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Luque se reencuentra

Luque se reencuentra

04 Junio 2010

Granada. 6ª Feria del Corpus. Tres cuartos de plaza. Se han lidiado toros de Torrealta, desiguales de presentación y de poco juego en general

Morante de la Puebla, silencio y palmas.
Miguel Ángel Perera, silencio y ovación tras aviso.
Daniel Luque, dos orejas y oreja.

Joselito Gutiérrez saludó en el 2º toro.



El público que acudió ayer a la Monumental de Frascuelo soñaba con ese 'Morante de la Puebla' capaz de sorprender con algún arrebato que sumar al prodigio de su arte. Porque el sevillano, que es torero de inspiración y tan genial como imprevisible, cuando se siente o se rompe -y en Granada lo ha hecho en más de una ocasión- cualquier cosa es posible, desde tomar las banderillas para recrearse en suertes ceremoniosas y dignas del mejor rehiletero o, simplemente, dejarse llevar por sus propios sentimientos para convertir el toreo, su personalísimos toreo, en una obra maestra. Venía 'Morante' de protagonizar un suceso singular en Nimes, donde sacó al ruedo una silla para sentarse en ella y dar inicio de tal guisa a una faena de rabo de la que se hablará durante mucho tiempo. Venía también 'Morante' de sacudir los cimientos de la Monumental de las Ventas, en Madrid, en un quite con Daniel Luque -ayer de nuevo rival en la plaza- que ha quedado para la historia. Venía, sí, para supuestamente reivindicar y demostrar que el toreo puede alcanzar las más altas cotas de emoción sin necesidad de angustiar, que la sencillez no necesita ropajes y que lo natural, lo que fluye del alma, no necesita definirse.


Daniel Luque, en el quite por chicuelinas a su primer toro, al que cortó las dos orejas. :: RAMÓN L. PÉREZ

Pero Morante es diferente y ese torero que esperaban los aficionados no apareció ni por asomo. Fue el otro Morante, el que no termina de reconciliarse consigo mismo, el que pugna con sus propios sentimientos, el que pone la miel en los labios pero no deja que el paladar satisfaga todas sus apetencias. El sevillano no encontró ayer su toro, que no tiene que ser necesariamente boyante, pero sí a la medida de sus retos, tan cambiantes a veces. No le sirvieron ninguno de sus dos toros, el primero por excesivamente parado y flojo y el segundo porque no tenía ni el fondo ni la clase que el artista, ayer bajo mínimos en su autoestima, demandaba. Pero es que, además, tampoco puso mucho empeño el de la Puebla en justificarse, aunque un sector del público, incondicional y devoto del torero, le mostrara hasta agradecimiento por su tibio intento.

'Morante' dibujó un par de lances ante el que abrió plaza de exquisita estética. Verónicas desmayadas, cadenciosas, de esas que los revisteros de otra época solían calificar de cartel. Después, cuando el flojo oponente -que el público había protestado más por su condición que por cualquier otro signo de invalidez- llegó al último tercio, el sevillano lo llevó al centro del anillo, le puso planchada la muleta, le corrió un par de veces la mano y hasta hubo un atisbo de faena. Suficiente para algunos y poco, muy poco, para los demás, aunque todos respetaron al torero cuando montó la espada y liquidó al burel de un certero espadazo.

Con el cuarto, algo más fuerte, pero también parado y soso, las verónicas de recibo tuvieron otro sabor. Más sentidas, más cadenciosas y con ese punto de arrebato peculiar del sevillano. ¿Habrá faena? ¿Estará por la labor Morante? No tardaron en despejarse las dudas. Dejó el torero que le suministraran un segundo picotazo al toro, que había evidenciado un punto de genio y se repitió el mismo ritual del primer acto. Conato de buenas intenciones, varios pases inmaculados, otros enganchados y faena finiquitada. Otro espadazo y hasta la próxima. En Morante se disculpa todo. Hasta la indolencia.Perera y Luque

Quien sí quiso, con un primero bajo mínimos y un segundo mucho más encastado, fue el extremeño Miguel Ángel Perera, que de no haber pinchado a sus toros hubiera sumado al menos tres orejas. El castaño que salió en segundo lugar estaba tan justo de fuerza como de raza, pero le sirvió a Perera para redondear una faena que fue calando poco a poco en los tendidos. Mejor el torero que el toro, con algunas series muy templadas y de excelente trazo.

Lo mejor de Perera, y de la tarde, llegó con el quinto, el mejor toro de un encierro decepcionante de Torrealta. Si formidable fue el recibo capotero, todavía mejor, por más intenso, resultó el quinte por gaoneras. Y todavía más emotivo el inicio de faena, con varios pases cambiados por la espalda escalofriantes. Perera en estado puro. Y a renglón seguido, toreo de extraordinaria enjundia con las dos manos, sintiéndose. Y, metido ya en hervores emocionales, los parones, los circulares invertidos, dejándose rozar la taleguilla. Firmes los pies, valentísimo el diestro. Faena de altísimo voltaje, sellada con unas bernardinas apretadísimas. Tenía ganadas las dos orejas, pero la espada volvió a fallar. ¡Qué pena! Abatido el torero, pero agradecido el público, que le tributó una clamorosa ovación.

También quiso Daniel Luque quien, además, no falló con la espada. Busca el joven sevillano reencontrarse consigo mismo, con aquel torero lleno de desparpajo y ambición que asombró el pasado año. Y va camino de lograrlo. Rearmado moral y anímicamente, Luque buscó el triunfo desde que se abrió de capote para recetarle varias verónicas y unas chicuelinas al jabonero que hizo tercero, uno de los pocos toros que se salvaron del naufragio. En ocasiones le perdieron las ganas y su trasteo resultó algo eléctrico, pero en el haber de Luque hay que poner su valor y también su admirable entrega. Como no era su primero toro repetidor, ni codicioso, los pases llegaron de uno en uno, pero de forma intensa, con algunas tandas, además, de excelente factura. Luque a por todo y sin reparar den nada. Por eso, al intentar las luquesinas resultó atropellado de mala manera, aunque volvió rabioso a la cara para poner un epílogo vibrante a la faena, refrendada con una gran estocada. El público pidió para él las dos orejas y el palco accedió.

Con el que cerró plaza, un toro manso que buscó continuamente la huida y no quería pelea, Daniel Luque hizo otro gran esfuerzo. No era fácil meterlo en la muleta, pero terminó por conseguirlo. Muy firme y con mucho valor el sevillano, que supo sujetar al burel, exprimirle los pocos pases que tenía y supo apeló también a las bernardinas para poner colofón a su trasteo y caldear definitivamente el ambiente. Otro certero espadazo, de peor colocación que el primero, le puso en las manos un tercer apéndice que viene a justificar plenamente su presencia en la corrida del domingo, en la que cubrirá la baja de Julio Aparicio. Por lo del pasado año y por lo demostrado ayer, merecía esta nueva oportunidad. Granada, además, está con el joven torero.

Ideal.es
 



 






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