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112.1 Campero:
El (15-01-1888), Campero, de la
vacada mexicana de San Diego de los Padres, propiedad del Lic. don
Nicolás González Jáuregui, lidiado en Puebla de los Ángeles (México)
el citado día, hirió de muerte al banderillero Juan Romero (Saleri).
Sin embargo, los cronistas taurinos mexicanos AB y ABB, sobre dicha
corrida dicen:
«El (15-01-1888), el banderillero
español Juan Romero (Saleri), de la cuadrilla sevillana de
Diego Prieto (Cuatro Dedos), resultó mortalmente herido en la
ingle izquierda por Campero, de la ganadería mexicana de San
Cristóbal la Trampa, en la colonial ciudad mexicana de Puebla de los
Ángeles.» Una de las plazas que inauguró, la tarde del día
(15-01-1888), fue la que se levantó en Bucareli, en el corazón de la
ciudad de México. El célebre torero se asoció con el general José
Ceballos, gobernador a la sazón del Distrito Federal, y con don
Quintín Gutiérrez, acaudalado comerciante español, para construir
dicho coso, ubicado en la sexta calle, cruce de Bucareli y
Barcelona, con capacidad para diez mil espectadores. La inauguró
precisamente el diestro Ponciano Díaz, encerrándose con seis astados
de varias dehesas mexicanas: dos de Jalpa (Zacatecas), dos de
Estancia Grande y dos de Maravillas, teniendo en la lidia de los
seis astados una de sus mejores tardes en la plaza de México.
Una de las plazas
que inauguró, la tarde del día (15-01-1888, fue la que se levantó en
Bucareli, en el corazón de la Ciudad de México. El célebre torero se
asoció con el general José Ceballos, gobernador a la sazón del
Distrito Federal, y con don Quintín Gutiérrez, acaudalado
comerciante español, para construir dicho coso, ubicado en la sexta
calle de Bucareli y Barcelona, con capacidad para diez mil
espectadores. La inauguró precisamente Ponciano Díaz, encerrándose
con seis astados de varias dehesas mexicanas: dos de Jalpa, dos de
Estancia Grande y dos de Maravillas, teniendo en la lidia de los
seis astados una de sus mejores tardes en la Ciudad de México.
***La tarde del
(15-01-1888) se inauguró la plaza de toros Bucareli, en la ciudad de
México, D. F. La expectación que se formó ante tal acontecimiento
fue de época: «De morado y oro vestía el torero, traje que le trajo
de España Diego Prieto (Cuatrodedos). Los toros fueron de la
ganadería de Cofradía (Jalpa), de don José Arechiga, y de
Maravillas, reses de romana y de buena edad, pero bastos y con poca
sangre brava. No obstante, por el poder que tuvieron hicieron en el
primer tercio pelea que dejó contentos a los concurrentes que
juzgaban de la bravura de ellos por el número de batacazos que daban
a los picadores. A banderillas y muerte llegaron aplomados y dando a
conocer la mansedumbre, pero exceptuando el lidiado en el quinto
turno, que tuvo intención aviesa, los otros no la adquirieron y se
dejaron torear sin exceso de peligros.»
Ante la expectación que
causó el anuncio de la propia plaza de Ponciano Díaz, acude uno de
sus más entusiastas seguidores: su propia madre. Para ella fue el
brindis del toro que abre plaza: «Por mi Patria y por ti, Madre
mía... La Providencia ha querido que preste a tu vejez el humilde
fruto de mi trabajo.» «De inmediato se fue al toro completamente
solo y le dio al bicho cuatro naturales, tres cambiados, cuatro
redondos y dos a su modo, levantando la espada, apuntó con suma
atención sobre la cruz del lomo, y Ponciano se fue acercando muy
poco a poco, en línea recta y pasito a pasito al toro, a la vez que
le hizo ligeros movimientos con la capa para llamarlo. Llegado a
cierta distancia se paró, y quedó inmóvil, siempre con la punta de
la espada dirigida al lugar expresado. Por fin el toro se arranca,
con suma velocidad, y el torero haciendo un ligero movimiento con la
capa, le clava al toro en medio en el expresado centro toda la
espada que según los taurófilos es el lugar donde debe entrar y
quedar colocada.»
