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Cayetano
Cayetano triunfa contra viento y marea en media corrida, en Brihuega
23 Abril 2016Brihuega (Guadalajara) Tres toros de Núñez del Cuvillo, terciados, nobles, blandos y sin fondo, los dos primeros; y más boyante el tercero. La plaza registró más de tres cuartos de entrada en tarde lluviosa.
Sebastián Castella: estocada (palmas).
José María Manzanares: estocada (silencio).
Cayetano Rivera: estocada (dos orejas).
El festejo quedó suspendido a la muerte del tercer toro a causa del mal estado del ruedo, que se convirtió en un lodazal tras el diluvio que cayó durante el segundo y, sobre todo, tercero.
Una lección de pundonor, de raza y clasicismo a cargo de Cayetano, que cortó dos orejas bajo el diluvio al único toro que estoqueó, fue la nota sobresaliente en la corrida celebrada hoy en Brihuega, festejo suspendido tras el tercer toro a causa de la lluvia.
PUNDONOR Y CLASICISMO
La tradicional Corrida de Primavera que celebra Brihuega cada año por estas fechas se dio bajo los aspectos que vienen siendo ya característicos en este festejo, con muy buen ambiente en la ciudad, figuras en el cartel y lluvia que hizo imposible la práctica del toreo hasta el extremo de acordarse la suspensión tras la muerte del tercero.
Aún así hubo oportunidad de ver a un gran Cayetano, espléndido en motivación e inspiración, muy capaz, muy resuelto y, sobre todo, muy artístico.
Los dos primeros toros de Núñez del Cuvillo, terciaditos de presencia, y nobles, muy nobles, sin embargo, prestaron poco por su falta de fuelle.
También la lluvia hacía que el público se sintiera incómodo en el tendido mientras Castella y Manzanares en sus respectivas intervenciones del esbozo de faena. Algún muletazo suelto de buen trazo, pero sin apretar ninguno de los dos.
En cambio, Cayetano se encontró con un toro más boyante, el tercero, con el que, además, se comprometió mucho el torero.
Había llovido hasta una hora antes del comienzo del festejo. El ruedo presentaba buen aspecto en el paseíllo. Pero fue matar Castella el primer toro y empezar a llover. Y de la lluvia al diluvio, hasta el extremo de que el redondel acabó convirtiéndose en una balsa cuando iba a salir el tercero.
Ahí fue donde Cayetano dio la talla. Larga de rodillas en el tercio y ramillete de lances a la verónica de mucho primor. Jaleo de olés, con el público muy metido en el festejo a pesar de la incomodidad del agua.
Cayetano se creció, abriendo faena de rodillas. Ya de pie se sucedieron tres series a derechas y una al natural con suavidad y elegancia, mucho temple y ligazón. Todo salpicado con las alegrías del cambio de mano y el trincherazo. Molinetes de rodillas como epílogo de una faena en la hubo de todo, y muy bueno.
La estocada dio paso a las dos orejas. Y como sería el entusiasmo, que, a pesar de la lluvia, el público aplaudió con fuerza la actitud de los costaleros sacándole a hombros en medio del temporal y con tres toros que al final se quedaron en los corrales. EFE
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