Ganadería.
Seis toros de Los Derramaderos, desiguales de presencia y juego
predominando la mansedumbre. El primero, mansito, se rajó y fue
noble pero soso; el segundo tuvo nobleza y fue el mejor del
encierro; el tercero fue a menos y tuvo peligro midiendo al
torero; el cuarto manso con genio; inválido el quinto que terminó
afianzándose y propició el corte de orejas y el sexto manso de
libro.
san
fernando. Excelente predisposición de la terna que vio
recompensado su esfuerzo con la puerta grande a excepción de
Canales Rivera a quien le falló la espada.
La
verdad es que la terna estuvo por encima del ganado, un encierro
que pecó de manso aunque hubo toros con nobleza, pero el cierre
del sexto es un baldón que emborrona cualquier balance, hasta el
más optimista. Y con el optimismo que le debemos a la ganadería
de "Los Derramaderos" tenemos que decir que el balance
ha sido superior al de años anteriores y que esperamos que esta
casa recupere esa casta y nobleza que ha derrochado en otras épocas.
La
corrida tuvo el descargo de que tras el desencajonamiento
permaneció horas en el ruedo, sin querer entrar en corrales,
peripecia que algo tendría que influir en querencias y salidas de
naja.
Quienes
no estuvieron bajos de casta fueron los toreros. Ya se ha dicho
que Canales falló con la espada pero sí que puso de su parte, al
igual que los dos triunfadores, Chacón y Torrecera que dejaron
grandes estocadas.
Empecemos
por el último, Jesuli de Torrecera. Cuando todo el mundo pedía
que despenara de una vez de una estocada en lo negro al ilidiable
y manso sexto, un toro que solamente arreaba cuando lo tenía
seguro y que escondía la cara entre las manos, dejó un
espectacular estoconazo. Nada más que por eso merecía una oreja
a ley, por demostrar que hasta con un manso se puede hacer la
suerte como se debe. Autenticidades como esa cimentan una carrera
grande.
Pero
es que a su primero, tras un pinchazo en hueso, le cuajó un
volapié de aúpa. Así da gusto ver matar a los toros. El
torrecereño tuvo muchas ganas toda la tarde, y me gustó mucho
que parara a su primero con las plantas quietas y enterradas en la
arena, lanceando a la verónica sin probaturas. Eso hoy lo hacen
muy pocos toreros.
Con
la muleta solamente tuvo toro el jerezano en su primero, con el
ilidiable segundo estuvo valiente porfiando pero nada que hacer.
En su primero, violento y que le midió durante la faena, destacó
en los doblones y los muletazos en redondo.
Octavio
Chacón se mantuvo en su tono firme de toreo con asiento y
argumento, con serenidad y haciendo las cosas conforme lo requiere
la lidia. Muy bien con su primero, el más noble de la corrida,
que quitó por chicuelinas y con el que brilló en el manejo de la
zurda. Una estocada contraria, conforme a los cánones, y la
primera oreja. Pausado y paciente con su protestado e inválido
segundo, lo sobó con oficio hasta poder ligarlo por la zurda, una
vez afianzado el animal. También fue buena la estocada que siguió
al metisaca.
Canales
Rivera, muy por encima y con recursos de estilo ante su noblote y
soso primero y poniendo toda la carne en el asador ante su
deslucido segundo.