La
Consejería de Cultura vuelve a la carga
para conseguir que el toro de Osborne
tenga la consideración de monumento.
Fuentes consultadas en la Junta de
Andalucía confirman que se han vuelto a
abrir expedientes para conceder algún
tipo de protección a una silueta que
trasciende a la publicidad para ser un
elemento del paisaje apreciado y querido
por el 75% de los españoles (según
revelaron encuestas en 1998, cuando el
toro estuvo al borde del matadero por la
nueva ley de carreteras). Hace año y
medio el Tribunal Supremo anuló la
declaración de Monumento del Patrimonio
Histórico Andaluz hecha en 1996 por
defectos de forma.
Las fuentes consultadas no precisaron
qué figura jurídica se va a emplear
ahora. Sólo que no se ha abierto un
expediente para los 38 toros andaluces
(se estima que en toda España hay unos
90) como en la vez anterior. Según la
Ley, desde que el Supremo anuló el
intento anterior de protección habría
que esperar tres años para iniciar de
nuevo el procedimiento. Así que ahora se
ha optado por otra fórmula: abrir un
expediente por cada uno de los 38 toros.
En Jaén sólo hay uno, en Santa Elena. El
primero que se ve al entrar en
Andalucía, o el último antes de salir de
la comunidad por la A-4 (kilómetro 261,
sobre un tentadero de reses bravas que
domina un paisaje de dehesas). En la
Junta confirman que el expediente de
este toro es «de los que van más
avanzados».
Precisamente este toro de Santa Elena es
el que ha provocado la repetición del
proceso. Aunque la causa real fue un
fallo de la Junta de Andalucía a la hora
de tramitar el expediente: se le pasó de
plazo por un mes, pues inició el
expediente de protección el 14 de
octubre de 1994 y el 13 de noviembre de
1996 dictó la resolución final, cuando
tenía dos años para hacerlo.
Finca de reses bravas
En estas que el ganadero de Santa Elena
Apolinar Soriano -renombrado criados de
reses bravas que tiene un toro plantado
en su finca junto a la A-4- consideró
que la protección de la silueta del
animal «limitaba de manera importante
los derechos sobre un bien de su
propiedad, porque gran parte de la finca
había sido incluida en el entorno del
monumento».
Además, alegó infracción del derecho a
la propiedad reconocido por la
Constitución y nulidad por agravio
comparativo respecto a las imágenes
instaladas en otras comunidades.
La orden de la Junta obligaba a los
propietarios de tierras en las que
estuviese enclavado alguno de los 38
toros andaluces a conservarlo y reparar
sus paños, chapas y estructuras.
También les exigía autorización previa
para cualquier obra, cambio de uso,
trabajos de pintura e instalaciones del
entorno, y se creaba «de hecho una
servidumbre de paso». Así que el
ganadero jienense recurrió a los
tribunales y ganó. Primero en el TSJA,
en 1999. Y en 2006 en Tribunal Supremo
le dio definitivamente la razón,
argumentando la excesiva lentitud de la
Junta en los trámites. El ganadero ya
dijo al conocerse la sentencia que no
pensaba tocar el toro de su finca, pero
que quería que se respetasen sus
derechos.
La del Supremo no fue la única vez que
los tribunales se pronunciaron sobre el
toro de Osborne en 2006. La Audiencia de
Sevilla llegó a asegurar que la imagen
es «patrimonio artístico de los pueblos
de España» (en la sentencia que condena
a varios comerciantes que vendían
objetos para turistas con la mítica
silueta sin pagar los derechos de autor
a sus legítimos propietarios). La Junta
quiere ahora que sea el toro sea
monumento con todas las de la ley.