«No fue suficiente y de un
descabello liquidó al enemigo. Las ovaciones fueron grandiosas y
tres bandas de música tocaron dianas en honor del diestro. En el
intermedio del segundo y tercer toro, Ponciano lazó un caballo
bruto, pie a tierra, que le ganó otros tantos aplausos. Al concluir
el festejo, ,el torero que vestía traje de charro montando un
hermosísimo alazán tostado, dio tres salidas en falso con mucha
guapeza, manejando magistralmente su cuaco, y puso dos pares y medio
de banderillas, bonísimos aquellos, regular el último. Bajó del
caballo entre nutridos aplausos y brindó en los medios del
redondel, al sol y a la sombra, y le dio al toro tres naturales, un
redondo y un metisaca perfecto...»
Tan pronto como terminó la
temporada en Bucareli, comenzaron a darse diversos juicios de valor
sobre las actuaciones de Ponciano en ese años de 1888. Una crítica
razonada y lógica, fue la que emitió El Partido Liberal, con su
cronista Capita, quien escribió:
«Después de haber asistido
a las siete corridas que ha dado la excelente cuadrilla de
Mazzantini en Colón, tuve la pésima humorada de ir el último domingo
a la corrida que hubo en Bucareli. Me arrepentiré una y mil veces de
haber tenido tan malhadado gusto.» «Yo creía que la venida al país
de toreros de verdad, Ponciano y su cuadrilla procurarían adelantar
el arte que tratan de ejercer; pero nada, van como el cangrejo; y
esto es debido a que Ponciano, en medio de tantas cualidades como le
adornan, tiene el defecto de creer en las adulaciones de su amigos,
que piensan que el diestro se eleva con sus alabanzas y lo que hacen
es perjudicarle.»
Diego
Prieto Barrera (Cuatrodedos) organizó por su cuenta
una corrida en la plaza de Puebla de los Ángeles (Puebla, México),
para matar él y el Zocato seis toros de San Cristóbal de
Tampa. Dio comienzo la corrida con mucho interés y entusiasmo porque
los tres primeros toros salieron muy bravos. Juan Romero (Saleri)
pareó al segundo en unión de Blanquito, poniendo dos
estupendos pares, uno al cuarteo y otro a toro parado. Apareció el
cuarto toro, llamado Campero (*), berrendo en negro, y
resultó manso, por lo que el público pidió su vuelta al corral. No
accedió el presidente a la petición y sucedió lo siguiente,
explicado por Blanquito en una carta dirigida a un amigo de
Sevilla:
«Puebla,
(18-01-1888).-Apreciable amigo José: El contenido de ésta es para
manifestarle la desgracia ocurrida de su compadre; sabrá usted como
el día 15 de enero toreamos en este pueblo por primera vez, con un
entusiasmo atroz, y sobre todo, con el difunto. Salimos toreando y
no hemos oído más palmas nunca. Diego, en la muerte estuvo muy bien,
y todos y su compadre; ha sido una de las tardes que hemos gozado
más. Al mismo toro de la desgracia dio un cuarteo con la garrocha en
la mano, el mejor que ha dado en este mundo; calcúlese lo que se
armaría, pero entre Diego y el Morenito echaron una riña con
él para que no lo saltara. Era un toro que de torearlo estaba manso,
y usted sabe lo cansado que él se ponía.
El público, al
ver las demostraciones, se echó encima chillando, y le brindó el
toro al gobernador de ésta; ya aquí es donde no nos pudimos explicar
lo que iría a hacer; no lo sabia más que Dios y él. La cuestión.
Citó al toro, se le arrancó, y él, lo mismo, sin saltar y sin hacer
nada; se mete en la cara del toro como un tonto, como un muerto, es
decir, como una estatua, inmóvil y sin moverse, sin saber lo que
pasaba, asustado. En el momento no hizo el toro más que meterle la
cabeza, y todo fue un pronto, engancharlo y dejarlo caer en seguida;
ni derrotó, ni se movió el toro para nada, ni lo detuvo en la
cabeza; pero en ese pronto, cuando cayó para el otro mundo, no hemos
tenido el consuelo de oírle hablar nada. Yo me llevé el toro, y
cuando lo cogieron muerto, era menester ver el cuadro: todos
llorando, y al instante suspendieron la corrida. El público,
superior; la cornada parecía la picada de una avispa, en la ingle
derecha, en el nacimiento del empeine; no echó ni una gota de
sangre. Sobre la cuestión de su entierro mandó el gobernador una
razón: que él lo costeaba todo, no dejando pagar nada; y el día del
entierro fue el desborde de 7.000 personas. El domingo, o sea el día
22 del mismo mes, es el beneficio para la familia y otro en México.
