Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

20 Agosto 2005 Antequera (Málaga)

TERCER FESTEJO DE FERIA

Rivera a hombros en la Goyesca tras hacer la lidia total

Cartel: José María Manzanares, silencio y saludos con división. Juan Antonio Ruiz 'Espartaco', una oreja y saludos. Francisco Rivera Ordóñez, dos orejas y vuelta al ruedo.

 

  TOROS: Se han lidiado tres toros de Benjumea-Cuvillo (primero, tercero y sexto lugar, éste como sobrero de uno de Gavira sin fuerzas) y tres de Gavira (segundo como sobrero de uno de Cuvillo que se partió un pitón, cuarto y quinto). Noblón el primero. Manso y rajado el segundo. Nonbe el tercero, con clase. Noblón el cuarto. Manso con peligro el quinto. Se dejó el último.

Incidencias: Más de tres cuartos de plaza. Los matadores llegaron en carruajes junto con un cuarto carruaje con mujeres de mantilla, picadores a caballo sin peto, tiro de mulas y un grupo de bandoleros a caballo.

 

Llevaba tiempo Rivera Ordóñez buscando que le saliera un toro al que le pudiera hacer la 'lidia total' con brillantez: pararlo de capote, picarlo, banderillearlo, torearlo de muleta y matarlo a espada. Eso lo había hecho varias veces su padre Paquirri en varias plazas. El tercero de la tarde, noble y con clase, le permitió que fuera en Antequera la primera plaza en la que pudiera demostrar su capacidad para realizar la 'lidia total' a un toro.  Lo paró con la rodilla en tierra y lo lanceó con gusto a la verónica. Cuando el caballo de picar asomaba en el ruedo, mandó bajarse a su picador para montarse él y colocar un buen puyazo, muy medido. Tras el cambio de tercio, también cogió los palos y cuajó un tercio de banderillas excelente, con tres pares -el tercero al quiebro en las tablas- cuadrando en la misma cara del toro de Benjumea, jugando con él en carreras y parándolo a cuerpo limpio en el centro del ruedo. La plaza era ya un clamor. En la muleta llegó un Rivera de toques suaves, inspirado, recreándose con la clase de la embestida del toro de la casa Cuvillo. Muletazos templados y con la elegancia de la mano baja. El final, muletazos mirando al tendido y adornos de rodillas. Dos orejas como justo premio.

     El sexto, de Gavira, sin apenas fuerzas, fue devuelto por otro sobrero, de Benjumea, noblón, que volvió a facilitar una faena de nuevo templada de Rivera. Antes, en banderillas, otro gran tercio del torero. Los derechazos de mano baja en el centro fueron realmente profundos y con calidad. Tenía un nuevo triunfo pero su deficiente uso con la espada, pinchando en varias ocasiones, dejó el premio de la vuelta al ruedo ya a hombros para salir por la puerta grande.

     Espartaco había perdido ocho kilos ante el compromiso de torear, de forma excepcional, esta corrida Goyesca de Antequera. A Espartaco se le quiere mucho en esta tierra. No en vano es el diestro que mayor número de paseíllos ha realizado en este coso centenario. No tuvo suerte en el sorteo y se llevó dos mansos de libro. El segundo titular de Cuvillo se partió un pitón y fue sustituido por uno de Gavira, manso y rajado, Huyó como poseso de los picadores. Espartaco hizo un tremendo esfuerzo para terminar dictando una lección de maestro, inventando a un toro que en el primer muletazo se echó de manso. Entregadísimo y enrazado, como si fuera un chiquillo obligado a arrancar las orejas cada tarde, exponiendo y valiente. Una oreja. El quinto, además de manso, era complicado y medía. En esta ocasión no se podía hacer más que demostrar las ganas y robar algunos muletazos. De nuevo el sevillano, que fue ovacionado al grito de ¡torero, torero!, por encima del toro con mucha diferencia.

     Manzanares tuvo dos toros más que potables, pero en ninguno de los dos terminó de confiarse. Dejó muletazos sueltos y deslabazados en ambos de mucha calidad, pero sin terminar de aprovechar las posibilidades de sus dos astados. 

    

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