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Ponce y El Fandi a hombros en León

Ponce y El Fandi a hombros en León

26 Junio 2010

León. 2ª de Feria. Tres cuartos de plaza. Se han lidiado toros de Zalduendo, desiguales de presentación y juego, el 5º premiado con la vuelta al ruedo.

Enrique Ponce, ovación y dos orejas.
Morante de la Puebla, oreja y saludos.
El Fandi, dos orejas y oreja.
Cayetano, palmas y oreja

 



Abría el cartel Enrique Ponce, que lleva 18 años ininterrumpidos toreando en el coso leonés. Se enfrentó a un toro noble y justo de fuerzas, aunque con buen tranco. El torero, muy firme en el tercio, lo templó por la mano derecha, construyendo una labor de buen tono y excelente nota. Falló con la espada y saludó.

Con su segundo, en el centro del anillo movió al toro a media altura, ligando las series con la faldita de la muleta, unas veces, y con la bamba otras. Le concedieron dos orejas.

Morante es punto y aparte. Dos lances, sólo dos, justifican su presencia en cualquier cartel. Tan sevillano como estético, cimentó por ambos pitones una actuación sobresaliente y cuajada, rebosante, como es habitual en él, de profesionalidad. Cortó una oreja.

Toreó natural a su segundo, los muletazos, muy dibujados y con trazo, no tuvieron eco en los tendidos. Se le aplaudió.

El Fandi es un ídolo en León. Con el capote, largas cambiadas, verónicas, chicuelinas, todo un repertorio perfectamente encajado. Con las banderillas provocó el paroxismo y había cortado ya las orejas del toro antes del último tercio. La faena, sin mantener el equilibrio deseado, llegó a los tendidos, que jalearon cuanto hizo el granadino. Cortó dos orejas.

En su segundo, con unas facultades innatas y una técnica discutida pero no discutible, se trajo al animal a tierra de nadie y lo desplazó a toque de muñeca. Faena de contenido fácil y sin otros matices que los habituales en él. La presidencia le concedió una oreja.

Cayetano sorteó por delante un toro justo de presencia y fuerzas que colaboró poco. Faena sin fondo y ni ritmo, pero jaleada por el público. Faltó emoción y sobró vulgaridad y espejo. Se le silenció.

Frente al último, salió con mejor disposición, cerró algún muletazo estimable en el toreo fundamental, sin que ello le otorgara contenido al cuerpo central de un enfrentamiento de calificación pobre de principio a fin. No obstante, el respetable pidió la oreja y la presidencia se la concedió.
EFE
 



 






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