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Están preparando un “nuevo” Reglamento Taurino ¿Para qué? Y digo “están”
porque algunos de los que hemos dedicado la vida a estudiar los toros y
a dar brillo con ello a la Fiesta, de seguro no seremos consultados, ni
aun haciéndolo desinteresadamente. En él su articulado se podría
incluir un apartado emanado de las bases técnicas y científicas (1) para
que no se vuelvan a repetir en ninguna Plaza de Toros importante el
bochornoso espectáculo que este año se ofreció al Mundo por televisión
desde la admirable Plaza Real de El Puerto de Santa María,
protagonizado por Catetón, que se llevó la mitad del tiempo de la
corrida él solo sembrando el desconcierto y que fue sometido con
sangrienta saña. No necesitamos ni nos afectan los detractores, con los
pícaros que tiene la Fiesta y el desconocimiento de los que oficialmente
la manejan nos basta. ¿Verdad?
Entrecomillamos lo de “nuevo”
porque difícilmente se conseguirá si no logra defender ni regenerar la
Fiesta, mientras sigan sin estar dispuestos a revitalizarla quienes
continúan siendo la causa y culpa de la funesta estandarización en que
desenvuelve, bajo la inercia de un bárbaro consumismo que ahoga las
Plazas, a costa de la calidad del ganado, del aseguramiento de la
integridad del toro, de su sanidad y bravura, pero, sobre todo, de la
intangibilidad de sus astas… y de la pureza en conjunto del espectáculo.
Y preguntamos ¿Para qué?,
porque el Nuevo Reglamento Taurino se enfrentará sin éxito alguno en la
búsqueda de un tipo de astado que, en la mayoría de los casos, carece de
acometividad, fiereza y agresividad, criándose un toro cuya pobreza de
carácter ha originado una peligrosa falta de emotividad. Se está
perdiendo la lucha del hombre con la fiera y, por tanto, la grandeza y
pureza de la Fiesta han desembocando en el teatro de pantomimas de estas
últimas décadas, especialmente establecidas con el Cordobés,
sin que la mayoría de los aficionados se den cuentan, que es lo
peor.
La situación ha llegado a tal
punto que es casi imposible pensar que los ganaderos, perdidos en mil
azarosos encastes, puedan dar marcha atrás y seleccionen el toro que le
dé a la Fiesta el equilibrio de fuerzas y poderes que ha perdido. ¿Qué
equilibrio hay entre un toro babosa, de carretilla, que, con la picardía
de un figurón, vuelva a los corrales indultado? … a base de pase y más
pases, engañando a la mayoría de los espectadores, que están en el
camino de suprimir el primer tercio, al gritarles a los picadores al
primer picotazo… claro que lo hacen instintivamente porque perciben que
ya no hay toros.
Un “nuevo” Reglamento, con la
constante simplificación del tercio de varas que estamos viviendo, con
espectadores que su inmensa mayoría han dejado de sentir el hálito
mágico de la auténtica belleza plástica, la grandeza litúrgica de una
verdadera lucha de la inteligencia con la fiera, la elegancia en suma de
un toreo con toros verdaderamente bravos, es cuando se le abre las
puertas a la monotonía, al tiempo que estamos apagando definitivamente
la emoción. Ya está bien por hoy.
(1) Ya fueron expuestas en las páginas
del Diario ABC de Sevilla en varios reportajes, a lo
largo de las décadas de 1960 y 70.
Juan
José Zaldivar Ortega
5 Septiembre 2005
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