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Decoro de Marín y Flores en el gris regreso de Dolores Aguirre a Madrid

Decoro de Marín y Flores en el gris regreso de Dolores Aguirre a Madrid

01 Mayo 2017

Madrid. Novillos de Dolores Aguirre, de desiguales hechuras y arboladuras, y de juego también variado. Destacó el mansito tercero, que respondió con franqueza al llevarle "tapado"; con "carbón", el primero; sin clase y a menos, el segundo; protestón y a la defensiva, el cuarto; al moribundo quinto se lo cargaron en varas; y soso y sin clase, el sexto. La plaza registró menos de un cuarto de entrada en tarde primaveral. 

Miguel Maestro, de lila y oro: casi entera atravesada en la paletilla que acaba escupiendo y estocada baja (leves pitos); y dos pinchazos y estocada desprendida (silencio).
Javier Marín, de purísima y oro: estocada (ovación tras petición); y estocada "en el rincón" (silencio).
Fernando Flores, de turquesa y oro: dos pinchazos, estocada que "hace guardia" y descabello (ovación tras aviso); y metisaca (silencio).

En cuadrillas, impecables lidias de Pedro Lara y Miguel Martín al tercero y sexto, respectivamente.

 



Dos ovaciones, una para Javier Marín y otra para el debutante Fernando Flores, premio ambas a dos decorosas faenas, fue el balance de la novillada de hoy en Las Ventas, en la que los astados de Dolores Aguirre protagonizaron un gris regreso a Madrid tras siete años de ausencia.

LA MIEL EN LOS LABIOS

Después de la tempestad llegó la calma. De la gris, fría e infumable tarde de la víspera se pasó a una en la que, además del sol, llegó el interés, aunque, eso sí, a cuentagotas.

Pero algo es algo, y, en lo positivo de hoy, cabe destacar las prometedoras maneras del navarro Javier Marín, y las ganas y la actitud del debutante Fernando Flores.

También el regreso a Madrid, después de siete años, de la divisa sevillana de Dolores Aguirre, un hierro que en el pasado fue santo y seña del "torismo", aunque hoy, en la primera de las dos comparecencias que tiene este año en la primera plaza del mundo, dejó la miel en los labios al exigente aficionado, que, no obstante, tomó partido por algunos de los utreros.
 

Por ejemplo, con el primero, un manso encastado que llevó la emoción al tendido por el "carbón" que tuvo en la muleta. Novillo que pedía mucho mando por parte de un novillero, Miguel Maestro, que, aunque puso voluntad, sin embargo, fue incapaz de hacerse con la situación. Ovación al astado y leves pitos para el de luces.

El bizco y gacho "melocotón" que hizo cuarto, en cambio, no gustó tanto a los tendidos, precisamente por la fea arboladura que lucía. Y tampoco fue apto para el lucimiento, muy protestón y a la defensiva. Maestro no pasó de los detalles sueltos dentro de una faena sin armazón.

Javier Marín sorteó en su primer turno un novillo de aparente movilidad que, en cambio, acabaría en un espejismo, pues pronto echaría el freno, evidenciando, además, poca clase en sus cortas acometidas.

El navarro, que gustó en las verónicas genuflexas del recibo, diseñó una labor en la que brilló, sobre todo, por la actitud y la manera de hacer todo a favor de obra, es decir, tratando de lucir al animal, aunque otra cosa fuera que el utrero no quisiera perseguir los engaños, quedándose ya en el segundo muletazo.

Pero ya está dicho que la gente de Madrid con este tipo de encastes suele posicionarse a favor del astado, de ahí que algunos ingratos trataran de censurarle una ovación ganada a pulso.

Al quinto se lo cargaron en el caballo, de ahí que llegara a la muleta prácticamente en las últimas. Marín pasó aquí más inadvertido. Puso ganas, eso sí, mas era imposible estructurar nada destacable.

El primero de Fernando Flores fue, sin duda, el más escurrido del sexteto. Novillo vareado, sin apenas remate y con poquita cara. Las protestas de los más exigentes, para qué decir. Y, lo que son las cosas, aunque su tendencia era siempre la de desentenderse ya en el segundo pase, si se le dejaban puesta (la muleta), repetía sus viajes con suma franqueza.

Ahí estuvo el mérito de Flores, el de tratar de llevarle siempre muy tapado para construir estimables series por el derecho. Es verdad que le faltan cositas por mejorar, mas el conjunto fue de lo más decoroso, de ahí que sorprendiera nuevamente que tronara más la ovación al astado que la que recibió posteriormente el debutante.

El sexto nunca se entregó, muy sosito y soltando también la cara en las telas de un Fernando Flores tan voluntarioso como poco resolutivo.

Javier López - EFE



 






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