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Golpe de atención de Mario Sotos y del mexicano Gerardo Rivera en Las Ventas
14 Agosto 2016Madrid. Cuatro novillos de los herederos de Antonio Ordóñez Araujo, uno -el tercero- de Toros de la Plata y un sobrero -el quinto- de Hermanos Martín Alonso, bien presentados pero de escasa raza y menos clase. El cuarto fue el más manejable. La plaza registró menos de un cuarto de entrada en tarde muy apacible.
Mario Sotos (nuevo en esta plaza), de azul marino y oro: estocada (palmas); y casi entera y descabello (vuelta al ruedo tras petición de oreja, y pitos al palco por no concederla).
El mexicano Gerardo Rivera, de turquesa y oro: estocada desprendida con larga y penosa agonía (silencio tras aviso); y estocada (vuelta al ruedo tras petición de oreja).
José Ruiz Muñoz, de azul marino y oro: pinchazo, y estocada atravesada y trasera (silencio); y tres pinchazos "tomando el olivo", media muy trasera y atravesada, y nueve descabellos (silencio).
Los novilleros Mario Sotos y el mexicano Gerardo Rivera dieron hoy un importante toque de atención en Las Ventas a pesar de tener que conformarse ambos con una vuelta al ruedo sin trofeo por culpa de un palco demasiado intransigente.
DOS QUE QUIEREN Y PUEDEN LLEGAR
La tarde de hoy en Madrid llevó la firma de dos novilleros. La de Mario Sotos, un joven torero de Hinojosa (Cuenca) que hoy hacía su debut en la primera plaza del mundo con muy pocos paseíllos a sus espaldas desde que debutara con picadores allá por 2013.
Pero lejos de notársele el poco rodaje que atesora, Sotos anduvo con un oficio poco usual en casos como el suyo, muy seguro, sereno y capaz en la cara de sus dos novillos, con los que brilló haciendo un toreo clásico y de mucha calidad.
Pero también hay que elogiar la firmeza y la capacidad del mexicano Gerardo Rivera, que volvía a Madrid después de su presentación en la pasada campaña y que nuevamente demostró donde hay que demostrar las cosas que lo suyo tampoco es flor de un día.
Golpe de atención de estos dos jóvenes espadas, que, pese a no cortar orejas, dejaron su impronta. A buen seguro disfrutarán de más oportunidades a partir de ahora. Ojalá sea así porque cualidades tienen de sobra para funcionar en esto.
El primero de Sotos fue un novillo grandón, regordío, que de salida apuntó pocas fuerzas, además de salir suelto en los dos encuentros con los montados. Por si fuera poco sangró mucho el de Ordóñez, que se movió en la muleta con la cara natural y sin decir gran cosa.
Pero fue suficiente para que Sotos dejara retazos del sello que atesora, muy quieto y asentado, y con expresión en la interpretación aunque fuera a media altura. Se le vio a gusto al debutante, que, sin embargo, no llegó a calentó lo suficiente unos tendidos demasiados fríos con él.
El cuarto fue otro "tacazo" de novillo, muy serio y hondo, un auténtico "torazo". Derribó en varas el "animalito" y en banderillas se dolió; pero fue empezar la faena de muleta y el animal respondió con nobleza y buen son.
Sotos, que gustó en los lances a pies juntos del saludo, volvió a reafirmar las buenas sensaciones dejadas anteriormente; otra vez muy sereno, con tremenda seguridad, y, lo que es mejor, componiendo muy bien la figura para firmar los pasajes más bellos y lucidos de la tarde. Sabe lo que se hace este Sotos, que dio una vuelta al ruedo después de que el palco le negara la oreja.
El mexicano Gerardo Rivera se fue a la puerta de chiqueros a saludar a su primero, novillo con tendencia a desentenderse de los engaños, sin clase ni fondo, y quedándose también corto. Poco material para el joven azteca, muy voluntarioso durante todo el trasteo pese a no poder resolver prácticamente nada en lo artístico.
El quinto fue un sobrero de Hermanos Martín Alonso un punto reservón, al que Rivera volvió a recibir de hinojos en la puerta de toriles y al que cuajó una faena de muleta muy tesonera, en la que se mostró por encima de las condiciones de su oponente. Muy firme estuvo el mexicano, y muy solvente también. Dio una vuelta al ruedo.
José Ruiz Muñoz anduvo con mucha precauciones ante su primero, con el que apenas llegó a ponerse, muy atenazado, siempre con el pasito atrás cuando no se quitaba directamente. Muy poco poso dejó el sobrino nieto de Curro Romero, incapaz de principio a fin.
En el sexto fue aún peor. Un auténtico mitin de Ruiz Muñoz, acongojado y totalmente descompuesto. Qué pena de novillero, que pegó también un petardo con los aceros de aúpa
Javier López - EFE
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