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El Juli, Castella y el ganadero en hombros

El Juli, Sebastián Castella y el ganadero Miguel Gutiérrez.

El Juli, Castella y el ganadero en hombros

13 Enero 2013

Manizales (Colombia) 13 Enero. Última de feria. Lleno cómodo. Seis toros de Herederos de Ernesto Gutiérrez, en tipo de la casa, pastueños, aplaudidos todos en el arrastre, indultado el 5º, “Contratista”, # 22, de 480 kilos, cuatreño, negro, cornicorto. Aplaudidos los arrastres de los otros cinco.

Pepe Manrique, silencio tras aviso y saludo.
El Juli, oreja y dos orejas.
Sebastián Castella, oreja y oreja.

Al final del festejo, Fue paseado a hombros Rodrigo Arias “E Monaguillo” que se despidió y tras él salieron a hombros: El Juli, Sebastián Castella y el ganadero Miguel Gutiérrez.



Seis toros de azúcar, un indulto, dos faenas inconmensurables del Juli, dos premiadas de Castella, y el ganadero a hombros con ellos. Manrique, a gran nivel en sus dos turnos, no remató bien uno, y no fue bien valorado en el otro.

Perdónenme, pero no fatigaré más con lo de la idiosincrasia del toro y la afición de Manizales. El que no lo quiera entender, que no lo entienda. Lo único que diré, es que los herederos de Ernesto Gutiérrez, en medio del delirio de una plaza llena, echaron hoy al ruedo un encierro que jugó como sueñan los toreros. Un encierro que dejó parar, templar, mandar, cargar la suerte, ligar, y dar alas a la imaginación. Pastueño, es un término insuficiente para contener la bondad, fijeza, repetición y fondo del sexteto que además galopó a largos trechos, entre otras cosas, porque sus discretas hechuras, justo poder y escaso cuajo ameritaron muy poca vara.

Como anteayer, seis faenas en las que solo la espada puso algunos borrones, un palco alegre que hizo sonar el pasodoble excepcional más que la cucaracha, un público feliz, tres toreros que se querían chupar los dedos, y entre ellos El Juli, sobre todo El Juli. Torero largo donde los haya, instintivo, intuitivo, maestro. Su genética descubierta y denunciada primero que nadie por Vicente Zabala padre, cuando lo vio en Chinchón a los once años. Su largo trajinar marcado a cornadas en su rostro, y esa prematura madurez de adivino que presiente las reacciones de los toros y ejerce sobre ellos un dominio total para explayar con ellos su extensa tauromaquia.

Dos faenas de una serenidad, geometría y variedad increíbles. Dos cátedras de cómo lo imposible se hace es fácil, y además desparpajado, espontáneo, natural. La del segundo, quizá más apasionada que la del quinto, pues aunque menos toro era más codicioso. Más ambas, de una irresistible atracción. Las variaciones de capa, las tandas ambidiestras de muleta, la quietud impertérrita, la rima, la medida, el tiempo, el terreno el repentismo, la dictadura delicada y respetuosa sobre la acometidas, la noria pa´un lado y pa´l otro, con medio trapo barriendo, y la ausencia de esfuerzo convirtieron la Monumental en un frenocomio musicalizado. Solo un falla, y grande, perdió la distancia en el julipié, y la espada entró trasera y caída. Así y todo le dieron una oreja. Usía ha puesto el valor de la suerte suprema en esta feria a la altura del betún.

Con el quinto, “Contratista”, dio Julián un concierto de percal. Saludo por verónicas, faroles, orticinas y larga. Dos quites a falta de uno. El primero, de cuatro lopecinas y el segundo de cinco chicuelinas y larga lagartijera. La plaza que se caía, y luego, venga toro a orbitar alrededor del poste y cuando miró tablas y se quiso rajar. No señor, solo muleta y muleta, solo torero y torero, solo medios y medios. La igualada provocó una protesta escandalosa, y más faena, y el indulto increíble, y las dos orejas que dicen poco de la obra.

Torear después de semejantes acontecimientos es una desgracia, cualquier cosa que uno haga queda pequeña. Eso le pasó al serio Sebastián Castella, que con su entrega, carisma y corrección solo pudo luchar para que los ecos de las emociones recién desencadenadas no se apagaran del todo en sus turnos. Tras un puntazo que le perforó la taleguilla y una paliza rastrera, cortó una oreja con una estocada honda. De la enfermería le salió al sexto carilavado, y la gente le agradeció con todo. La faena lejana, fue aseada, subrayada por el gesto, pero los oles a espasmos parecían más de simpatía que de auténtica emoción. La chirimía sonaba solidaria pero incongruente, y un pinchazo y una estocada despendida le dieron la otra mitad del tiquete para la puerta grade.

El veterano Pepe Manrique, vino a levantar el telón y lo hizo con una solvencia y una torería dignas de más acierto y consideración. Su brega con el primero era de oreja(s) y él mismo las evitó con un estoque delantero ineficaz, cinco desesperantes golpes de cruceta y un aviso. Pero la del cuarto, mejor aún, la firmó con un pinchazo y un espadazo fulminante. La petición fue dura pero no atendida.

Pasaron muchas cosas hoy, entre otras, “El Monaguillo”, compañero de César Rincón en su largo viaje de la nada a la gloria, se despidió colocando dos estupendos pares, y le pasearon a hombros.

voyalostoros.com



 






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