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Linares le abre la puerta grande a Ponce (

Linares le abre la puerta grande a Ponce (

30 Agosto 2009

Linares (Jaén). 3ª de Feria. Tres cuartos de plaza. Toros de Núñez del Cuvillo, el 2º con el hierro de Benjumea, desiguales de presentación. 1º, noble y soso, 2º, muy flojo. 3º, manso y rajado. 4º, noble, aplaudido en el arrastre. 5º, noble y 6º, desrazado. Enrique Ponce, que sustituía a Morante de la Puebla, oreja y dos orejas. El Fandi, ovación con saludos y oreja José María Manzanares, ovación con saludos y oreja. Se desmonteró Juan José Trujillo en el 3º y Curro Javier en el 6º.


FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Toros de Núñez del Cuvillo, aceptables de presentación, nobles de fuerzas justas; el 3º tuvo carbón; 4ª a más y 5º, un gran toro.

ESPADAS:

Enrique Ponce, de marfil y oro. Estocada (oreja). En el cuarto, estocada (dos orejas).
El Fandi, de grana y oro. Estocada tendida (ovación). En el quinto, casi entera y dos descabellos (oreja).
José María Manzanares, de azul y oro. Casi entera tendida y cuatro descabellos (ovación). En el sexto, estocada (oreja).

INCIDENCIAS:

Tercera corrida de la Feria de San Agustín. Algo más de media entrada. Saludaron Trujillo y Curro Javier.


 

CRÓNICA DEL FESTEJO

Manzanares, imparable

Se notó el bajón después de la intensidad de la tarde de José Tomás y Curro Díaz —por cierto, que el de Galapagar el sábado declinó salir a hombros ante el percance del linarense, todo un detalle—. La calma después de la tempestad, sobre todo en los tendidos. Es lo que tiene, muchas veces, el «efecto JT», que deja sumido al espectador en una especie de relajación. Eso y que Morante no vino. Su sustituto, el «local» Enrique Ponce, sin suerte en la tarde del viernes pero que ayer ratificó que torea en el patio de su casa.

Porque sin acabar de redondear ninguna de sus dos faenas, Enrique solventó el compromiso con una solvencia y suficiencia pasmosas. Y eso tiene un mérito con los años de alternativa que lleva.

De la corrida de Cuvillo, hay que destacar el juego del quinto, un gran toro que no se cansó de embestir. A más el cuarto y con mucho que torear el tercero.
Ponce dejó pinceladas toreando a la verónica a su primero, que luego salió suelto del caballo. Era noble el cuvillo pero, como escribimos, pensando siempre en buscar refugio. Sin obligarlo ni someterlo, Enrique fue dejando series de buen trazo aunque faltas de profundidad. Iba y venía el astado y en esas circunstancias lo borda el valenciano. Faena ya muy pegada en tablas, larga —demasiado, algo habitual— y de muchos pases. Estocada efectiva y oreja.

Las dos del cuarto cortó. Jugar en casa es una ventaja. El de Cuvillo, que tuvo clase, fue a más y Enrique de nuevo se esmeró en un trasteo largo, con una primera parte algo más deslavazado para irse acoplando mejor a medida que avanzaba la faena. Correcto aunque sin un clamor, Ponce puso en liza su repertorio más clásico y efectista. En el patio de su casa, vamos. Por eso, tras matar a la primera, paseó las orejas.

Mucha intensidad contuvo la faena de Manzanares al tercero de la tarde, un toro reservón y escarbando una enormidad, que luego empujó en el caballo. El alicantino tiró de tesón y firmeza para torear con ímpetu en series discontinuas —tardaba mucho en repetir el cuvillo— pero, ya escribo, intensas por la forma de tirar de su enemigo y bajarle la mano. El burel quería tablas y allí la última parte discurrió, con naturales muy puros y remates con los de pecho profundos. Lucha de poder a poder entre el Manzana y el toro. Lástima que marrase con el descabello.

También le faltó un tranco al sexto. No a Manzanares, que se esforzó por hacerlo embestir. Faena de mucho mérito, con pasajes emocionantes, de pureza exquisita. Es que el cuvillo tomaba la muleta, cuando lo hacía, con avidez. Y ahí surgía el toreo esplendoroso, ora diestro, ora zurdo, de Josemari, si bien faltó, otra vez, la continuidad del astado. Me quedo con la forma de citar y embarcar a ese toro. La oreja es lo de menos.

Fandi dio su habitual espectáculo en banderillas, mejor en el segundo de su lote. Inédito en su primero, un astado noble pero sin fuerzas. Y le tocó, con mucho, el mejor de la tarde. El quinto, «Galiano» de nombre, no paró de embestir, haciendo el avión una y otra vez. Un toro de ensueño. Qué manera de tomar la muleta. Vamos, que todavía está embistiendo. Fandi, huelga decirlo, le hizo de todo, se hartó de darle pases —léase pases, no muletazos— de todas las clases y marcas, molinetes de rodillas incluidos. La faena de Fandila por excelencia para llegar a la parte más popular. Pero la pureza quedó para otra ocasión. El descabello impidió mayor premio que una oreja. El toro era de rabo.

ABC.es



 






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