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Otra puerta grande para Adame en La México

Joselito Adame

Otra puerta grande para Adame en La México

27 Enero 2014

México, D.F.- Plaza México. Decimosexta corrida de la Temporada Grande. Unos 20 mil aficionados, en tarde agradable. Cinco toros de Villa Carmela y uno de Montecristo (3o., sobrero sustituto), en general correctos de presentación y de juego desigual,


Rodolfo Rodríguez "El Pana" (vino de burdeos y oro): División de opiniones y palmas.
Morante de la Puebla (verde botella y oro): Algunos pitos y silencio.
Joselito Adame (plomo y oro): Dos orejas y ovación.

Incidencias: El 3o. se despitorró y fue sustituido por uno de Montecristo. Héctor Rojas saludó en el 6o., por buenos pares de banderillas.



Yo iba en tercero de secundaria y lo recuerdo muy bien… era un 28 de abril del año 2002, fecha en la que Joselito Adame cortó dos orejas en la Plaza México en el marco de un festejo de niños toreros, sin picadores, y dejó sensaciones muy gratas entre los quizá dos mil asistentes. “Si lo llevan bien, ese chiquillo algún día va a ser figura”, sentenció mi señor padre mientras disfrutaba unos tacos luego del festejo… y no se equivocó.

Habrá comentarios a favor o en contra sobre si Adame se ha consolidado como tal, o todavía no. Lo que es verdad es que esto no es de hoy, sino que el hidrocálido lleva tiempo andando en figura, con una constancia admirable aquí y en prácticamente todas las plazas donde se presenta, incluyendo Las Ventas de Madrid, con un ritmo de torerazo.

 

Quizá el punto medular de esta historia y donde comenzó la "onda expansiva" para dar ese paso a figura, ocurrió hace un par de años en la Real Maestranza de Sevilla -una de las catedrales del toreo- donde Joselito cortó una oreja rotunda, ganada con todas las de ley, a un torazo de El Conde de la Maza. Tras esa tarde, nuestro compañero Paco Aguado destacaba su madurez con sólidos argumentos, advirtiendo que esa tarde marcaría un antes y un después.

Hoy en día, esa madurez se cristaliza en ese andar de figura, con una técnica bien asimilada, oficio desarrollado y esa capacidad para sacarle partido a toros de diversa condición, transmitiendo a los tendidos. Esta tarde salió a hombros por tercera ocasión en la Temporada Grande y consigue la cifra de ocho orejas en la campaña, todos los triunfos logrados de manera sólida y, sobre todo, convincente.

Joselito se encontró con un buen toro de Montecristo (pues el de Villa Carmela se despitorró luego de los lances iniciales) y estructuró una labor muy completa. Con aplomo, toreó bien a la verónica y luego sorprendió al cuajar el quite de oro, del inolvidable Pepe Ortiz, desgranando la primera gran ovación de la tarde. En esa misma tesitura, centrado y con firmeza de plantas, regaló un trasteo derechista en el que brindó trazos con una gran profundidad, ligando con asentamiento pero también con gusto, acompañando siempre con la cintura.

El toro tuvo nobleza y recorrido, aunque por el perfil izquierdo no contaba con esas mismas virtudes, de tal suerte que la faena fue derechista. Con raza, como un león, Adame siguió toreando con ese mismo pulso, redondeando así un trasteo de altos vuelos y aderezando con detalles muy toreros, como trincherazos y los de la firma. Tras bellos doblones, mató espectacularmente mediante la suerte de recibir y cosechó las dos orejas, mientras que el toro recibió un arrastre lento con cierta exageración, pues al final terminó por rajarse.

Su segundo fue, como dicen en España, un “toro medio”, dado que no tenía mucha boyantía pero tampoco era un toro con muchos "gatos en la barriga". Ante ese tipo de ejemplares cuesta más destacar, pero Joselito sacó a relucir todo su oficio y, sobándolo de a poco y acortando distancias, consiguió una faena de buen acabado y con mérito, templando con trazos de categoría. Al final, perdió la oreja al pinchar, pero el público le reconoció con los gritos de “torero, torero”.

El primero de Morante tenía complicaciones, pues era deslucido y protestaba al momento de acudir a la sarga, de tal suerte que el torero sevillano abrevió al no ver posibilidades de éxito y algún sector del público, cuando montó el acero, le protestó al considerar apática la actitud de este genio sevillano. Finalmente, decían los antiguos, la brevedad es "una especie de cortesía", sobre todo cuando el torero sabe que el tema no da para más.

El segundo de su lote no tuvo demasiado fuelle. Ante él, Morante vio alguna posibilidad y se mostró insistente, poniéndose en el lugar adecuado para poder extraer muletazos y ligarlos, logrando algunos buenos derechazos con ese empaque tan especial que atesora. Sin embargo, el trasteo se dio entre altibajos y el tema ya no fue a más.

La primera nota del festejo fue ver a El Pana vestido con un terno en oro, algo que históricamente no sucedía o, al menos, no recordamos. El primero de su lote fue un toro noble y, luego de no acomodarse con la capa, brindó una faena en la que no logró confiarse al ya notarse muy limitado físicamente y en la que solamente destacó un trincherazo, así como tres derechazos.

Ante su segundo, otro toro que le dejaba estar pero tenía poca fuerza, el tema parecía ir a más luego de un par de tandas en las que extendió el trazo por derecha. Sin embargo, volvió a andar desconfiado, lo cual es lógico, y no pudo mantener e incrementar su faena, que se diluyó. Al final, algunas palmas lo acompañaron a la barrera, aplausos que le reconocieron el mérito de estar, a su edad, delante de un toro.

altoromexico.com



 






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