La tradicional corrida del Corpus en la Real Maestranza se ha
saldado con la oreja lograda por el sevillano Salvador Cortés en
el tercero de la tarde, una oreja que suma a las otras dos
logradas en su alternativa de la Feria de Abril. Este nuevo
triunfo debe servirle al joven espada sevillano para abrirse
nuevos contratos en otras plazas de importancia.
La corrida del Conde de la Maza ha sido muy seria,
astifina y armada. Animales de demasiado trapío para tres
espadas que se inician practicamente en el escalafón de
matadores. Los tres, a distintos niveles, estuvieron solventes
con los seis toros. Cortés fue el triunfador. Entregadísimo,
planteó faena en los medios a su primero, un astado noble y con
transmisión que comenzó blandeando en los primeros tercios.
Cortés le dejó buenas tandas por el
derecho y muy buenos naturales, ligando y templando. Faena
compacta y sólo le faltó un tranco más al toro para haber
redondeado faena a mayor nivel. Estocada algo caída que dejó
paso a la oreja. El sexto, parado y descastado, fue imposible.
Octavio Chacón debutaba como
matador en esta plaza. El gaditano gustó por su seriedad.
Entregado con el manso primero, Chacón no pudo hacer más que
demostrar sus ganas ante el reservón animal. No era fácil estar
delante de un toro que siempre tendía hacia las tablas. Hubo
buenos derechazos y los de pecho tuvieron gusto. Tras la
estocada recibió una ovación en el tercio. Mismo resultado tuvo
del cuarto, un toro sin clase al que le robó muletazos
templados, demostrando estar por encima de las condiciones del
astado.
El sevillano Manuel Escribano
también debutaba como matador en esta plaza en la que destacó en
su etapa de novillero. En su primero puso banderillas con
oficio, jugándosela a corazón abierto en un par al quiebro
pegadísimo a tablas; el pitón le rozó la barbilla. Antes también
se la había jugado en un quite por chicuelinas apretadísimas del
que salió arrollado. Este toro se lo brindó a su amigo, paisano
y mozo de espadas David Santos, cuyo hermano menor, de 20 años,
fue asesinado de una puñalada hace escasamente 15 días en su
pueblo de Gerena. El propio Escribano lucía crespón negro de
luto en su chaquetilla, ya que al ser del mismo pueblo eran
amigos. El toro en la muleta fue imposible, parado. En el quinto
se lesionó un tobillo al iniciar faena y ya quedó muy mermado
para poder doblegar la violencia de un astado con genio. Con la
espada estuvo mal en los dos.