Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

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30 junio 2001 - Algeciras   -  Cádiz - España

SEPTIMA DE ABONO

LA MANSEDUMBRE IMPIDIÓ EL TRIUNFO

Cartel: Toros de Gavira, desiguales de presencia, nobles y mansos en general. Joselito, ovación y ovación; José Tomás, ovación tras aviso y división; Morante de La Puebla, silencio tras aviso y pitos. Se registró algo más de tres cuartos de entrada en los tendidos.

Algeciras (Cádiz, Esp.) - Ambientazo en Algeciras, segunda de feria. Tarde del clavel. Expectación máxima que no resultó del todo defraudada a pesar del escaso juego y de la mansa, pero noble corrida de Antonio Gavira, ya que la terna, con distintos matices y distinto eco, se mostró muy reticente en las probaturas, porque también hay que decir que hubo algún toro que se dejó, como el primero y el segundo de la tarde.

Pero empecemos por Joselito, al que se le vio templado ante la rajada embestida de un primer toro que iba a marcar la pauta del resto del encierro. Le cuajó a la verónica, a compás abierto, recreándose, acompasando las embestidas con el pecho y cerrando el bello momento con una media. Joselito realizó una faena con temple, sobre todo con dos tandas de naturales con hondura y cadencia.

Por su parte, Morante de la Puebla tuvo muy buena disposición en el tercero. Se empleó el de Gavira en el caballo, pero se rajó en mitad de faena, en una faena que no remontó nunca pero que tuvo detalles de garbo. Eso sí, antes de que el toro se negara a caminar tras los engaños, cuando gastó sus primeros y únicos bríos. Mientras que en el sexto insistió en hacerle la faena en los medios, terrenos poco propicios por culpa del viento y de la mansedumbre del toro.

José Tomás se fue de vacío de Algeciras. Un público que le esperó en todo momento, consciente de lo que puede ofrecerle y que aplaudía cualquier remate. Su actuación se vivió de una forma por la falta de la esperada contundencia de unas faenas que, ante ejemplares mansos y rajados, no tuvieron una medida y una técnica al uso.

Anda el torero buscando nuevas vías de dominio de las embestidas, que quiere encauzar sólo con la colocación exacta y un toque preciso y casi imperceptible por todos menos por el toro.

Tampoco entró dentro de los parámetros lógicos de la ciencia taurina el planteamiento del madrileño con su primer toro, se dio cuenta tarde de que tenía faena, pero terminó cuajando varios naturales limpios y una serie de manoletinas muy ceñidas

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