Luis Rivas Asencio

Luis Rivas Asencio

Cronista taurino de diversos medios

15 Septiembre 2017

Dos buenos toreros para la memoria.


Cuando el verano camina hacia las tablas, la memoria nos trae la figura de dos toreros que dejaron huella. Ambos coetáneos, hicieron el paseíllo muchas tardes. Se respetaban y profesaban una amistad profunda. Dámaso Gónzalez y José Ortega Cano, tenían como meta llegar al final de su vida torera, con el orgullo infinito y la inmensa alegría del deber cumplido. Dos trayectorias ejemplares de esfuerzos, sacrificios y superación. Ambos lo cumplieron.

Quiso el destino que Dámaso no pudiera estar en el centenario de La Chata, la plaza de toda su vida. Todo el toreo se estremeció. Albacete entero acudió a su despedida, como se merecía. Dámaso tenía una naturalísima forma de expresión, llena de sencillez, modestia. Formaba parte de su ser. La grandeza de su inigualable humanidad, para andar por la vida, cautivaba al que lo tratara de cerca. La amistad formaba parte de su abanico de grandes virtudes, que debe servir de ejemplo.De carácter templado y a la vez vigoroso,le sirvió para caminar en el díficil mundo del toreo, dando ejemplo de honestidad, entrega, sabiduría, como figura del toreo de pleno derecho. Era un sabio en el mas sentido de la palabra.
Aunque por este rincón de la baja Andalucía, no actuó con demasiada frecuencia, si dejó buenos recuerdos en Algeciras, El Puerto, donde participó en la corrida del centenario de la Plaza Real y un festival en Villaluenga, en vispera de su reaparición postrera.

En cambio elegía la ganadería de su amigo y buen ganadero Manuel Camacho. En La Quinta instalaba su cuartel de invierno. Dámaso Gónzalez ha sido un torero de esos que prestigiaban a la Fiesta.

José Ortega Cano decidió por voluntad propia, despedirse del toreo en San Sebastián de los Reyes. El destino caprichoso hizo que coincidiera con la muerte su amigo Dámaso Gónzalez. Sin duda el mejor homenaje que hizo a su compañero y amigo fue torear como lo hizo con esa gran verdad y belleza.

A sus 63 años dió un ejemplo para muchos de como hay que estar delante de un toro. Eso se llama vergüenza torera. Solo la fuerza luminosa de su cuerpo y de su alma le ayudó a superar una lidia que resultó magistral, ganándole terreno a cada pase. Chicuelinas y verónicas, llevando empapado al animal, desafiándolo en cada muletazo. Mucho mérito por su valor y pericia. Con el orgullo de su torería demostró que esa es la mayor y eternal de las riquezas. A Ortega Cano le ha costado mucho esfuerzo alcanzar el puesto que ha ocupado.

Desde niño José le gustaba torear y estaba convencido que podía alcanzar la categoría que nadie le puede arrebatar. Sin entrar en la vergonzosa actitud de los dos compañeros de cartel de su última corrida de luces, para nada empaña su ejemplar trayectoria. Arropado por sus hijos, familia, aficionados y los que creyeron en él desde el principio, se fue del toreo con sobrada valentía, honestidad y orgullo.
Atrás quedaron muchas tardes triunfales en ruedos de España, Francia, Portugal y América. Ahora toca disfrutar con los suyos, con la cabeza bien alta, el respeto y cariño de los aficionados y de cuantos le han tratado.

Luis Rivas Asencio
  




Últimas Opiniones

Dos buenos toreros para la memoria. (15 Septiembre 2017)
Paco Bocanegra en el recuerdo (13 Septiembre 2017)
Y Morante dijo ¡basta!......en el Puerto (12 Septiembre 2017)
Triunfal El Juli en el final del ciclo empresarial del abono de El Puerto (31 Agosto 2017)
Fin de Curso (25 Agosto 2017)
El abono de El Puerto al alza aunque con matices (24 Agosto 2017)
El Puerto y sus circunstancias; balance de una temporada (22 Agosto 2017)
Balance en claroscuro para la temporada taurina en El Puerto (21 Agosto 2017)
¿Hasta cuándo Morante? (14 Agosto 2017)
Triste aniversario (21 Julio 2017)


Subir