Le mandaré noticias; todo lo suyo lo ha guardado Diego, y se ha
hecho inventario. Sin más, su seguro servidor, Blanquito.»
Recortes describe así la desgracia: «Salió el cuarto, Campero...,
que resultó un completo buey. Se emplazó en los medios sin hacer
caso de capotes ni caballos, hasta que pasados unos minutos comenzó
a correr por la plaza buscando la salida. El público pidió fuese
devuelto al corral, a lo que no accedió el presidente, y entonces
Juan Romero Fernández (Saleri,) –nacido en Sevilla en 1861-,
que vestía de verde botella y plata, cogió la garrocha para dar el
salto, su suerte favorita, en la que tanta seguridad tenía y por la
que obtuvo tantos aplausos en cuantas plazas la ejecutó... Dio un
recorte a cuerpo limpio y después citó con la garrocha; pero viendo
que el toro no acudía disminuyó la distancia avanzando unos pasos.
El toro se encampanó, arrancó de pronto y el banderillero clavó en
el suelo la garrocha elevándose en el aire: el toro se quedó en la
suerte y en el aire enganchó al diestro por la ingle izquierda,
introduciéndole el asta como unos cuatro centímetros. Derrotó de
nuevo y lo recogió, causándole una herida en la frente. El torero se
levantó con mucho trabajo, se llevó las manos al vientre y cayó al
suelo, donde lo recogieron sus compañeros; antes de llegar a la
enfermería se puso en pie, dio unos cuantos pasos y cayó de nuevo,
exclamando: ¡Dios mío, sálvame! ¡Virgen del Carmen! El parte
facultativo decía: «Como el señor juez, que tuvo que intervenir en
este asunto, no ordenó que se hiciera la autopsia, necesaria, no se
puede decir cual fue la verdadera causa de la muerte de Juan Romero
(Saleri). La segunda herida estaba situada en la fosa ilíaca
izquierda, a tres centímetros arriba de la parte media del pliegue
inguinal correspondiente, de dirección casi paralela a la de dicho
pliegue, y de cinco centímetros de longitud. Esta herida penetró en
la cavidad abdominal.» En plena popularidad, acabó la vida de Juan
Romero (Saleri), cuya campaña ante los toros fue breve, pero
brillante. Ejecutaba las suertes con arrogancia, bizarría y
habilidad, y cayó vencido en la arena cuando su porvenir se le
presentaba lleno de promesas gloriosas.
(*)
Otros dicen que se llamó Marinero,
de la vacada de San Diego de los Padres, propiedad del Lic. don
Nicolás González Jáuregui, lidiado en Puebla de los Ángeles (Puebla,
México) el citado día e hirió de muerte al banderillero Juan Romero
(Saleri). Sin embargo, los cronistas taurinos mexicanos AB y
ABB, agregan sobre dicha corrida y dicen: El (15-01-1888), el
banderillero español Juan Romero (Saleri), de la cuadrilla
sevillana de Diego Prieto (Cuatro Dedos), resultó mortalmente
herido en la ingle izquierda por Campero, de la ganadería
mexicana de San Cristóbal la Trampa.
113.2 Campero:
El (16-08-1925), debutó en la antigua
plaza El Toreo de la Condesa (ciudad de México, D. F.), la ganadería
mexicana de Xajay, propiedad del extinto don Juan Sordo Madaleno, en
cuya corrida salieron al ruedo cuatro novillos de bandera y dos
becerros de pilón, llamado uno de ellos Pegajoso, siendo el
primero, Queretano, novillo bravísimo y de bella estampa, que
fue lidiado, al igual que los restantes, correspondiéndole a
Porfirio Magaña, que alternó mano a mano con el más tarde orfebre
tapatío, Pepe Ortíz. Queretano dio una lidia ejemplar
y sus despojos fueron ovacionados por el respetable.
