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Un vacio espectáculo ganadero y una vuelta al ruedo sin sentido en Madrid

Daniel Menes,

Un vacio espectáculo ganadero y una vuelta al ruedo sin sentido en Madrid

30 Abril 2017

Madrid. Novillos de Hermanos Sánchez Herrero, aceptablemente presentados aunque extremadamente mansos y muy deslucidos en su conjunto. Sin clase ni entrega, el primero; imposible, el bronco segundo; rajado el tercero; el incierto cuarto acabó parándose; ni un pase tuvo tampoco el aquerenciado y mortecino quinto; y muy deslucido también el sexto. La plaza registró menos de un cuarto de entrada en tarde muy desapacible

Tulio Salguero, de blanco y plata: pinchazo y estocada ligeramente caída (silencio); y casi entera atravesada que escupe, y descabello (silencio).
Álvaro García, de purísima y oro: estocada baja (silencio); y casi entera habilidosa (silencio).
Daniel Menes, de verde campo y oro: pinchazo, estocada muy caída y atravesada (silencio tras aviso); y bajonazo (aviso y vuelta al ruedo por su cuenta).

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del matador de toros Sebastián Palomo Linares, recientemente fallecido.

 



Una vuelta al ruedo por su cuenta y sin sentido alguno a cargo de Daniel Menes no justificó lo más mínimo el pésimo e indecente espectáculo acontecido hoy en Las Ventas por culpa, única y exclusivamente, de una infame mansada de la ganadería de Hermanos Sánchez Herrero.

DE "LO PEORCITO" EN AÑOS

El día gris y lluvioso con el que amaneció Madrid hacía ya presagiar que la novillada vespertina en Las Ventas no iba a funcionar. Y, aunque en lo climatológico no hay fórmulas exactas, y menos en los toros, el frío, el agua y el viento, suelen hacer estragos en la gente, más pendiente de resguardarse de tantas inclemencias que de lo que acontece en el ruedo.

Pero la culpa de que la tarde de hoy se fuera por los derroteros de las frustración y del aburrimiento más absoluto no fue, precisamente del tiempo, sino de los utreros de Sánchez Herrero, mansos y deslucidos a más no poder, los verdaderos responsables de dar la puntilla a un espectáculo indecente y vacío de cualquier contenido.
 

Una novillada mala sin paliativos, de las peores que se recuerdan en años en Madrid, de ahí que la vuelta al ruedo que se pegó por su cuenta Daniel Menes no tenga el más mínimo peso artístico ni informativo.

Tulio Salguero se las vio en primer lugar con un novillo sin clase ni entrega, de cortos y desabridos viajes. Difícil papeleta para el extremeño, al que, no obstante, hay que anotarle una más que loable firmeza de plantas y, por momentos, un sugerente concepto para, si bien no poder resolver nada en lo artístico, al menos dejar apuntes de lo puesto que anda.

El cuarto se hizo amo y señor del ruedo en los primeros tercios. Muy a su aire, el utrero no atendía capotes, rebotado de caballo a caballo, derribando, incluso, al que hacía puerta antes de ser castigado, y bien, en el segundo encuentro.

Y ni así descolgó el buey, que siguió sembrando el caos en banderillas para acabar negándose en redondo en la muleta, ora por la sangría que le hicieron, ora también por su remisa condición a cualquier afrenta.

Álvaro García pasó las de caín con un primero de su lote bronco y deslucido como pocos. Un novillo que soltaba la cara ya desde la arrancada, volviéndose antes, incluso, del embroque con genio y muy malas ideas. El joven madrileño no pudo pegarle ni un solo muletazo, de ahí que no le quedara más remedio que abreviar.

Manso también fue el quinto, aunque tampoco ayudó nada la capea en la que acabó convertida su lidia. García volvió a pasar inadvertido ante otro animal vacío tanto de clase como de casta, y que, además, acabó también rajándose.


Daniel Menes fue todo voluntad con un manso, el primero de su lote, al que había que robarle los pases de uno en uno, y a base de provocarle y ganarle la acción. Pero ni así pudo el madrileño estructurar faena ante un antagonista que, al verse podido, acabó también tirando la toalla.

El sexto tampoco valió ni un duro, que diría un castizo, y, aunque volvió a verse a un Menes muy animoso, sin embargo, ya era imposible remontar una tarde para olvidar cuanto antes, de ahí que ni la vuelta al ruedo que se acabó pegando tras un abominable "sablazo" tuviera la más mínima justificación. EFE



 






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