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Ivan Vicente
Iván Vicente corta una oreja por estética y Juan Carlos Rey otra de paisanaje
30 Agosto 2011Colmenar Viejo. Cuarta de la Feria de los Remedios. Un tercio de plaza. Toros de Ángel Luis Peña, bien presentados y desigual en el juego.
Víctor Puerto, silencio en ambos;
Iván Vicente, oreja y ovación;
Juan Carlos Rey, que tomaba la alternativa, ovación y oreja .
Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por el XXVI aniversario de la muerte de José Cubero Yiyo.
LO QUE EL DESCABELLO SE LLEVÓ
Una tarde a medias de todo. Los toros de Ángel Luis Peña no fueron precisamente una perita en dulce para los toreros. La mansedumbre lo inundó todo, y así es imposible, o casi imposible.
Entre los toreros destacó un nombre por encima de todos: Iván Vicente, protagonista del toreo más estético y enjundioso de la tarde, aunque sólo cortó una oreja al faltarle contundencia en la suerte suprema en la faena al quinto, cuando ya acariciaba la Puerta Grande, pero el descabello se llevó el triunfo.
De Víctor Puerto poco que decir con un lote imposible, y del joven Juan Carlos Rey destacar tan sólo la disposición y entrega que puso en dos faenas en las que faltó más acople. No obstante, paseó una oreja del sexto.
Vicente supo aprovechar al brusquito tercero, primero de su lote, al que pegó buenos muletazos con la mano derecha acompasando muy bien las embestidas del animal, que, dicho de paso, también tuvo un punto de mansedumbre, ya que marcó siempre los terrenos donde transcurrió la faena, y acabo rajándose al final.
No obstante, fue la faena más emocionante de la primera mitad del festejo, y la más estética también. Agarró una buena estocada que le valió una oreja.
El quinto fue el toro más noble de la corrida, pero a la vez el más soso. Vicente toreó pulcro y hasta con elegancia alternando las dos manos. Pases bonitos y con cierta expresión. Y cuando tenía la oreja prácticamente en sus manos, ya está dicho, su fallo con el descabello lo echó todo al traste.
Víctor Puerto no tuvo toros para lucirse. En primer lugar se topó con un animal muy deslucido por manso e incierto. Toro gazapón y mironcete, que no se empleó nunca, defendiéndose y con querencia a tablas, con el que Puerto sólo pudo lucirse de capote, pues en la muleta nada pudo hacer más que quitárselo del medio.
El cuarto fue otro "regalo", pues además de manso y remiso, fue también violento y con malas ideas. Puerto aquí no pasó prácticamente de las probaturas.
Juan Carlos Rey puso mucha voluntad en el toro de su alternativa, un animal que se movió en el último tercio pero con poca clase, y al que el toricantano toreó con entrega en un trasteo al que le faltó mayor acople, y, sobre todo, no dejarse tropezar tantos los engaños.
La faena al sexto tuvo más reposo e incluso secuencias de cierto buen aire en el toreo a derechas, pero al conjunto de nuevo le faltó unidad y mejor colocación por parte del torero, aunque el mérito esta vez estuvo en la limpieza y el temple del toreo de Rey.
Pero al final, para que todos saliesen contentos, le dieron la oreja, sin importar el infame "sartenazo" a modo de estocada con el que despachó al animal. EFE
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