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La personalidad de Juan Carlos Benítez en tarde de inválidos en Las Ventas

La personalidad de Juan Carlos Benítez en tarde de inválidos en Las Ventas

05 Mayo 2019

Madrid. Cinco novillos de Gabriel Rojas, de aceptable presentación sin más dentro de ciertas desigualdades, con algunos más chicos de lo que se viene lidiando en Madrid como segundo y tercero, que, a la postre, fueron los más manejables de un envío manso y sin fuerzas, especialmente el inválido cuarto.



El quinto fue un sobrero de Los Chospes, al ser devuelto el segundo y correrse turno, en la línea de los titulares.

Adrián Henche, de verde botella y oro: casi entera desprendida y atravesada, y tres descabellos (silencio tras aviso); y cuatro pinchazos, estocada corta trasera (silencio).

Juan Carlos Benítez, de verde esperanza y oro: estocada muy tendida y caída (ovación); y pinchazo y estocada trasera y caída (ovación).

Cristian Pérez, de nazareno y oro: pinchazo, estocada tendida y trasera (ovación tras aviso); y bajonazo (vuelta al ruedo por su cuenta).

En cuadrillas, Julien Bretón "Merenciano" saludó tras banderillear al sexto.

En la enfermería fue asistido Cristian Pérez de: "traumatismo craneoencefálico leve y contusión supraciliar derecha, pendiente de estudio radiológico. Pronóstico reservado".

La plaza registró menos de un cuarto de entrada (5.133 espectadores, según la empresa) en tarde espléndida.

Las buenas formas del malagueño Juan Carlos Benítez fue lo único reseñable de la larga e insufrible tarde de inválidos de hoy en Las Ventas, un festejo en el que Cristian Pérez se marcó una vuelta al ruedo por su cuenta y Andrián Henche se marchó de puntillas con un lote infumable.

Juan Carlos Benítez dejó detalles interesantes en su primero, un novillo manejable pese a andar justo de fuerzas, con el que se mostró animoso con el capote, variado con los palos y muy entregado con la muleta, mostrando un concepto que aúna verticalidad, relajo y hasta cierta torería en algunos momentos.

Se lo dejó venir de lejos en las primeras tandas y, si bien tardó el malagueño en reducir la velocidad de las acometidas, se fue templando a medida que fue reduciendo distancias en series cortas sobre ambas manos, con algunos muletazos sueltos de bonita firma, especialmente los primeros de cada tanda por la manera de enganchar al animal y querer enroscárselo en la cintura.

No fue faena de triunfo, ni mucho menos, pero sí de disposición para, al menos, solventar sobradamente su primera actuación en el ruedo capitalino.

El quinto fue un sobrero de Los Chospes, que, como la mayoría de los titulares, no podía ni con la divisa. Benítez esta vez pasó sin pena ni gloria.

El otro debutante, Cristian Pérez, estuvo muy voluntarioso y con muchas ganas ante su primero, con el que demostró que de valor anda sobrado, aunque en lo artístico le quede todavía mucho.

Se notó lo poco rodado que está este albaceteño, las escasas novilladas que lleva a sus espaldas, porque con más bagaje a buen seguro hubiera aprovechado más y mejor las posibilidades que le brindó el flojito utrero de Gabriel Rojas.

El sexto se movió con poca clase y entrega en los engaños de un Cristian Pérez otra vez muy dispuesto, pero con las mismas carencias que se le habían visto en su turno anterior. Tantas agallas puso al asunto que en las bernardinas finales, por no cambiarle el viaje al animal, sufrió un volteretón tremendo, por fortuna sin mayores consecuencias que el violento golpetazo contra el albero.

Después de un bajonazo infame y tras cuatro pañuelos del paisanaje, se marcó una vuelta al ruedo por su cuenta. Se la protestaron, claro está. Y es que en estos casos lo mejor es taparse.

A Adrián Henche le tocó bailar con el lote más deslucido y con un palco también de muy poco criterio y sensibilidad al empeñarse en mantener en el ruedo al inválido cuarto, un animal imposible por claudicante y con el que el alcarreño no pudo hacer absolutamente nada. Flaco favor le hizo el usía, responsable de truncar los sueños a un chico que venía a Madrid a tratar de resolver su vida.

Tampoco su primero, muy deslucido por su absoluta mansedumbre y falta de fuerzas, le permitió gran cosa. Pero al menos aquí dejó un ramillete de templadas verónicas en el recibo, que, a la postre, fue lo único destacado de su aciago paso por la primera plaza del mundo.
Javier López - EFE




 






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