El segundo en lidia fue Perlito,
que fue tan notable como sus hermanos, siendo lidiado en quinto
lugar por Porfirio Magaña, al que le realizó memorable faena. Este
novillo, Perlito recibió las aclamaciones del público al ser
arrastrado; el tercero, Campero, con el que el genio creador
de Pepe Ortíz, rayó a gran altura, dada las excelentes condiciones
de tan bravo bovino; y cerró con broche de oro la ganadería de Xajay
con Romancero, noble y encastada res, que permitió a Pepe
Ortíz colocarse como figura entonces de la novi-llería mexicana, que
lo llevaría a la alternativa poco después, concretamente el
(02-11-1925), de manos del torero sevillano Manuel Jiménez (Chicuelo
II). Y, por último, salieron al final de ese festejo, los
señalados al principio como de pilón, que no eran otros que dos
becerros de la misma ganadería de Xajay, llamándose el mejor de
éstos Pegajoso, que fue lidiado por Fermín Espinosa (Armillita),
al que el niño torero lidió como una consumado maestro, volviendo
loco al numeroso respetable que esa tarde memorable abarrotaba los
tendidos.
114.3 Campero:
Se lidiaron dos toros de bandera, el
primero, Campero, y el segundo, Sultán, de la
ganadería mexicana de Santín, propiedad de los Herederos del Ing.
don Agustín Cruz Barbosa, en la memorable corrida celebrada en El
Toreo de la Condesa (ciudad de México, D.F.) el (08-12-1926), a
beneficio del empresario don Ramón López, impulsor de la fiesta
brava en México. Correspondió Campero al inspirado torero
andaluz Juan Luis de la Rosa, al que le realizó una emotiva faena
que le valió los aplausos del público, siendo ovacionado el toro en
el arrastre. En el mismo festejo, el segundo toro ya señalado -Sultán-
de la misma ganadería de Santín, de la fecha citada, le tocó en
suerte al diestro madrileño Fausto Barajas, el que lo banderilleó
haciendo alarde de sus facultades, aprovechando que el astado se le
arrancaba de tercio a tercio, en los tres pares que le colocó de
poder a poder, ante una afición que aclamó a toro y torero. En esta
corrida también actuaron Nicanor Villalta y Victoriano Roger (Valencia
II). En la parte final se corrieron cuatro novillos de la misma
vacada, para Fermín Espinosa (Armillita) y Edmundo Maldonado
(Tato), novilleros en aquellos días era admirados
fervientemente de toda la afición mexicana.
115.4 Campero:
El (02-11-1969), la plaza de toros de
Torreón (Coahuila, México), quedó vestida de lujo al ser escenario
de otro triunfo más de la ganadería mexicana de Zacatepec, propiedad
de don Daniel Muñoz, pues esa tarde se lidiaron cuatro de los seis
toros de la corrida, que fueron de bandera; el primero, Campero,
fue desorejado por el gran torero de Monterrey, Eloy Cavazos, tras
realizar una emotiva y completa faena; el segundo, Gladiador,
le tocó en suerte a Curro Rivera, que echó sobre él toda una
gama de toreo alegre y espectacular, haciendo vibrar de emoción y
entusiasmo al nutrido respetable; el tercero, Presumido, que
como sus hermanos dio una lidia ejemplar, caracterizándose por su
bella estampa y demostrando su solera brava y raza durante toda la
lidia; el cuarto, Cantaor, fue el broche de oro de aquel
memorable festejo en Torreón, que como si sus embestidas armónicas
fuesen coplas flamencas que brotaran en el rancho, cantadas para en
aquellos años jóvenes diestros Eloy Cavazos y Curro Rivera,
así como también para la divisa de colores plomo y rojo, nos refiere
el erudito y escritor taurino don Agustín Linares.
116.5 Campero:
El (18-04-1976), salieron al ruedo de
la plaza de Ciudad Juárez (Chihuahua, México), dos toros de bandera;
el primero, Romano, fue lidiado magistralmente por el
diestro mexicano Curro Rivera, mereciendo el astado una
vuelta al ruedo, dada su extraordinaria bravura y nobleza. El
segundo, Campero, y ambos de la ganadería mexicana de Vista
Hermosa, propiedad de don Jorge Barbachano Ponce, fue lidiado por
Marcos Ortega, al que el cortó la dos orejas y el rabo; dando la
vuelta al ruedo en unión del ganadero. Fue lidiado en quinto lugar
por Curro Rivera, en la ya Tradicional y famosa Feria de
Aguas-calientes, Apostador, de la ganadería mexicana de San
Miguel de Mimiahuapam, propiedad del Lic. Alberto Bailleres, el
(25-04-1976). Fue un toro extraordinario, bravo y noble como los
escogidos, con gran estilo en la arrancada por ambos lados, al que
Curro toreó a placer y desorejó; se le dio al astado, en
recompensa a sus muchos merecimientos, un arrastre lento, con dos
vueltas al anillo para el torero y una con el ganadero.
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