
Toros en El Puerto
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RESEÑA DEL FESTEJO |
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Real Maestranza de Caballería de Sevilla 13ª de abono /Viernes 28 de abril de 2006 |
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Puerta del Príncipe histórica e incontestable para Salvador Cortés
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Ficha: Javier Conde, de negro y oro, pitos tras aviso y pitos. David Fandila 'El Fandi', de negro con verde, y azabache con oro, saludos y saludos. Salvador Cortés, de azul y oro, dos orejas y dos orejas.
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Incidencias: Plaza
llena. Se
han lidiado cinco toros de la ganadería de Parladé y uno -el
segundo, como sobrero- de La Dehesilla. Noble, con recorrido, el
primero. El sobrero segundo, complicado, sobre todo por el derecho.
Noble, con un gran pitón izquierdo, el tercero. También fue bueno el
cuarto, sobre todo por el izquierdo. Sin fuerzas el quinto,
desfondado. Noble el sexto, con recorrido y fijeza. |
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Ignoro el tiempo que habrá transcurrido desde las últimas cuatro orejas cortadas por un mismo diestro en la Maestranza en la misma tarde ante dos astados. Muchos años, seguro que más de dos décadas que alcanzan mis ojos. Quizá lo vería el padre de Salvador Cortés, Luis Mariscal, que no triunfó como torero y tuvo que ganarse la vida honradamente como banderillero. O quizás también lo viera su tío, Pedro Mariscal, otro torero que tuvo que dejar los sueños de matador por el de banderillero cabal. Quien seguro que no lo ha visto nunca hasta ahora es su primo, Pepe Luis García, que después de algunas actuaciones lucidas en la Maestranza vio cómo la dureza del toreo echaba por tierra sus ilusiones de seda y oro y ahora vive retirado de la profesión. Tampoco recordará cuándo fue la fecha de un hito como el de hoy el hermano mayor de Salvador, Luis Mariscal, que también en su momento, de novillero, abrió la Puerta del Príncipe pero después de doctorarse de matador las cosas no rodaron y ahora está inactivo. Una familia entera buscando la gloria, cinco toreros de un mismo tronco y éste último vástago, Salvador Cortés, que logra hacer realidad el sueño de todos ellos.
Tenía las dos orejas cortadas en el esportón y estaba a punto de salir el sexto. No fue conservador y cruzó el ruedo. La ovación de la plaza acompañó su recorrido. Hay que tener casta para irse a toriles y jugarse el porrazo que le impida la posibilidad de una Puerta del Príncipe, dejando aparte el mayor riesgo de una seria cornada. Allí se puso Cortés, el 'Salvador' de la Feria de Abril. De rodillas. Desnudo de ventajas ante el astado. La portagayola salió apurada y el toro se revolvió. Cuatro capotes se aprestaban a auxiliar al matador pero los reflejos del joven torero le hicieron reaccionar bien y pronto y, ya en pie, lances emocionantes, puro nervio, pura pasión, pura entrega, con una media chulesca de torero. La plaza en pie, la música sonando y el torero obligado a saludar de capote. Cogió la montera y se fue en busca de alguien. Era su hermano mayor, el matador de toros Luis Mariscal. Sabía Salvador que estaba a punto de abrir la Puerta del Príncipe, lo que logró su hermano de novillero encerrándose con seis novillos de Espartaco, pero que después el destino quiso que no llegara a más en la profesión. Emocionante detalle de torero. La faena a otro toro noble y con recorrido -a los dos toros practicamente los dejó enteros, sin picar- estuvo de nuevo presidida por el temple y la ligazón. También lo citó de muy largo, con la muleta adelantada, embarcándolo en la franela e hilvanando suaves los muletazos. Dos tandas por el derecho, otra perfecta por el izquierdo, los detallitos por bajo para cuadrarlo y el estoconazo. Así se cortan dos orejas en Sevilla. Dos más dos, cuatro. Su hermano se tiró al ruedo, salió al albero y le devolvió llorando la montera del brindis. Lloraban los dos abrazados. Después, en volandas, sus banderilleros, sus dos picadores y toda Sevilla se llevaron a su nuevo torero por la Puerta del Príncipe. La gloria. Por todo esto, que no le pongan ni un sólo 'pero' al triunfo incontestable e irreprochable de Salvador Cortés. Yo le pongo uno. Sólo un 'pero'. Salvador: después de las tres orejas que lograste el año pasado en Sevilla, la negativa posterior de la empresa a que sustituyeras a El Cid en septiembre pasado con los seis toros, y haberte dado este año sólo una corrida, esas cuatro orejas se las tendrías que haber entregado en mano en el callejón a los empresarios, Eduardo Canorea y Ramón Valencia. Si te lo piensas mejor, ya sabes: las metes en una cajita, la cierras y las mandas por Seur a sus oficinas de la calle Adriano, y les pones una nota que diga "En 2005 fueron 3; en 2006 son 4: ¿Son suficientes orejas para venir el año que viene el Domingo de Resurrección?". Del resto de la corrida cabe destacar el espectáculo en banderillas de El Fandi. Después, en la faena, bajó la nota en su primero, áspero y complicadito, pero ante el que se esperaba más de un torero poderoso como el granadino. Su segundo se echó de falta de fuerzas, desfondado. Por cierto, ¡qué feísimo el vestido de El Fandi!. De Conde no merece la pena ni hablar. Se vistió de luces, hizo el paseíllo y se dejó ir dos toros buenos; cobrando, supongo. Se fue entre almohadillas.
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Toros en El Puerto © casemo
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