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Este trabajo de ver corridas de toros y luego hablar o escribir de ellas no es
precisamente un trabajo agradecido, ni falta que hace, porque por ello a ciertos
críticos de antaño les pusieron el marchamo de "sobrecogidos", que es una forma
elegante de decir que recibían los sobres que los mozos de espadas entregaban a
los plumillas del lugar para que hablaran bien de sus toreros.
Entre los que nos dedicamos a esto hay quienes no gustan de ser llamados
"críticos" y prefieren llamarse cronistas, redactores o comentaristas y en
realidad cada uno es cada uno. El critico es el que critica, diga bien o diga
mal sobre la obra vista atendiendo al criterio de su entender del tema. El
cronista es el que hace la crónica de lo visto atendiendo al "tempo", a la parte
según su desarrollo. El redactor es el que escribe o dice la noticia de lo
sucedido en el espectáculo y el comentarista el que relata lo sucedido en tiempo
real o pasado de lo acontecido.
Se suele tener en cuenta a la hora de denominar a los oficiantes del periodismo
taurino el medio de comunicación para el que trabajen. Por ejemplo el critico
pega más en un periódico, el cronista y el redactor en un semanario y el
comentarista se asimila más a la radio o a la televisión. En cualquier caso ídem
de ídem.
Decía Ortega y Gasset que la critica es un sacramento de muy difícil
administración y es una verdad como un templo. Por ello el que la firma debe ser
una persona en la que prime la objetividad, el equilibrio y el conocimiento del
asunto y aunque se sabe que no siempre es así, lo mínimo que se puede pedir a un
critico es la dignidad de servir a la verdad de lo visto con las justas gotitas
de subjetividad que siempre ha de llevar la personalidad del que firma. No es
este un articulo para hacer la historia de los periodistas taurinos pero viene a
pelo el decir que hubo un tiempo en el que el publico de toros sabía donde se
ubicaban las localidades de los críticos, por ejemplo: Angel Caamaño "El
Barquero", José de la Loma "Don Modesto" y Alejandro Pérez Lujín "Don Pío".
Verán sobre la prensa taurina ha recaído siempre, antes más que ahora, la losa
del servilismo, pero lean con atención a quienes prestaban sus servicios estas
insignes plumas: Don Pío era el cronista de Joselito el Gallo, Don Modesto el
cronista de Bombita y luego lo fue de Belmonte. El Barquero el de Vicente
Pastor.
Por situar en el tiempo el comentario debo decirles que esto es el fin del siglo
XIX y el primer cuarto del siglo pasado y que con la llegada de la modernidad es
cuando también Corrochano comienza la "modernización" de las reseñas y figúrense
cuanta modernización que llega a publicarse un semanario taurino de tan original
nombre como este: The Kon Leche. En el se animaban las disputas entre los
gallistas y belmontistas, disputas que lo eran sólo de plazas a dentro porque de
ellas a fuera Gallito y Belmonte eran muy amigos. El The lo fundó Curro
Castañares.
Este articulo que cabalga entre la nostalgia y la ética del periodismo taurino
me lo ha sugerido, a las puertas de la feria más importante del mundo un anuncio
curioso. En este mes de mayo uno de los portales taurinos que cuelgan de la Red
de redes lanza una oferta de trabajo para un periodista que coordine "la pagina
web de un torero español de primera categoría... que identifique y contrate
cronistas y fotógrafos para cada corrida que toree el matador..."
Algunos de aquellos plumillas antiguos aceptaban sobres de los toreros para
hablar bien. El hambre era mucha y la ética poca. Otros compraban los espacios a
los periódicos o las radios para revenderlos a los toreros. La necesidad de
trabajo podía más que la ética inventando de paso lo que los americanos llamaron
décadas después, Paper View. A partir de la segunda mitad de la década de los
sesenta aparecen en escena, periodistas serios a los que sus medios les
compraban las barreras de las corridas de toros y les pagaban sus sueldos,
consolidándose ya en los setenta y ochenta una forma de hacer critica más
ecuánime y menos presionada, aunque en honor a la verdad el demonio que siempre
anda suelto mudó la pleitesía de los sobres por invitaciones a fincas y comidas
opulentas.
Quizás lo que significa el anuncio del portal taurino es que volvemos a los
tiempos de antes en los que los toreros pagan a los periodistas por "cuidar" sus
carreras o quizás todo esto sea tan nuevo como lo que se observa en las actuales
grandes cadenas de radio y de prensa que sin escrúpulos están sirviendo a
determinados grupos políticos para que con su influencia obtengan los votos
necesarios para alcanzar el poder. Cuando no es el dinero, es el poder que
sabemos corrompen al dignifican.
Agustín Hervás
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