Toros en El Puerto

RESEÑA DEL FESTEJO

 

 Real Maestranza de Caballería de Sevilla

 2ª de abono /Lunes 17 de abril de 2006

 
Oreja a la firmeza y temple del salmantino López Chaves 
 

Ficha: Ruiz Manuel, que debutaba en esta plaza, de verde  oro, silencio y silencio.

   Domingo López Chaves, que debutaba en esta plaza, de verde botella y oro, vuelta al ruedo y una oreja tras aviso.
   Antón Cortés, de caldera y azabache, silencio y pititos

Incidencias:   Más de tres cuartos de plaza. Por segundo día consecutivo los toros salieron al ruedo sin divisa alguna. Se han lidiado toros de la ganadería de Hijos de Celestino Cuadri, hondos, fuertes y con kilos; una corrida muy cuajada. El primero, basto de embestida, sin emoción, topando. Manejable el segundo, con la emoción de la casta. El tercero embistió apretando para los adentros. Parándose el cuarto, aunque tuvo cierta nobleza. Manejable, con interés, el quinto. Esperando y complicado el último.

 

     Los toros de Cuadri, por volumen, por cuajo, por hondos, y también por fondo en varios de ellos, mantuvieron la atención alerta durante toda la tarde de toros en la Maestranza. Después del mal inicio del Domingo de Resurrección, la importancia del toro serio fue un alivio para los aficionados. Recuérdese que siempre se le ha llamado 'Fiesta de los toros', y por ahí debe comenzar la historia: porque en el ruedo exista el toro. De los de Cuadri, segundo, cuarto y quinto tuvieron cualidades positivas, entendiéndose dichas cualidades dentro de las propias complicaciones del toro con sangre encastada, no del toro facilón o dulzón de otros muchos hierros.

López Chaves con la primera oreja del ciclo.    Domingo López Chaves se presentaba en la plaza sevillana como matador de alternativa. Tarde bastante completa del salmantino, con el resultado de vuelta al ruedo y una oreja. Excelente carta de presentación para los aficionados cabales. Su primero, un serio toro de 600 kilos, desarrolló ya de capote 'guasa' por el pitón izquierdo, venciéndose hacia el cuerpo del torero. Muy sereno, el salmantino fue armando pacientemente una faena basada en ese pitón derecho. La importancia y buena colocación presidió todo cuanto le hizo. Una tanda por el izquierdo, mediada la faena, también alcanzó buen nivel. Ya con la música sonando logró series de  derechazos muy meritorias, cuyo secreto fue dejarle la muleta muy puestecita delante, para engancharlo muy cerquita del hocico con el engaño. Mató de estocada caída y eso restó un mayor premio que una vuelta al ruedo muy aplaudida.

     Con mayor expectación se le esperaba en el quinto después de comprobar los sólidos argumentos del toreo de López Chaves en el segundo. Le costaba embestir al quinto. Lo fue sobando el menudo torero, con paciencia, en una primera mitad de faena más técnica que estética, perfecto en las distancias, muy firme y serio. Fue entonces cuando el toro, metido ya en la canasta, embistió con mayor largura y se sintieron muletazos largos y profundos. Daba gusto ver el temple de López Chaves con un toro tan serio. Entró derecho a matar y logró agarrar la estocada, cortando una merecida oreja.

     Ruiz Manuel también se presentaba como matador en la Maestranza. Su primero, bastote de movimientos con sus 615 kilos, topaba más que embestía. El almeriense resolvió bien, solvente y serio. En el cuarto se vivió uno de los momentos más emotivos de la tarde cuando el banderillero Damián Ramón cayó con los palos, a merced del toro. El tercero de la siguiente cuadrilla, Alberto Hernández, perfectamente colocado, metió la puntita de su capote justo en el momento necesario para distraer al toro y salvar de la cierta cornada que se avecinaba. Los aficionados le obligaron a saludar. Ruiz Manuel estuvo afanoso con un toro que se fue apagando tras tres fuertes varas, muy aplomado a partir de la tercera tanda de muletazos.

     Si Antón Cortés es un artista del toreo, que se anuncie con los toros 'artistas' de la zona gaditana. Los de Cuadri ni son artistas ni son de Cádiz: son toros-toros y de Huelva. El tercero apretó en banderillas y eso terminó por minar el escaso espíritu del torero gitano, perdido en una especie de probaturas y breve macheteo para matar de estocada que asomó. Para terminar de desbaratarle su nula confianza, el sexto se llevó encampanado a su banderillero Antonio Layú, que saldó el tremendo porrazo sólo con una brecha en la frente. Tras un tercio de banderillas con peones demasiado aterrados, Antón Cortés nada hizo; cantado estaba y casi hasta contado.

 

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