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LAGUNAJANDA, DANIEL CRESPO Y UN ESPERPENTO
31 Agosto 2026Artículo de opinión de Juan M Quiros
Los que tuvimos la «suerte» —sí, entre comillas— de estar ayer en Tarifa vivimos una tarde-noche que, por unas cosas o por otras, difícilmente olvidaremos.
Y no precisamente por el resultado de la corrida, que fue entretenida, con matices y momentos interesantes. Lo que no había visto en mi vida son cuatro horas de corrida de toros. Cuatro horas. Y eso, señores, es demasiado para cualquier aficionado.
Pero si hubo un momento que resumió el esperpento vivido ayer en el antiquísimo coso tarifeño fue la devolución de Triunfador a los corrales después de ser indultado.
Aquello fue sencillamente un despropósito.
Más de una hora para conseguir que el toro entrara en el camión que debía devolverlo a tierras vejeriegas. Sin cabestros, sin unos corrales adecuados para manejar un animal indultado y con una situación que, lejos de dignificar la fiesta, nos deja en evidencia.
Flaco favor le hacemos a la tauromaquia con espectáculos como el de ayer.
Y mientras tanto, seguimos viviendo el fenómeno de la «indultitis». Ayer perdí la cuenta de cuántos toros fueron indultados por esas plazas de España. Esto empieza a parecerse peligrosamente a una moda. Y a las modas, en la tauromaquia, también hay que ponerles límites.
Yo, particularmente, aboliría los indultos en plazas de tercera. Y más aún cuando ni las instalaciones ni los medios están preparados para gestionar lo que viene después.
Porque indultar un toro no es levantar el pañuelo naranja y salir por la puerta grande. Un indulto es algo muy serio. Es reconocer la excepcionalidad de un animal que debe ser extraordinario en todos los tercios, no simplemente un toro que embiste mucho y permite una faena lucida.
O ponemos coto a esto o, señores, se nos va de las manos. Y rompiendo una lanza en favor de Triunfador, fue un toro de bandera, de los últimos toros indultados, quizás de los de más justicia.
LAGUNAJANDA, DE NOTA ALTA
Y vayamos a lo verdaderamente importante: los toros.
Porque desde La Janda se embarcó una corrida de mucha nota. Cuatro toros de altísimo nivel, un sexto que fue el menos boyante del encierro y un quinto bis que fue una auténtica máquina de embestir.
Enhorabuena a toda la familia. A María, la matriarca, y a su hijo Salvador. Muchas horas de trabajo, dedicación y sacrificio hay detrás de una corrida así.
Y si Carlos Zúñiga está buscando algo nuevo, algo diferente y, sobre todo, algo que embista para El Puerto, ahí tiene una corrida para el próximo año.
Que tomen nota.
ESCRIBANO, EN SU LÍNEA
Manuel Escribano estuvo fiel a su concepto. Entregado, profesional y dándolo todo durante toda la tarde.
Lo malo es que nos hemos acostumbrado a ver a Manuel con las «duras» y, claro, cuando cambia el escenario parece que todo se le queda un poco corto.
Pero ahí estuvo, como siempre: sin esconderse y dando la cara.
GALÁN ME SORPRENDIÓ
David Galán, si os digo la verdad, me sorprendió. Y para bien.
Cuando se puso a torear por derecho, toreó muy bien. Dos faenas con temple, valor y algunos pasajes de mucha calidad. Ahí sí apareció el torero que uno quiere ver.
Lo que no entiendo —ni entenderé nunca— son ciertos finales de faena.
El salto de la rana y las charlotadas tienen su sitio, pero ese sitio no es una corrida de toros.
Y lo de quitarse las zapatillas durante las faenas tampoco lo comprendo.
Quizá sea una cuestión de gustos, pero yo soy de los que piensa que los toreros se visten de toreros y se comportan como toreros de principio a fin.
La personalidad no necesita disfraces.
Y DANIEL CRESPO...
Y de Daniel Crespo, ¿qué queréis que os cuente?
Cada vez lo veo más asentado. Más maduro. Con la cabeza más fría y toreando cada vez mejor. Y mira que eso último parecía difícil.
A su primero lo cuajó de principio a fin. Una faena de muchos quilates, con naturales y remates que fueron auténticas pinturas.
Este torero tiene algo que cada vez escasea más: sabe torear.
Y lo hace, además, con una naturalidad que hace que parezca sencillo lo que no lo es.
Estoy deseando volver a verlo en Ubrique con la de Adolfo. Porque Daniel Crespo es de esos toreros que uno tiene la sensación de que pueden con todos y cada uno de los encastes.
Por ponerle un pero —que siempre hay que poner alguno—, no creo que sea un torero para recibir a los toros con largas cambiadas.
Y lo digo por una razón muy sencilla: torea a la verónica como los ángeles.
No necesita esas alharacas.
Los toros se reciben como mandan los cánones: verónicas, temple, mando y, para rematar, una media o una revolera.
Todo lo demás, a mí, me sobra.
Ahora bien, en los quites es otra historia. Ahí sí quiero variedad. Ahí sí me gusta que el torero eche imaginación, recursos y personalidad.
Porque una cosa es la variedad y otra muy distinta convertir la corrida en un espectáculo de ocurrencias.
Y ASÍ LO VI
Una tarde con una corrida de LagunaJanda que dejó muy alto el pabellón, un Daniel Crespo que sigue creciendo y un episodio con el indulto que, sinceramente, deberíamos analizar todos los que amamos esta fiesta.
Porque la tauromaquia necesita emoción, verdad y toros.
Pero también necesita seriedad, criterio y respeto por sus propios cánones.
Lo de ayer, en algunos momentos, fue una corrida de toros.
Y en otros, sencillamente, un esperpento.
Así lo vi.
Y así lo cuento.
Juan M Quiros
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