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La dureza del toreo
27 Mayo 2026Artículo de opinión de Juan M Quiros
No, no voy a hablaros de la dureza de las cornadas. En absoluto. Voy a hablaros de la dureza de quedarse en el banquillo.
El pasado viernes, en esas tertulias que tan acertadamente organiza el Espacio Cultural Sal y Oro, tuvimos la suerte de contar con la presencia del torero Daniel Crespo, entrevistado por Luis Íñigo.
Quienes asistimos descubrimos la otra cara de Daniel; aunque, por fortuna, yo ya conocía parte de ella. Fue una entrevista a corazón abierto, de esas en las que uno se desgarra el alma para contar cómo ha logrado levantarse tras cada golpe que le ha ido propinando la vida.
Desde sus comienzos en la Sierra de Madrid, siendo apenas un niño, conoció la parte más dura del mundo del toro: el llamado Valle del Terror, la escasez, la falta de lo más básico para cualquier persona, como la luz o el agua, y la necesidad de aprender a buscarse la vida demasiado pronto. Nos habló de sus inicios como novillero, enfrentándose a las ganaderías más duras en las puertas de Madrid. Poco a poco fue haciéndose un nombre, eso sí, a base de sacrificio, esfuerzo y una fe inquebrantable.
Llegaron la soñada alternativa, las seis Puertas Grandes de El Puerto, los triunfos… y también las injusticias. Las veces que se quedó fuera de los carteles de su tierra aun siendo el triunfador del año anterior. Pero quizá lo que más nos sorprendió —a mí el primero— fue saber que, antes de la pandemia, tenía cerradas siete u ocho corridas, además de una confirmación por todo lo alto junto a Ponce y una corrida de Cuvillo que podían haber cambiado su destino.
A día de hoy todavía me pregunto de dónde saca fuerzas el bueno de Dani para seguir adelante. Hay que tener la cabeza muy bien amueblada y el corazón lleno de verdad para resistir tantos golpes sin perder la esperanza.
Ojalá algún día podamos decir que todo mereció la pena. Sería una auténtica injusticia que Daniel Crespo Murillo no llegara a convertirse en lo que tantos aficionados deseamos verlo: una figura del toreo.
Gracias, Dani, por hacernos comprender que detrás del oro y la seda hay un hombre. Un hombre que ha sufrido lo indecible por perseguir sus sueños.
Ánimo, torero.
Juan M Quiros
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