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Juan del Álamo se gana a pulso una rotunda salida por la puerta grande
08 Junio 2017Madrid. Seis toros de Alcurrucén (el 1º con el hierro de El Cortijillo), de dispares hechuras pero todos de fina lámina y armónica seriedad. En general, resultaron mansos en los primeros tercios y cuatro de ellos, también en el último, donde se rajaron, se defendieron con genio o no se emplearon. La excepción fueron segundo y tercero, que, también tras mansear, rompieron a embestir en bravo y con calidad a la muleta.
Vigésimo noveno festejo de la feria de San Isidro, con más de tres cuartos de entrada (19.132 espectadores), en tarde de bochorno.
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El Cid, de azul noche y oro: estocada atravesada y descabello (silencio); pinchazo y estocada trasera (ovación).
Joselito Adame, de verde botella y oro: tres pinchazos y tres descabellos (silencio tras aviso); estocada atravesada que asoma, dos pinchazos y estocada baja (silencio tras aviso).
Juan del Álamo, de blanco y plata: gran estocada (oreja con petición unánime de la segunda y dos vueltas al ruedo); estocada caída (oreja). Salió a hombros por la puerta grande.
Entre las cuadrillas destacó la brega de Pedro Vicente Roldán con el sexto, y los pares de banderillas de Miguel Martín y Fernando Sánchez, que saludaron en el segundo.
El diestro salmantino Juan del Álamo se ganó hoy a pulso una rotunda salida por la Puerta Grande de Las Ventas tras derrochar valor y decisión con el manso y áspero sexto toro, una vez que el presidente le negó injustamente la segunda oreja por su gran faena al tercero de la tarde.
EL TRIUNFO DE LA DETERMINACIÓN
Ni el presidente, que se llamó andana tras la unánime petición de una segunda oreja de su primer toro, ni el manso que también se la quiso negar al final de la tarde, fueron capaces de impedir lo que Juan del Álamo salió decidido a conseguir hoy al ruedo de Las Ventas: una salida a hombros camino de la calle de Alcalá.
Y es que el salmantino, que había rozado ese umbral con la yema de los dedos en varias ocasiones, puso todo lo que estaba en su mano para que esta vez no se le volviera a negar el privilegio de atravesar el pórtico de la gloria del toreo.
De inicio mostró su mejor versión posible, la de un toreo largo, templado y de regusto, con su primer toro, un "núñez" que, "frío" de salida como sus hermanos, rompió a embestir con fuerza en la muleta una vez se quedó a solas con su matador.
Pero para eso fue decisiva la manera con que Del Álamo sujetó sus ganas de huir acosándolo con doblones hasta los medios, donde definitivamente lo ató a su muleta con tres torerísimos pases rodilla en tierra y uno muy largo de pecho.
Una vez allí, aislados del mundo en mitad del palenque, el salmantino le enceló con un temple sutil, esperando hasta el último momento a que el de Alcurrucén metiera la cara en la tela con una tanda de hondo asiento y recreada cadencia en la que ya iba camino de faena grande.
Bajó un punto tan altísimo nivel al natural, pero pronto lo remontó Del Álamo con otras dos series redondas por cada mano, con el toro cada vez más entregado y embebido, embistiendo de una forma que parecía impensable apenas cinco minutos antes, incluso cuando su matador lo apuró en unos saboreados ayudados por bajo.
La estocada, por fin, volcándose Del Álamo para dejarla en todo lo alto, puso colofón al momento, que aún se prolongó con la brava resistencia del toro a caer. Y cuando eso sucedió se desató una inmensa pañolada pidiendo para el charro una segunda oreja que todos creyeron justa menos un injusto presidente que se negó a sacar su moquero por segunda vez.
Tuvo que dar dos vueltas al ruedo Del Álamo para recoger toda la admiración que le demostró la plaza, que aún volvió a expresarle cuando le ovacionaron antes de la salida de su segundo toro.
Pero no pareció Del Álamo necesitar más ánimos que los que ya bullían en su pecho y que le llevaron a irse en busca del serio y descarado sexto cuando se emplazó en la querencia de los mansos.
No se lo puso fácil este otro, sino muy cuesta arriba, con sus violentas oleadas y su genio para huir cada vez que le obligaban a ir al caballo o a tomar los capotes.
Sólo que la determinación de Del Álamo estaba hoy por encima de cualquier adversidad, como se vio en su forma de plantarle cara al complejo, áspero y orientado animal al que, firmísimo sobre la arena, acabó por someter y acobardar en un derroche de valor. EFE
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