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Pablo Aguado
Sevillanía
27 Septiembre 2026Articulo de opinión de Kuan M Quiros
Si alguien quiere saber qué es la sevillanía en el toreo, que se ponga una y mil veces el vídeo de Pablo Aguado ayer en La Maestranza. Lo que hizo fue una auténtica oda a la torería, al temple, a la naturalidad y, sobre todo, al buen gusto.
Y no me duelen prendas en reconocerlo: yo casi había perdido la fe en Pablo. Durante demasiadas tardes parecía vivir de las rentas de aquella Puerta del Príncipe de 2019. Tardes en las que no terminaba de romper, en las que se quedaba a mitad de camino entre el petardazo y el zambombazo. Y lo dice uno que fue —y sigue siendo— un aguadista de fe, convencido de que Pablo Aguado podía ser uno de los grandes continuadores de ese toreo clásico y sevillano que tanto admiramos.
Pero parece que nos hemos reencontrado con aquel Aguado que nos hace contener la respiración, que nos eriza el vello y que consigue que el toreo parezca sencillo cuando, precisamente, sencillo no tiene absolutamente nada.
Ya en El Puerto pudimos ver algunas pinceladas de ese torero. Aquella faena al de Cuvillo fue torería por los cuatro costados. Y hasta con los palos se gustó, colocándolos con una naturalidad que parecía llevar haciéndolo toda la vida.
Y ayer, en La Maestranza, volvió a aparecer el Pablo Aguado que todos esperábamos.
Ese torero de muñeca dormida, de figura desmayada, de capote con sabor antiguo y muleta templada. Ese torero que no necesita correr, ni atropellar, ni levantar la voz para decir absolutamente todo delante de un toro.
El heredero de una forma de entender el toreo profundamente sevillana. Esa sevillanía de los Vázquez, de la elegancia sin esfuerzo, del compás, de la armonía y de ese pellizco que no se explica: se siente.
Y hablando de elegancia, hay otra cosa que tampoco se puede pasar por alto: no hay torero al que le siente mejor un traje de luces que a Pablo Aguado. Parece hecho para él. Hay toreros que se visten de luces y otros a los que las luces parecen estar esperando.
Gracias, Pablo.
Gracias por volver a encontrarte contigo mismo y por recordarnos que el toreo, cuando se hace con temple, torería y buen gusto, puede convertirse en una auténtica obra de arte.
Gracias por regalarnos, una vez más, la sevillanía del toreo.
Juan M Quiros
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