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Ponce indulta a "Comendador" en Alicante

Ponce indulta a "Comendador" en Alicante

22 Junio 2009

Alicante. 3ª Feria Hogueras. Tres cuartos de plaza.
Toros de Juan Pedro Domecq, terciados. Manejables pero bajos de raza salvo el 4º, de nombre 'Comendador', 482 kilos, nº 134, noble pero flojo, fue indultado.

Enrique Ponce, oreja tras aviso y dos orejas simbólicas tras aviso.
José María Manzanares, palmas y dos orejas.
Eugenio Pérez, vuelta tras aviso y silencio tras avis.



FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presencia, mansos y flojos. Cuarto y quinto, con más contenido, aún sin cumplir los mínimos. Desproporcionado, alucinante el indulto del cuarto ¿toro?, de nombre "Comendador", número 134, colorado, 482 kilos y nacido en diciembre de 2004. Datos ofrecidos sin pretensión de hacerlos pasar a la historia.

ESPADAS:

Enrique Ponce: estocada baja (una oreja tras un aviso); y sin llegar a simular la suerte de matar al toro indultado (dos orejas simbólicas)

José María Manzanares: pinchazo hondo y estocada (palmas); y estocada (dos orejas).

Eugenio Pérez: estocada y dos descabellos (aviso y vuelta tras petición en el límite); y estocada (ovación tras un aviso).

INCIDENCIAS:

El indulto de una babosa tomada por toro, de Juan Pedro Domecq, en una escenificación de corrida desproporcionadamente llevada a lo ridículo, fue el clímax de la tarde, hoy en Alicante.
En cuadrillas, Álvaro Oliver se desmonteró tras banderillear al tercero. La plaza tuvo casi tres cuartos de entrada en tarde agradable, matizada la buena temperatura por una ligera brisa imperceptible en el ruedo
 

CRÓNICA DEL FESTEJO


Una ridícula representación de corrida de toros, indulto incluido

No tiene arreglo lo de los indultos en plazas menores, donde se llevan la palma las ganaderías con fama de "toreristas" (las preferidas por los toreros figuras), caso de la de Juan Pedro Domecq. Y a propósito, muy buena la teoría de este ganadero sobre los cumplimientos del toro bravo, magníficamente expuesta en disertaciones y un lujoso libro de reciente aparición, aunque no se corresponde con su forma de plasmarlo en la realidad. Lo que él cría es otra cosa. El toro bajo mínimos, con notables ausencias en los dos frentes fundamentales: ni raza, ni fuerzas.

Un toro cuya principal exigencia estriba en los cuidados que necesita para que colabore con el torero. Los problemas de la bravura, al no darse ésta, tampoco existen. Aunque sí los que se derivan de su ausencia. Dicho más claro, las únicas dificultades del toro de Juan Pedro Domecq es mantenerlo en pie, apuntalarle, y una vez conseguido, acompañarle. Nada de aguantarle, ni tragarle, ni poderle, ni imponerse a él. Sólo consentirle.

Ese es el toro que cría Juan Pedro Domecq para vergüenza y escarnio de los verdaderos ganaderos de bravo, para desgracia de "la Fiesta". Y no hay que hablar de "afeitado" porque éste es un pecado ajeno al animal. Pero el problema no es Juan Pedro Domecq, ni su tratado sobre la bravura. El aprieto está en las fórmulas administrativas (del Estado, de la propia nación y/o de las autonomías) que propician desvergonzantes actuaciones como la de hoy en la plaza de Alicante donde se ha elevado a categoría de indulto el reconocimiento a una auténtica babosa, un torito sin presencia ni esencia, el cuarto de corrida, cuyos méritos se reducían a un poco más de aguante y fuerza
que los tres toros que ya se habían lidiado.

¿La culpa, del presidente? Sin duda. Pero hace falta que el espectador tenga también lo que se llama cultura taurina. Saber ver y valorar más allá del colorido de la tarde. La parte externa del espectáculo es bonita, y necesaria. Pero el respeto a la liturgia, conocer el desarrollo y la esencia del festejo, para apreciarlo en su justa medida, es fundamental. Y aquí entraría la responsabilidad también de los medios de comunicación. El periodismo independiente, sin prejuicios ni hipotecas, por una "Fiesta" estimada en su verdadera dimensión.

De los estamentos profesionales directamente implicados hay que esperar poco. Al contrario, aprovechan la mínima para montar "el numerito", como hoy. De vergüenza. Los aspavientos del ganadero y el empresario, forzando al presidente Javier Arricivita a sacar el pañuelo naranja. Anda que si como comisario de policía, en sus tareas más estrictamente profesionales, se anda con la misma ligereza, dejándose convencer, por no decir engañar, tan fácilmente... Hay que pensar que ahí no hay fallos, que la seguridad ciudadana de los alicantinos está en muy buenas manos. Pero ese temple y mando, también en las plazas de toros.

Es lo que tiene a veces el triunfalismo. El triunfo de lo banal. La gran mentira de "la Fiesta" es el indulto y las orejas de hoy en la plaza alicantina. Un toro que apenas superó la suerte de varas. Que perdió las manos y manseó durante toda su lidia. Que iba y venía mientras Ponce no le obligaba lo más mínimo, sin someterle en un solo muletazo. El perfecto toro de carril, sin emoción, como la misma faena. Estética, sí, pero ninguna profundidad.

Y no hace falta entrar en más consideraciones para desacreditar los demás "triunfos" en la tarde. Ponce cortó también una oreja del primero, que no sangró ni para un análisis. Manzanares hizo el ridículo en su primero por empeñarse en rescatarlo de la mansedumbre y la invalidez totales. Al quinto le cortó las orejas por una faena también sin grandes argumentos artísticos ni mucho menos de valor, sencillamente por la velocidad que había tomado la orgía triunfalista. Y Eugenio Pérez, por no matar bien y porque su lote no se dejó tanto, se fue de la plaza por su propio pié

Juan Miguel Núñez - EFE



 






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