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Una reflexión sobre la Plaza Real
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Por un lado el aficionado; perfectamente estructurado en una Federación de Peñas Taurinas. Serán más o menos numerosos los aficionados de El Puerto, pero lo que nadie puede discutir es que quieren tener su peso específico. Tanto es así, que el actual alcalde los contempla como miembros de una comisión de seguimiento del actual pliego de condiciones. Tiene peso porque el reglamento actual también los contempla como parte de los reconocimientos previos de las corridas de toros. Y tienen peso también porque emiten comunicados de prensa o porque la empresa concesionaria les pide opinión en determinadas ocasiones. Además, este importante núcleo de aficionados ha tenido a la prensa en general de su lado. Y es la prensa o la crítica taurina la otra parte a la que me quiero referir ahora. También existe una evolución en la prensa taurina en los últimos años. Nuevas caras que han ido entrando en los medios de comunicación. Fundamentalmente, tanto aficionados como prensa, han ido de la mano demandando un toro con más trapío para El Puerto de Santa María. Todo buen aficionado sabe que el peso de una plaza y su importancia se mide proporcionalmente con el toro que sale al ruedo. Pero en estos últimos años, aficionados y prensa hemos tenido dos grandes bloques enfrente. Muros que en ocasiones han sido casi infranqueables. Por un lado la empresa anterior que siempre se planteó que el toro de saldo era el arquetipo de la plaza de El Puerto. Ya conocen la frase que creo se la tenemos que atribuir a Curro Orgambides: Precios de 1ª, en plaza de 2ª con el toro de 3ª. Jamás llegamos a convencer a la empresa de que iba por el mal camino. Por eso, quizá, la empresa no llegó nunca a ganarse al aficionado de la zona. Llegó a ganar mucho dinero, en tiempos de bonanza económica, pero el reconocimiento de los aficionados nunca lo obtuvo. Ni tampoco de la prensa en general. La última corrida de su periodo de gestión fue un canto que resumía su trayectoria. La recordamos todos por haber sido una auténtica gatada. El otro bloque en contra era el presidente de la plaza. Pero de la presidencia y de sus grandes errores, por no decir tragaderas, no voy a contar mucho porque todos los conocemos. Jamás contribuyó a la integridad del espectáculo ni a la defensa de los aficionados. Más bien lo contrario.
Más o menos, este era el panorama que hemos tenido y sufrido. Pero estos dos grandes bloques ahora han desaparecido. El momento actual es otro bien distinto. Al grupo de aficionados y de prensa se ha unido también la presidencia de la plaza. Todo ha ido poco a poco. Ha habido años de transición y de verlos un poco despistados a los dos presidentes. Y también hemos tenido la oportunidad de habérselo dicho y criticado. Pero este año se ha visto un cambio considerable con el toro que ha salido a El Puerto. Al menos a mí me lo ha parecido. Un toro que desde luego no es todavía el que se debe lidiar, que tiene que ir a más, pero que sin duda va por el buen camino. Era lo que aficionados y prensa demandaba desde hacía años. Esta empresa parece menos reticente a sacar el toro con más volumen, con más trapío y con mejores defensas. Pero también hay que decir que esta apuesta por elevar al toro de presencia ha tenido el empujón final de los presidentes que han desechado muchos toros. Es por ello por lo que uno se sorprende al escuchar cosas como el follón que se monta en cada reconocimiento previo y se escandaliza porque hay baile de corrales. Si los hay, es porque hay alguien que está exigiendo. Y si hay alguien que exige algo mejor, debemos dejarlo actuar. No es posible que caigamos en la tentación de que como hay que aprobar las corridas para que sorteen a su hora, pues hay que tragar con todo. Me sorprendo cuando nos ponemos tan exigentes con los horarios de los sorteos mientras ya no lo somos tanto con el desmoche generalizado que sufre la Fiesta en general. Por poner un ejemplo. ¿Qué irá ocurriendo a partir de ahora? Pues que si el grado de importancia del toro se va elevando, el promedio de éxitos irá reduciéndose de forma irremisible. El toro íntegro hace más importante el espectáculo y el sobreesfuerzo de los toreros se debe de notar. Ahora bien, cuando ocurre algo importante, la trascendencia que tiene es infinitamente mayor. Debemos de trabajar todos para que llegue en día en el que un éxito en El Puerto tenga una repercusión extraordinaria de cara al exterior. Y esto sólo se alcanza a través del camino del toro y no si fulano o mengano cortó una oreja de más o de menos. Por eso no creo que debamos ser excesivamente pesimistas. Lo que sí debemos ser es consecuente con lo que queremos y lo que ello nos conlleva. Queremos una plaza de primera. Y eso significa que habrá habas contadas en cuanto a triunfos. Así ocurre en todas las plazas grandes. Soy de los que pienso que la Fiesta se salvara en tanto y en cuanto se cuide la pureza de la misma. Cuanto más nos convirtamos en gache, más posibilidades de que la plaza y el negocio acabe sin nadie. Esto, los taurinos no lo creen. Pero llegará el día en el que lo tengan que asumirlo. La prueba la tenemos en que las ferias que más y mejor funcionan son aquellas donde más se cuida el espectáculo. Pongo por ejemplo Santander, aunque se podrían citar muchas más. De una feria desconocida a ser la feria del mes de julio quitando a Pamplona. Esta es la única forma de llegar a ser la 2ª plaza de Andalucía. Ahora si quieren ustedes hablemos de Manzanares y su empaque. De Perera y el arrimón que se pegó o de las sensibilidades de una presidenta que, con buen criterio, no concedió la segunda oreja tan cacareada. Ahora hablemos de la corrida que quieran ustedes. Pero no perdamos el rumbo. Y es que El Puerto debe y tiene que seguir buscando su toro. Un toro limpio de pitones y con trapío de verdad. Que dé gusto venir a la plaza. Que el aficionado disfrute con un espectáculo serio de verdad y que los toreros también lo hagan pegándole unos cuantos de muletazos a un toro de verdad en una plaza de categoría. Sigamos trabajando por ello. Yo, como ya sabéis todos, me apunto a este carro. Y me bajo en cuanto sienta que nuestra Fiesta se convierte en un torbellino de sensiblería barata amenizada con novillos por toros para sacar el máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo. Para eso, están las plazas de talanqueras. El Puerto es algo más. Qué digo… El Puerto, es mucho más. . |
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