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FICHA DEL FESTEJO |
TOROS:
Cinco toros
de
Torrehandilla,
el 3° como
sobrero,
pobres de
presencia,
flojos y
alarmantemente
mansos.
Salvo el 5°,
que tuvo
algún
ímpetu, los
demás bueyes
de carreta.
El 4°, un
sobrero de
Gavira,
más aparente
en todo que
los
titulares, y
aún así
también
insuficiente.
ESPADAS:
José
Antonio
"Morante de
la Puebla",
silencio y
ovación tras
aviso.
David
Fandila "El
Fandi",
silencio y
oreja con
petición de
la segunda.
Miguel
Ángel Perera,
silencio y
silencio
tras aviso.
INCIDENCIAS:
La plaza tuvo más de
tres cuartos de entrada en tarde de
nubes altas y calor agobiante, con las
cámaras en directo de las televisiones
autonómicas Canal Sur, Telemadrid y
Extremadura Televisión.
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Una oreja de
mentira para
"El Fandi"
hoy en su
tierra, en
un
espectáculo
insufrible y
vergonzante
por falta de
toros, o
mejor, de
los
componentes
esenciales
que se les
supone a los
toros
bravos,
reemplazados
en esta
ocasión por
auténticos
bueyes de
carreta.
No fue
suficiente
con aguantar
el calor.
Hubo que
sufrir
también una
vergonzante
corrida de
"Torrehandilla",
imposible
para hacer
el toreo. Lo
de hoy no
tiene
nombre. Es
como para
acudir al
defensor del
pueblo, que
por cierto
es un
reconocido
aficionado.
Casos así no
parecen de
recibo. Y es
curioso, los
mismos
responsables
del
desaguisado
se rasgan
ahora las
vestiduras,
lamentándose
del nulo
juego de los
toros.
¿Acaso no
son los
mismos
toreros a
través de
sus
apoderados y
en
connivencia
con la
empresa, los
que
decidieron
que salieran
al ruedo
estos toros?
Lo grave es
que no hay
manera de
recusar a
nadie. El
espectador,
a callar, y
si quiere
volver ya
sabe lo que
se puede
encontrar en
la próxima.
El público
granadino,
lo demuestra
día tras
día, es
bueno hasta
la santidad
-complaciente
con todas
las
intervenciones
que se
suceden en
el ruedo por
ligeras que
sean-, pero
tonto no. Y
es esto
último lo
que hay que
aclarar.
Pues es
posible que
haya también
otro tipo de
responsables
que estos
días atrás
se
explayaban
en tribunas
y tertulias
públicas con
lisonjas y
opalandas
que trataban
de ensalzar
las
engañifas de
corridas que
también se
han ofrecido
en esta
mismo
serial.
La corrida
de la
víspera, de
Núñez del
Cuvillo,
impuesta
seguramente
por José
Tomás,
sin ser nada
del otro
mundo en
presencia y
fuerzas,
sirvió para
desenmascarar
el tinglado.
Una corrida
normal, sin
más, pero
que
funcionó,
con un
balance de
siete
orejas, tres
rabos, un
toro de
vuelta al
ruedo y otro
indultado.
Tampoco es
frecuente, y
no hay por
qué pedir
tanto. Pero
para evitar
porquerías
como la de
hoy, cuando
menos hay
que estar en
guardia.
Porque hoy
estuvieron
tres canales
de
televisión
ofreciendo
la pantomima
y el
desaguisado
de corrida,
es más fácil
contar lo
que pasa en
la Feria de
Granada sin
temor a
represalias
por
infundado
amarillismo.
Quede claro
que los
verdaderos
enemigos de
"la Fiesta"
son ellos,
precisamente
los que se
lucran de
ella, y de
paso los que
se lo
consienten
callando o
mintiendo
directamente.
Los ¿toros?
de hoy,
tambaleantes
antes
incluso de
acudir al
caballo,
tumbándose
en varias
ocasiones,
les costaba
un mundo
seguir los
engaños. Los
tres
toreros, en
proyectos de
faenas
imposibles.
"Morante"
no fue
más allá de
las simples
probaturas
en el
primero. Y
aunque pudo
prodigarse
más con el
sobrero de
Gavira
que hizo
cuarto, que
tuvo más
entidad que
el resto del
encierro,
sin embargo,
tampoco pasó
de las
pinceladas,
sin
proyección
de faena.
"Fandi",
ídolo en su
tierra pese
a tantos
despropósitos
a su
alrededor,
esta vez no
pudo.
Impotente,
taurinamente
hablando, en
su mansísimo
primero, que
estuvo más
tiempo
echado que
de pie. En
el quinto
logró
maquillar el
desastre con
el aluvión
de lances,
banderillas,
carreras y
pases "de
todas las
marcas" que
decían los
revisteros
antiguos,
consustanciales
a su popular
y
populachero
estilo.
Menos mal
que el
presidente
esta vez
evitó el
sonrojante
espectáculo
de las
habituales
dos orejas,
concediéndole
sólo una.
Que ya está
bien.
Y Perera.
¿Qué le pasa
a Perera?
El torero
más completo
de los tres
últimos años
está
atravesando
un momento
inquietante
en su
carrera. No
es que no lo
vea claro
él,
sencillamente
es a él a
quien no se
le ve. Su
contrastado
poderío y
mando se
diluye en
corridas
así.
Absolutamente
ridículo que
estuviera
merodeando
alrededor de
sus
desclasados,
desrazados e
inválidos
toros.
Absurda su
insistencia
en buscar
simulacros
de "parón"
que no se
los creen ni
en Granada
Juan Miguel
Núñez -
EFE
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