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Otra vez. Y van seis.
09 Agosto 2026Artículo de opinión de Juan M Quiros
Otro año más lo ha vuelto a conseguir. Seis Puertas Grandes consecutivas en la Plaza Real de El Puerto de Santa María. Seis años dejando su nombre escrito en una plaza que ya parece hecha a la medida de Daniel Crespo.
Y si lo de ayer no sirve para que en Madrid le den la oportunidad que merece y para que pueda torear veinte tardes la próxima temporada, definitivamente tendré que dejar de creer en este sistema que, por otra parte, ya de por sí me cuesta bastante entender.
Los que tuvimos la suerte de estar ayer en la Plaza Real no asistimos simplemente a otra tarde de Daniel. Asistimos a la confirmación de un torero. A una tarde de torería, disposición, madurez y cabeza.
Como sabéis, llevo siguiendo a Daniel por buena parte de los rincones taurinos de España. Creo que solamente me faltan Francia y Hellín para poder decir que lo he visto torear prácticamente en todos los sitios donde ha hecho el paseíllo. Pues bien, puedo afirmar algo que quizá sorprenda: lo que vi ayer en Daniel Crespo no se lo había visto nunca.
Esa madurez. Ese poso. Esa cabeza privilegiada. Ese gusto por hacer las cosas bien. Esa naturalidad delante de la cara del toro. Esa manera de entender los tiempos y las distancias…
Sinceramente, no imaginaba que Daniel tuviera todavía ese escalón por subir.
Y ayer lo subió.
Un toro que se dejó… y un torero que lo aprovechó
¿Que el toro sirvió? Mucho.
Fue, probablemente, el único animal verdaderamente aprovechable de una corrida de El Freixo que dejó bastante que desear. Un toro con teclas, con sus dificultades, pero que tuvo recorrido y, sobre todo, se dejó. Y Daniel lo cuajó de principio a fin.
Ya con el capote dejó claro que venía dispuesto a todo. Y llegó ese quite con el capote a la espalda que nos dejó el corazón helado. De esos momentos en los que uno deja de respirar durante unos segundos porque sabe que está viendo algo distinto.
Después llegó la muleta.
Una faena apoteósica.
Muy bien estructurada, con sentido, con gobierno y con una naturalidad que cada vez es más difícil encontrar. Si tuviera que ponerle un pero —porque siempre hay que poner alguno— habría echado de menos alguna tanda más con la zurda, esa mano que, por encima de todas, sigue mandando en el toreo.
Pero qué manera de torear.
Y qué manera de rematar las tandas.
Los pases de pecho de pitón a rabo, largos, hasta detrás de la cadera, tuvieron una profundidad y una pureza que, por momentos, parecían sacados de otra época. De esos pases que, salvando las distancias, bien podrían haber llevado la firma del mismísimo Antonio Ordóñez.La estocada cayó algo baja, hasta la empuñadura, con una muerte espectacular del toro.
¿Y qué?
Dos orejas. Y dos orejas de mucho peso.
Dos orejas de las que deberían servir para algo más que para engordar una estadística.
Porque una tarde así debería abrir puertas. Y algunas puertas están en Madrid.
Y llegó el sexto
En el último tuvo enfrente un toro complicado, andarín, de los que no terminan de colocarse y que reponen con demasiada rapidez. Ahí también estuvo Daniel, aseado, firme y dispuesto. Le robó una oreja de ley, de esas que hay que arrancar y que el público pidió con mucha fuerza.
Pero si tengo que quedarme con algo de ese toro, me quedo con el quite.
Originalísimo.
Unas tijerillas muy abelmontadas, de las que ya no se ven todos los días. Un quite de torero con personalidad, de los que dejan huella.
A estas alturas, y sin miedo a equivocarme, opta seriamente a ser uno de los quites de la temporada, junto al de Pablo Aguado del pasado domingo.
Morante, siempre Morante
Del resto de la corrida, poco que apuntar.
A Morante todavía no le salió ese toro que necesita para arrebatarse. Ese toro que le encienda la chispa y le permita sacar de dentro todo lo que lleva.
Pero incluso cuando no aparece ese momento, Morante siempre deja Morante.
Un detalle.
Una ocurrencia.
Una manera de colocarse.
Un muletazo que nadie había pensado antes.
Esas cosas que solamente un genio puede inventar en la cara de un toro.
Y ahora queda la pregunta inevitable:
¿Y si el día es hoy?
Manzanares, sin material
De Manzanares, poco o nada que contar.
No tuvo material delante y, sin toro, hasta el más grande de los toreros tiene poco que decir. El alicantino es ya un torero absolutamente amortizado, un torero que parece haber entrado en esa fase de su carrera en la que cada tarde pesa más lo que fue que lo que está siendo.
Quién sabe si la de ayer pudo ser su última tarde en El Puerto.
El Freixo, suspenso
Del ganado, uff…
Presentación muy al límite, con un par de toros que, sinceramente, no debieron haber salido por la puerta de chiqueros de la Plaza Real.
Corrida fea, vacía, con poca cara y con algún ejemplar cuyos pitones despertaron demasiadas sospechas.
Un punto claramente negativo para El Freixo.
Porque la Plaza Real merece otra cosa.
Y otra vez, la Banda de Música
Y para terminar, hay que hablar de ellos.
Porque lo de ayer fue mucho más que acompañar una corrida.
La Banda de Música de Dueñas dio un concierto en toda regla.
Y el culmen llegó con Nerva.
¡Vaya manera de tocar!
Una auténtica sinfonía en una tarde en la que la música volvió a ser parte fundamental del espectáculo.
Qué suerte tiene El Puerto de tener un torero como Daniel Crespo.
Y qué suerte tiene también de contar con una banda como la de Dueñas, dirigida por mi amigo Javier Alonso.
Enhorabuena a todos.
A Daniel, por otra tarde para la historia.
A su cuadrilla, por el trabajo.
A la Banda de Dueñas, por volver a poner música donde otros solamente ponen ruido.
Y a El Puerto, por poder presumir de todo ello.
Porque seis Puertas Grandes consecutivas no son casualidad.
Son la consecuencia de un torero que, año tras año, sigue llamando a la puerta.
Ahora solo falta que alguien, en Madrid, decida abrírsela.
Así lo vi. Así lo cuento.
Juan M Quiros
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