
Toros en El Puerto
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RESEÑA DEL FESTEJO |
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Real Maestranza de Caballería de Sevilla 1ª de abono / Domingo 16 de abril de 2006 |
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Desangelado
comienzo de Feria de Abril
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Ficha: César Rincón, de verde oliva y oro, silencio y silencio. Morante de la Puebla, de negro y azabache con los cabos blancos, palmitas y saludos con división. Manuel Jesús 'El Cid', de caldera y oro con los cabos blancos, silencio y vuelta al ruedo. |
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Incidencias: Plaza llena. Minuto de silencio en memoria del ganadero Luis Algarra. Todos los toros salieron de chiqueros sin divisa. Primer día de aplicación en la Maestranza del nuevo Reglamento Taurino de Andalucía. Se han lidiado toros de la ganadería de Núñez del Cuvillo, de desigual presentación. El primero fue devuelto por falta de fuerzas por otro astado del mismo hierro. El quinto se partió un pitón al rematar en un burladero y fue sustituido por otro de Pereda. Corto de recorrido el primero. Le faltó fondo y raza al segundo y tercero. A menos, con poco fuelle, el cuarto. El quinto humillaba pero le faltaba recorrido para ligar los muletazos. Noble el sexto, manejable. |
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Desangelada la
tarde inaugural de la temporada taurina en la Maestranza. Brillo
en los preámbulos con la reinauguración de la exposición del
Ayuntamiento dedicada a Manolo Vázquez y el curioso pregón
taurino de Albert Boadella, pero plúmbea la tarde de toros.
Cartel de 'No hay billetes' y los aficionados deseosos de
entronizar a Morante de la Puebla como 'Príncipe' del toreo, y
en menor medida, seguir haciendo a El Cid el torero sevillano
más importante del momento. Todo estaba a favor de un buen
espectáculo... pero falló algo... ¿Los toros? Sí. ¿Los toreros?
Pues también en cierto grado. No se entiende que el ganadero
Núñez del Cuvillo lidiara en fecha tan emblemática una corrida
tan desrazada; más aún cuando en declaraciones previas aseguraba
que venía de lo mejor de su finca. En todo caso, y sólo en un
sentido totalmente optimista, algunas buenas condiciones del
cuarto, de pronta embestida, y el sexto, que desarrolló cierto
grado de nobleza. César
Rincón, con el sobrero primero, estuvo animoso. El toro
embestía humillando -su mejor virtud-, pero tenía escaso
recorrido. Varias coladas terminaron por hacer imposible el
armar faena y tampoco el colombiano terminó de decidirse.
Solvente con el acero. El cuarto salió con mucha alegría de
chiqueros. Emocionante saludo a la verónica de Rincón. Se le
picó dos veces; quizás la segunda en exceso teniendo en cuenta
que entre ambos encuentros con el caballo sufrió una voltereta
al clavar los pitones en el albero. Aun así, el toro seguía
alegre en banderillas. Rincón brindó al público y cuando
pensábamos que iba a iniciar de lejos la faena, citando en los
medios para aprovechar la pronta embestida del toro y su
alegría, se cerró en tablas. Faena de más a menos que terminó
diluyéndose.
Los sevillanos quieren a Morante de la Puebla.
Están deseando de entronizarle, de alzarlos en sus hombros
como costaleros 'semanasanteros' y sacarlo por la Puerta de
Príncipe dos o tres veces. Morante, además, está deseoso
también, y en buen momento. Pero no fue el día. Al segundo le
dejó un buen quite a la verónica, lentas, pausadas, recreándose,
rematadas con una media excelente. La faena siguió en el mismo
son, templadita, muy pausada, demasiado quizás, faltaba ritmo.
Morante se explayaba en estar siempre bien colocado. Hubo
destellos de gran calidad, chispazos de toreo orfebre, pero le
faltó fondo al toro para poder 'romper' la faena. El quinto se
partió un pitón al rematar y fus sustituido por uno de Pereda
que humillaba pero le faltaba recorrido para ligar los
muletazos. De nuevo hubo muletazos sueltos de gran trazo, pero
con altibajos. El Cid
pareció presionado por la tarde, atrapado por la responsabilidad
de gran triunfador de la temporada anterior. Su primero, con
poca transmisión, no ayudaba, pero tampoco los muletazos hacia
fuera del saltereño. En el sexto hubo dos buenos pares de
Alcalareño, que se desmonteró. Ese último de Cuvillo tenía
fijeza y cierta nobleza. La primera tanda fue muy ligada. La
música, demasiado aventurada, comenzó de inmediato con el
pasodoble. Más presión para El Cid. Las siguientes tandas ya no
tuvieron la misma intensidad, salvo un doble de pecho muy largo.
Menos aún con la izquierda, por donde no estaba confiado Manuel
Jesús. Faena compuestita, aparente, pero falta de fondo, que
siembra alguna dudas que debe despejar de inmediato la torería
de El Cid. Con la espada estuvo certero.
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