cuernos,/malintencionados ojos./Bailador lleva por nombre,/miren qué nombre tan propio./¿Qué muerte no es bailadora/ante una vida de plomo?/La hechura mejor de Dios,/la nata de lo gracioso,/el rey de la torería,/allí se quedó sin trono,/allí se quedó sin forma,/allí perdió su cogollo/con el toril de las venas/medio abierto a sus arroyos.

 

España, que estaba entonces/pajiza en el abandono/de su sol y de su campo,/se hizo un borrón. Sólo lloros/y ayes por todos los pueblos/se oían y terremotos./Toda la tierra temblaba/de sentimiento y asombro./Aumentó el Guadalquivir/su volumen caudaloso/con el limón que esgrimían/las sevillanas sin novio./A mares lloraban todas/cuando el entierro lujoso/pasó y él embalsamado  iba hacia Dios y hacia el foso./

 

La capa de atorear,/frágil defensa y adorno/airoso de su existencia/hecha de su muerte apoyo/por cabecera llevaba/para el último reposo./¡Cuánta corona pusieron sobre su ataúd precioso!/Hasta el rey rindió la suya/al que era real en todo./Ante su cuerpo tirados/los claveles luminosos,/se abrían las venas sobre/alamares de sus hombros, /pura transfusión de sangre/pretendiendo generosos,/por ver si lo levantan/de su lecho mortuorio.

 

Allá por el polo norte/del candor, ¡qué puro polo!,/un deshielo de jazmines/le caía silencioso/y las rosas, boquiabiertas,/expiraban como elogios,/como presencias de besos/de muchos labios hermosos/que, no pudiendo sus besos/de verdad dar, por esposos/o galanes la mandaban/sus ejemplos a manojos.

 

¡Adiós, Joselito el Gallo!/Adiós torero sin otro!/Dejas el ruedo eclipsado/su círculo misterioso/con la soledad del sol/ y la soledad del toro./A todos les viene ancho/ aquel anillo sin fondo/que a tu vida se ajustaba/ cabal y preciso, como/hecho de encargo por Dios/para tu arte y tronco

 

Enrique López Alarcón fue un dramaturgo, poeta y periodista malagueño, que vivió en el exilio en Panamá, Santo Domingo y Cuba tras la guerra civil. Fue autor de los versos “Canto a Sevilla. A la memoria de José Gómez “Gallito” los que también fueron recitados en el Teatro Cervantes. 

 

Esta luna gentil de primavera/tranquila, placentera, que reina en el azul/cuna de un rayo que no llegó a vibrar/cairel y broche/del capote de lujo que en la noche/ esquiva y huye la humedad de Mayo;/esta luna gentil de primavera/mujer al fin,/se ha remilgao la falda/y recostada al pie de la Giralda/habló al Guadalquivir de esta manera:


¿Qué has hecho con mi amor?/aunque me alfombres/la tierra de las flores más/ bonitas/aunque ampares mi espalda/con un manto de luz, y la esmeralda/por siempre me rodea,/si al fin me quitas el amor más dulce/y amado de los hombres,/ me tendré que morir;/dí, Padre Río/¿Dónde fuiste a ocultar el amor mío?


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Betis enmudeció, y los ruiseñores/dejaron de cantar, y no esparcieron/su risa de cristal los atanores/Y se pusieron lívidas las flores/y el campo tumba fue, cuando supieron/¡ay ojos que lo vieron!/la muerte del amor de sus amores.
Lleva el Guadalquivir llanto en sus ondas/y cimbreando su curva entre las blondas van haciendo pucheros las mantillas.


Y el tornavoz del puente de Triana/publicó la espantosa pesadilla.
Y Córdoba sultana/y Ronda la moruna y la serrana/plañen por el torero Maravilla/ hijo infeliz de la fecunda hermana/orgullo y paz de la simpar Sevilla/ Lloran ante la reja los bordones/repitiendo el hipar de la falseta/y lloran al pulsar los corazones/


los sonajeros de las panderetas,/los chinos de marfil de los mantones,/los calados de luz de las peinetas,/y lloran al pasar las procesiones/con el llanto hecho voz de las saetas: 


Ven pasajero y dobla tu rodilla/que en la Semana Santa de Sevilla/porque ha muerto José, este año estrena/lágrimas de verdad la Macarena.

 

 

Para terminar, decir que estas estrofas fueron convertidas en romance y fandango por José Tejada Martín, conocido como Pepe Marchena, toda una antología del flamenco que grabó en 1967 y que aquí les dejo (https://www.youtube.com/watch?v=h57VqfNCH3A). 

 

Sergio Pérez Aragón



 






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