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Otra tarde mas sin pena ni gloria donde cae herido Salvador Cortés

Otra tarde mas sin pena ni gloria donde cae herido Salvador Cortés

28 Mayo 2009

Las Ventas (Madrid). 22ª de San Isidro. Casi Lleno. Toros de Cebada Gago (1º, 2º y 3º) y Guadiola Fantoni

Luis Miguel Encabo, silencio, silencio tras aviso y pitos tras aviso
Fernando Cruz, silencio tras aviso, silencio y silencio.
Salvador Cortés, herido en su primero.

PARTE MÉDICO DE SALVADOR CORTÉS: Herida por asta de toro en la cara anterior del tercio inferior del muslo izquierdo con trayectoria de 20 cm que causa destrozos en el cuadriceps femoral. Pronóstico menos grave. Firmado Dr. D. Máximo García Padrós.



FICHA DEL FESTEJO

TOROS:

Tres toros de Cebada Gago, jugados por delante, de desigual condición, y tres de los Herederos de Salvador Guardiola Fantoni, que completaron corrida, de buen cuajo, nobles pero aplomados..

ESPADAS:

Luis Miguel Encabo, de azul turquí y plata, silencio y pitos tras un aviso.

Fernando Cruz, de verde musgo y oro, silencio tras un aviso, silencio y silencio.

Salvador Cortés, de carmín y oro, herido por el tercero

INCIDENCIAS:

22ª de San Isidro. Casi lleno. Primaveral. Salvador Cortés cornada de 20 cms. en el tercio inferior del muslo izquierdo de pronóstico menos grave. Sólo media corrida y de baja nota en la reaparición de Cebada Gago en las Ventas al cabo de casi veinte años. Sigue la racha sangrienta de la feria. Espectáculo pobre.

 

CRÓNICA DEL FESTEJO

Salvador Cortés, herido menos grave

De los seis toros de Cebada Gago previstos sólo tres pasaron la aduana. Media corrida. Frustrada, por tanto, la reaparición del hierro a San Isidro al cabo de dieciocho años. Un jarro de agua fría. Distintos los tres toros: de mansa condición un primero bizco, que acabó rajado; tan solo manejable un descarado segundo que echó las manos por delante y peleó muy poco; de codicia destartalada, de abrirse y no humillar el tercero, que, finísimas las palas y las puntas, se dejó torear más que sus hermanos. Ninguno de los tres fue toro de especial trapío, ninguno hizo en el caballo nada memorable.

Para completar corrida se echó mano de tres toros de Guardiola del encaste Villamaría. El tercero de los tres cebadas le pegó una cornada menor pero muy aparatosa a Salvador Cortés, Encabo mató al toro de la cornada y dos de los villamartas cayeron en manos de Fernando Cruz. Cuarto y sexto. Se corrieron turnos según costumbre. El cuarto, cinqueño, fue de hondura sobresaliente: enmorrillado, prieto de carnes, cuello espectacular, encajada la cabeza, inmensa, como a tuerca en cuello mínimo. Cornialto, cenicientas la cuerna y las puntas. Se empleó en el caballo muy en serio y pagó las secuelas de un primer puyazo casi letal. Noble, tardo, suave, algo encogido y agarradito al piso, el toro se vino a aplomar.

Un largo y alto quinto fue de otra línea: amplio el porte, negro lucero, ligeramente zancudo. Casi la misma nobleza que el cuarto de corrida, no tan zurrado en el caballo, pero apagado y rebrincado, tardo. Descolgó sin humillar. El sexto, que desmontó por el cuello de caballo al piquero Pedro Iturralde, se enceló con el peto del jaco desmontado, pareció lastimarse en el cuarto galope, apoyó mal, se agarró al piso más que los otros dos del repuesto y pecó por mirón: por desparramar la vista.

Ni Luis Miguel Encabo ni Fernando Cruz encontraron la manera. A Encabo, cogido pero no herido al prender al primer cebada un par de banderillas, le faltó la resolución de veterano para disponer con seguridad de ese toro que rompió plaza, que probó antes de rajarse pero fue toro previsible. Había una especie de psicosis en las cuadrillas. Y en la gente del callejón, por donde se movieron mucho alguaciles, banderilleros, ayudas, mozos y otras gentes. Como si la corrida fuera de las de terror, que no lo fue. En los tercios de varas, los monosabios cumplieron en algún caso como si fueran directores de lidia, asomaron constantemente puntas de capote. Sin razón. Fernando Cruz no anduvo despejado ni firme con el único cebada que mató. Un toro rebrincado que le hizo sufrir por la mano izquierda y no le dejó asentarse por la otra. Hubo brindis al público. Pero no justificación de brindis.

El tercero sacó cofia reluciente, afiladísima y generosa. Lavadito de cara, sacudido de carnes y bien plantado, un toro clásico de Cebada Gago. Manso de salir de estampida del caballo, pero, con pies, fue toro ligero y pronto. Salvador Cortés, afanoso con el capote, no templado, apostó por la heroica en la apertura de faena: de largo el cite, no al galope el toro pero casi, y firmeza para aguantarse en el primer embroque, de mérito y riesgo. Una faena muy de las de Madrid. El propósito. Una primera tanda aceptable, con un aviso: el toro no se encelaba en el engaño, ni Salvador pretendía prender al toro, sino torear sobre la inercia. En la segunda tanda, en vez de continuidad hubo pérdida de pasos del torero de Mairena; la tercera tanda, a toro definido –se abría, no humillaba, pero repetía y se dejaba llevar- , fue más de tirones que de convencer. Después de veinte muletazos, estaba en combate casi nulo. Por la mano izquierda, el toro protestaba y en una de las protestas cazó a Salvador. Podía haberle hecho mucho daño. Una cornada de veinte centímetros. Menos grave el percance.

Encabo liquidó al toro sin pruebas. Y la corrida quedó entonces vista para sentencia. Se corrió la voz de que aquello era imposible, cuando dejaron de salir cebadas los toristas de Madrid se quedaron sin juguete, o eso pareció, y la inspiración y el arranque de los dos matadores supervivientes fueron mínimos. Cruz no se decidió a tirar del cuarto ni Encabo del quinto. El sexto, más deslucido, aconsejó abreviar. Una decepción.

(COLPISA, Barquerito)



 






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