Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

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15 Marzo 2003 - Plaza de Toros de Ubrique  -  Cádiz - España
 FESTEJO DE LA FERIA DE LA FERIA DE LA PIEL

 

Cartel:  Toros de Badia Hnos. para Jesulin de Ubrique, Rivera Ordoñez y Morante de la Puebla

Fueron seis bombones, o más bien cinco y el complementario. La corrida de Badía fue lo que los taurinos llaman bonita: terciadita, con poca carita, dulzona, suave... Para toros noblones y de buen juego como estos los taurinos acuñan el término chochón, si ustedes me disculpan el bastinazo.

Había un complementario, repito: el cuarto de la suelta. Éste se acordó de la fiereza antigua de la casta villamarta y tiró cornaditas en el capote de Jesulín. Y para estas dificultades tenía Jesulín una receta, andarle para atrás y pulsearlo muy templadamente.

No fue el único con dificultades. Rivera Ordóñez tuvo un primero que se arrancaba nada más montar la espada. Para esto los antiguos tenían una receta, doblarse y dominarlo. Pero Rivera Ordóñez -que es para comérselo pero que no es de muchas tauromaquias- convirtió semejante problema en muro insalvable y perdió el fácil trofeo que la casi repleta plaza de Ubrique estaba ansiosa de entregarle en su primero.

Volviendo a Jesulín nos encontramos al torero de siempre, templándose y gustándose en la suerte y crecido con el toro reservón que brindó a su hija. Cierto es que la corrida no era de Bilbao. Con seis toros como estos no hay ni para la asaúra de uno de Madrid, pero andando se hace el camino y el Jesulín que vimos -que ya de por sí ha cumplido una hazaña vistiéndose de torero- parecía llamado a empresas mayores.

Para esa receta los taurinos tienen una frase que se oyó entrebarreras: "er toro lo a jecho é". Y esa sentencia corre feliz en el callejón y hasta hará fortuna en la crónica de alguno con poca minerva y mucha oreja: El toro lo ha hecho él.

Y mientras la frase corría y el triunfo del de Ubrique era incontestable, Morante y Rivera Ordóñez las pasaban canutas intentando matar a sus almibarados torillos. El de la Puebla cinceló el toreo despacio, lindo y suave en su primero pero es torero que ve el acero y se descompone, como infiel ante la tizona de El Cid, el Mío naturalmente. Fue más breve en su endeble segundo y pudo tocar pelo

Lo mismo le paso a Rivera que arreó con largas en el tercio y hasta toreó mirando al tendido pero no hay otra manera de decirlo: fue muy malo con la espada.


 F.Orgambides- Diario de Cádiz 

Toros en El Puerto © casemo

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