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Por
los indescifrables arcanos de la fiesta se cambió la anunciada
novillada de Martelilla por una de Mercedes Pérez Tabernero Montalvo,
sangre Juan Pedro Domecq, ayer en el festejo inaugural de la temporada
en la plaza de Sanlúcar de Barrameda.
La vacada es de Guillermo Marín Pérez Tabernero, que observaba desde
el tendido el juego de sus pupilos, un ganado que lo dio bueno en
general, porque hubo dos que estaban por encima de la media de bondad,
tercero y quinto y dos por debajo, en maldad, cuarto y sexto. Eso sí,
los buenos muy buenos y los malos, complicados y andarines.
Hubo tres triunfadores, Benjamín Gómez, Antonio José Blanco y Domingo
Díaz, el de la banda de música. Benjamín Gómez porque sorprendió a
todos con su calidad y su tranquilidad de ánimo en su primero, tercero
de la suelta. Muy bien con el capote y muleta, además mató de un
estoconazo a ley y cortó las dos orejas y rabo.
Antonio José Blanco triunfó porque sumó una oreja y dos y le puso
valor y muchas ganas de querer ser torero, que en estos tiempos que
corren no es poco ya que ve uno cada novillero que parece que nos
perdona la vida cuando se pone delante de un utrero.
Y el de la banda porque sopló de lo lindo y bien y fue aplaudido varias
veces, en una de las ocasiones el solista de "Nerva" y no
estuvo mal en la tocata de "En er mundo".
El Poli sin embargo no brilló a la altura de lo esperado en un
novillero con tanto bagaje y veteranía. No entendió a su primero y
anduvo sin ideas para resolver en su segundo, uno de los malos, que fue
al caballo tres veces. Fue una tarde negativa para el de Mérida.
Antonio José Blanco decíamos que fue uno de los triunfadores. Salió
por la puerta grande en solitario porque Benjamín Gómez sufrió un
corte en la mano y pasó a la enfermería. Antonio José, "Tony"
para sus partidarios, le echó valor en el primero, porfiando y bajando
la muleta, con más emoción que estética, y encontró el eco de la
plaza. Cortó la oreja después de dos pinchazos. El segundo de Blanco y
quinto de la suelta fue el mejor de la tarde aunque perdió pies y manos
en ocasiones. Blanco estuvo bullidor y con hambre de triunfo, ligando
bien los muletazos en novillero, hasta cortarle las dos orejas al utrero
después de un pinchazo y una con desarme.
El isleño Benjamín Gómez completó una bonita y torera labor con su
primero, el otro novillo del sorteo. Lo suyo fue muy completo, despacio
en los lances de recibo, original y mecido en el vistoso quite y quieto
y con sabor, cargando la suerte y hundiendo la barbilla, en la faena de
muleta. Utilizó ambas manos y sorteó alguna amenaza a base de tocar
con el engaño. Una colada sin inmutarse y la serenidad que le puso a
todo nos evidenciaron un temple de ánimo muy preciso para ser torero.
Desde los doblones iniciales a las manoletinas, puso empaque y gusto y
para colmo se tiró soberanamente a matar doblando el toro de una
estocada sin puntilla. Las dos orejas y rabo fueron el premio de la
faena de la tarde. Lo que se dice más bien que la mar.
La cruz la tuvo en el sexto, uno de los malos, andarín y reservado,
ante el que opuso firmeza y decisión. Estaba resolviendo con solvencia
la papeleta pero un corte en la mano derecha le dificultó matar y fue
silenciado. Destacamos el gesto de matar -herido- al novillo.
F,Orgambides- Diario de Cádiz
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