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Fuerte cornada de Lancho
27 Mayo 2009Las Ventas (Madrid). 21º Festejo de la Feria de San Isidro. Con casi lleno, se han jugado Toros de Palha, bien presentados, nobles y encastados, todos ellos ovacionados en el arrastre.
Luis Antonio Gaspar "Paulita": Silencio y pitos.
Paùl Abadia "Serranito": Silencio y pitos.
Israel Lancho: Silencio y herido, paso a la enfermería.
PARTE MÉDICO: Herida por asta de toro en el hemitorax izquierdo con una trayectoria de 20 cms, en la cavidad torácica y orificio de salida de 5 cms. En espacio intercostal. Pronóstico muy grave. Fdo.: Dr. García Padrós.
FICHA DEL FESTEJO
TOROS:
Seis toros de Palha (Joao Folque de Mendoça). Corrida seria, variada, de mucha plaza. El segundo, encastado, el cuatro, muy bondadoso, y el quinto, de calidad, fueron toros de buena nota. Cornalón un primero noble pero distraído; agresivo el tercero; a su aire un sexto de grandes proporciones.
ESPADAS:
Luis Antonio Gaspar “Paulita”, de grana y oro, silencio y pitos.
Paúl Abadía “Serranito”, de cobalto y oro, silencio tras un aviso y silencio.
Israel Lancho, de verde botella y oro, silencio tras un aviso y silencio.
INCIDENCIAS:
21ª de San Isidro El sexto toro de Palha lo prende en el embroque de la estocada y le pega en el pecho una cornada casi fatal. Corrida de variado estilo, ágil y encastada. Tres toros notables. De pronóstico muy grave la herida de Israel Lancho, de 20 CMS. en el hemotórax derecho, con orificios de entrada y salida
CRÓNICA DEL FESTEJO
Israel Lancho, herido muy grave
La corrida de Palha estaba saliendo con viveza, interés, variedad y a gusto de casi todos, cuando a última hora sobrevino una tragedia casi fatal. En el embroque de la estocada con que iba a morir el último de corrida, Israel Lancho salió prendido por el pecho, como amarrado al enorme cuerno derecho, que se le encajó entre faja y chaleco, zarandeado brutalmente y, al cabo, herido de mucha gravedad. La cornada pudo haber sido mortal de necesidad.
El toro, al sentir la espada casi entera enterrada, se defendió con una violencia terrible. La plaza fue un grito de espanto. Las cuadrillas llegaron al quite raudas. Israel atacó en la suerte contraria y más allá de la segunda raya. Su alta figura desgarbada se interpuso entro el toro y su querencia. Ese detalle resultó fatal. El toro no salió librado del embroque. No había llegado a estar en realidad metido en el engaño nunca.
Poco y mal picado –un picotazo de blandearse y un puyazo muy trasero que hizo poca sangre- el toro, de mucha alzada y ensillado pero de soberbio porte, había pegado algún cabezazo descompuesto durante lo que fue una faena más voluntariosa que acertada. Con algún muletazo suelto bueno por la mano izquierda. Trabajo desmañado, porque el toro punteó por la derecha o se metía. Israel dio la impresión de sentirse derrotado cuando cambió de espada. No le habían rodado las cosas. Ilusión había: salió en el segundo de corrida a un quite por verónicas, un quite que quiso ser y no fue, porque, como a lance hecho, se fue antes de embroque. Un quite por lances a la valenciana o saltilleras al tercero de corrida salió deslucido por movido o mal librado.
El tercer toro de la corrida, de mucha gaita y descabalado galope, repuso por la mano izquierda, protestó en la corta distancia, remató a taponazos y fue, además, muy mirón. Buena la voluntad del torero extremeño, que mató de estocada tan defectuosa que asomó por el costillar derecho.
La corrida de Palha dio tres toros distinguidos. Un segundo de eléctrico compás, cierta fiereza al tomar la muleta en los medios, por abajo y sólo por la mano derecha y, en conjunto, toro de brava pelea; un cuarto de sorprendente son pastueño, casi ajeno a la leyenda de la propia ganadería: y un quinto que descolgó y quiso por las dos manos con caras maneras, que se vino a enterar a última hora y hasta repuso un poco por la mano izquierda. Curiosamente ninguno de los tres murió de bravo.
Ojos toristas
La corrida se vivió a favor de obra. Con ojos toristas se midió y celebró. Y hasta se pidió sin mayor motivo la vuelta al ruedo en el arrastre para el quinto. Paúl Serranito hizo cosas muy bonitas y buenas con sus dos toros, pero sin redondear con ninguno de los dos. En parte, por culpa del viento, que, cruel de nuevo, no dejó elegir terrenos ni casi distancias. Serranito, clásico y refinado, firme y seguro de sí, le bajó la mano al segundo y le pegó muletazos caros por el aguante, el ajuste y el temple. Pero en faena sin continuidad ni propiamente hilo. Al quinto lo trató muy generosamente y lo dejó ver, se lo trajo enganchado por las dos manos, lo supo esperar, y ligar en el sitio sin irse ni temblar. A este lindo trabajito le faltó lo mismo que al previo: garra, descaro, trama. Y faltó en los dos casos remate con la espada, que era en tiempos arma fuerte de Paúl pero ya no. Un quite por gaoneras al cornalón primero de corrida fue espléndida tarjeta de visita.
Paulita no se inspiró con el buen cuarto, con el que pecó de ligero. Y de no pensar, sino de atacar enseguida sin medir los tiempos del toro. De pronto sintió el peso del aliento de quines tomaron no sin motivo partido por ese toro tan pastueño de Palha. No le tembló el pulso a Paulita al ver asomar, para romper plaza, al toro más cornalón de todo San Isidro. Terrorífico, pero fiable porque, aunque distraído, se empleó con nobleza y no pegó ni cornadas al aire. Fue toro a menos, no humilló y a veces se iba de las suertes como si esta no fuera su corrida. El fin de fiesta tan dramático le quitó de golpe el brillo a todo lo previo.
(COLPISA, Barquerito)
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